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Un blog diferente.

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jueves, 5 de junio de 2014

El jinete sin estrella.

Un jinete que se ha cansado de cabalgar avanza por el camino empedrado e irregular. Lleva la mirada cansada, los hombros caídos, el tronco inestable. Va dejando caer de a pocos los minutos en un reloj viejo. Su caballo negro, con una estrella blanca, lo lleva con paso paciente, decidido, pero irregular. Tropieza de cuando en cuando, resopla cuando tiene sed, revienta sus cascos contra las piedras y juega con su cabeza mientras parece tener una afición enfermiza por los abismos...

El jinete se cae del caballo: tiene una herida de guerra sin sanar. Ha luchado días y noches y ha sido derrotado, pero vive... porque los milagros existen, porque el soplo de expiración ha sido retenido para conseguir un último impulso. Él sabe que cuando todo parece perdido, es cuando más debe luchar... pero ya no tiene fuerzas, sólo huye, huye sin dejar de atacar, huye dejando trampas, porque jamás se deja de luchar...

La noche cae como amenaza y protectora, el cielo es su testigo y su verdugo... El jinete ve una luz que pretende seguir, pero no le alcanzan las fuerzas. De un mendrugo de pan, maltrecho durante el viaje, ha hecho, quizá, su última cena. Duerme a su suerte, duerme a la espera de nada... mientras la noche cae un poco más.

(continúa)

miércoles, 4 de junio de 2014

Campo de margaritas.

Esa tarde es solo una tarde, las margaritas no se despintan con el aire, el viento no puede deshojarlas. Ella está quieta mirándolas, contemplándolas fijamente, está inánime derramando lágrimas que caen luego a las margaritas y las riegan de su dolor, de ese dolor que del alma emerge, de ese dolor que del cuerpo escapa.
Sus manos le tiemblan y caen sobre un par de margaritas el papel arrugado, insignia de la cobardía, del hombre repugnante y pusilánime, ese hombre que hasta ahora ella ama, pero que no puede, no puede amar porque él ha hecho lo que ha querido, él se ha burlado, ha tirado por el suelo todo. Y es como si una terrible película se proyectara entre el charco de sus lágrimas que inundan sus ojos y se sucedieran las escenas con las margaritas al fondo.
La noche en que se apareció por primera vez en la puerta de su casa como un vendedor de pizza, ella estaba muerta de risa porque un atrevido repartidor había tenido el atrevimiento de entregarle una margarita. Todas las noches que sucedieron a ese particular antojo de pedir pizza siempre a la misma hora y de coleccionar margaritas del extraño repartidor que luego se lo encontró en la universidad y descubrió que era un becado estudioso, que pronto serían amigos. Es vez que él la invitó a salir y fueron al campo de margaritas donde ahora ella ahoga su dolor. Él le confesó que el mejor trabajo que había tenido era haber sido repartidor de margaritas. Cuando él le dijo que su rostro era más hermoso que todo un campo de margaritas. Cuando le sonreía de día y también cuando eran casi las cuatro de la tarde. Cuando le dejó una carta entre sus cuadernos. Cuando le confesó su amor. Cuando fueron ese día al parque de diversiones y ella descubrió que estaba irremediablemente enamorada. Cuando se dieron el primer beso y ella sujetaba una margarita entre sus mano que hasta ahora conserva. Cuando decidieron ser novios. Todas las veces que rieron juntos, que se tomaron de la mano, que se escuchaban hasta la saciedad –nunca saciada- los te amo. Cuando él entró al estudio de abogados más importante de la ciudad. Cuando cambiaron las salidas más simples a las más sofisticadas. Cuando entraban de la mano a un evento de sociedad. Cuando el amor se enfrió. La propuesta de matrimonio. Cuando el amor volvió a ilusionarla. Cuando se puso el vestido y ella imaginaba como se le ponían los ojos a él de verla tan hermosa. Cuando estaba entrando por la iglesia y él estaba al fondo.
Y de pronto la sucesión terminaba. La realidad la tocaba frío. Él no pudo con eso y se fue. Delante de todos él se fue. Y no se fue solo, se fue con otra. Con otra que ni siquiera ella conocía, ¿de dónde había salido? Cuando le dijo, perdóname. Cuando no podía perdonarlo. Cuando todas las margaritas se marchitaron y se volvieron un gran muladar de mentiras.
Sus ojos estaban inundados de dolor y ella sentía un terrible dolor en todo lo que podía componer eso que decían alma. Si pudiera describir ese momento ella le hubiera puesto igual el nombre de todas las margaritas.

Su vestido se veía como una mancha blanca en medio del blanco de las margaritas, con puntitos amarillos, el viento alzaba de cuando en cuando su vestido, era hermoso verla desde lejos sufriendo, llorando, intentando olvidar en el único lugar donde jamás podría olvidarlo. Darse media vuelta era renunciar al amor y ella no quería renunciar al amor, no podía. El amor le había renunciado y las margaritas eran como un consuelo de esos que se tienen cuando ya no queda nada ni la dignidad ni la historia, ni el amor ni la esperanza.

martes, 3 de junio de 2014

Invento

Todo acto de creación es en primer lugar un acto de destrucción.
Pablo Picasso

Digamos que existen dos tipos de mentes poéticas: una apta para inventar fábulas y otra dispuesta a creerlas.
Galileo Galilei

***

Invento

Enciende las luces
que te quiero ver
un cúmulo de recuerdos
una aguja en un pajar

Guía mis manos
quiero encontrar
tu voz, sonrisa, luz
esa particular forma de hacer

Quién puede ser ordenado
Quién se atreve
Descubrir universos de frases
El mar embravecido de palabras

La mente y el pensamiento
Olas y orillas
Una largo horizonte
Posibilidades infinitas

Imaginación
Orden aleatorio de recuerdos

Creatividad
Sinfonía de partículas

Intelecto
Expresión muda del alma

Una impresión lejana
que se acerca
el presentimiento
de darse cuenta

Algo viene
Algo que no se qué
Algo por hacer
Algo ¡qué hacer!

Luz y sombra
Sol y luna
Cielo y mar
Dicotomía eterna

Fluidez de mis ideas
y tiempo de espera
Inspiración de moléculas
Espiración de partículas

Encuentro lo que busco
En medio del desorden
Respiración de alivio
Expiración de inquietud

Mira lo que hice
Tu voz, sonrisa, luz
esa forma particular de hacer
que las cosas se renueven

En mi