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Un blog diferente.

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viernes, 25 de abril de 2014

Efecto Mariposa.

Paciencia. Eso es lo que busco, pido y necesito.
Las mariposas empolvadas que vuelan en mi bóveda cerebral quieren caprichosamente salir, brillar y tomar forma, reencarnándose por medio de la milagrosa tinta en garabatos coordinados –y muchas veces, sin sentido.

Mis pequeñas manos se mueven frenéticas, el inocente lapicero paga crímenes ajenos, ya que es vilmente martillado contra el escritorio. ¡No! mis mariposas no pueden materializarse en armonía, no sabe igual.  ¡No! no pueden ser analizadas por otro humano, no soportarían el torbellino que sus alitas multicolores desatarían.

Lo pienso mejor. Y tomo algunas hojas bulky, que es lo primero que encuentro y abunda por montones en mi aparador. Las ansias me consumen, y las obstinadas alevillas amenazan con secuestrar mi cabeza si es que no las libero pronto.

«El papel es más paciente que los hombres» recuerdo con alivio, Ana Frank me estaba aconsejando desde su Casa de atrás. Seguramente, ella también sentía las literarias mariposas rondar todo el tiempo por su mente; no hay cielo que las contenga, ni celda que las soporte.

Pero felizmente está el papel.
Los hombres no comprenden, se desesperan y son mezquinos con su tiempo. No hay paciencia para la metamorfosis de ideas, ni para oír sus aventurados vuelos, y tampoco para su anhelada migración.
¿Quién podrá abrazar a las libres mariposas? ¿Qué evitará su tan conocido “efecto”? Dice el proverbio chino: «El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo» ¡Otro consuelo!

Mis apolilladas ilaciones serán inmortalizadas, podrán cambiar el mundo, o al menos, el mío. El papel espera, aguarda y soporta.

Siempre esperará pacientemente el aleteo de las mariposas sobre él, y vivificará en cada retazo los efectos de su libre poder.

miércoles, 23 de abril de 2014

Unión Civil.

Se ha encendido un acalorado debate sobre la Unión Civil en el Perú. El objetivo de esta fórmula legal que pretende ser aprobada es que personas del mismo sexo puedan compartir derechos que hasta ahora solo les corresponde a las parejas reales y no a las imaginarias.

Por un lado los sectores libertinos han desencadenado una serie de manifestaciones para promover 'conciencia' en favor de las parejas del mismo sexo, desde todos los ángulos donde se ventile opinión hay propaganda pro unión civil. Se han modernizado tanto sus argumentos que no estar de acuerdo con este derecho (¿?) es casi cavernario y recalcitrante.

Por otro lado, los sectores más conservadores de la sociedad han lanzado una maquinaria de contra respuesta impresionante. Debido a que superan largamente en número y poder al grupo anterior, su influencia se hace sentir sin mucho esfuerzo, se ha configurado, en base a este tema, además, un juego de quién es más poderoso. Quién logra finalmente imponer su punto de vista sobre los demás.

Desde mi punto de vista, la unión civil no puede ser considerada de manera tan ridícula como un derecho. Para empezar, el nombre que se le pretende atribuir a la ley es demasiado sugerente y hasta es nauseabundo. Desde el fujimorismo han salido otras dos propuestas de ley que propondrían igualar en derechos a todos los ciudadanos del país sin miramientos de sexo -inclusive cuando las parejas sean de las reales, sí, hombre y mujer- para que estas uniones sean reconocidas civilmente sin necesidad de que exista matrimonio de por medio. ¿Con qué fines? Derechos civiles: herencia, patrimonio en común, seguros sociales y de protección patrimonial, etc.

Fernán Altuve ha declarado recientemente que lo que propone la Unión Civil es abiertamente discriminatorio, pero de la discriminación positiva, pues está en la búsqueda del privilegio. Y no se puede ceder en ese sentido, no se puede permitir, además, que esta ley sea una puerta que conduzca al mal llamado matrimonio gay. Este conjunto de aberraciones deben ser descartadas de plano.

Desde esta columna me pronuncio enérgicamente en contra de la Unión Civil, pero creo que el proyecto de Martha Chávez, muy moderado por cierto, debe ser revisado y analizado. Su propuesta es inclusiva y debe entenderse que así como no queremos dictaduras de mayorías, tampoco es justo crear un mecanismo de tiranía de las minorías. El Perú es un país laico, no es Sodoma, aún no lo es y todavía somos mayoría quienes creemos que podemos detener ese abominable proceso.

martes, 22 de abril de 2014

Hamuy, quiero aprender


El Pachachaca se veía grande, turbulento, un mensajero de gran ímpetu que avanzaba conforme a su ritmo y gallardía sobre las faldas de la Quebrada Honda. Recogí la maleta de colgaba en mi lado izquierdo desde mi hombro derecho y abrí el cierre, saqué con mucho cuidado mi cámara fotográfica y encuadré el río que se desliza por el camino trazado miles de años atrás y el puente que lo escolta. Luego... recordé.

***

Ernesto, es un joven que José conoció en su imaginación, o tal vez en un viaje a Abancay. No lo sé. Tal vez llega a ser el mismo en un reflejo de lo que le hubiera gustado ser. Lo seguro es que José estuvo donde estuvo Ernesto. conoció la cultura donde Ernesto se desenvolvió y simplemente (o aún más complejo) decidió contrastar aquellos dos mundos que conoció: el primero, con frases construidas en primera persona, con vestidos y creencias abiertas a aprender y con una alegría prestada que se albergaba en la costa; el segundo, con frases trabadas y llenas de misticismo, con vestidos y creencias sometidas a la imposibilidad cognitiva de ser contrapuestas a otra realidad y con una tristeza a cuestas pero en el fondo con emociones más intensas aprendidas en la niñez, incluso la alegría.

Conocer Abancay, a través de letras, es un paseo por los límites de mi imaginación. Me hubiera gustado estar en Abancay, mientras leía Los ríos profundos, aún más ir por los lugares que describe José, empezando en el Cuzco. Escuchar las campanas de La Compañia, de La María Angola, caminar por aquellos pasajes con paredes de piedras que daban la impresión de moverse, de estar en movimiento a pesar de estar inertes. El mundo desde la perpectiva de Ernesto se convierte en un paisaje de sensibilidad ante la realidad, de melancolía afirmada en el dolor de sus compañeros de espacio, a pesar de ser foráneo tenía mucha identificación con el pueblo donde conocía personas que le agradaban y que odiaba con todas sus fuerzas, enamorándose de las chicas tímidas y deteniendo el tiempo para escuchar el cantar del zumbayllu con sus ojos oscuros que se parecían a los de Salvinia, tal vez por respeto a su amigo no se enamoró de ella, aún así la protegía. Aprendí mucho y contuve mis piernas para no llegar a visitar algunos registros de la existencia de José. Aquel joven impetuoso que lucha por la igualdad, por una sociedad con sentido de respeto y responsabilidad, me identifiqué con él mientras leía su biografía, hasta que llegué al penúltimo párrafo. Tal vez la necesidad de cambiar el mundo en un chasquido y la negación de sus defendidos a querer cambiar lo llevar a entrar en angustia. Fue cuando supe que quiso mucho cambiar a bien su sociedad y logró solucionar aquella interrogante grande de por qué no quieren cambiar, si, lo logró. Escribió y hasta ahora vive. ¿Estaremos dispuestos a atender lo que quería comunicar?