He construido, al canto de mi plato, una palabra: tu nombre. Llego a
formar pequeñas oraciones, pequeños trozos de poemas que olvidaré con el
tiempo. Te he extrañado, tanto como no tienes idea.
Para
el invierno que se acerca y nos mira de soslayo, para hacerle frente,
he preparado una sopa de esas que disfrutamos tanto cuando nuestro calor
bastaba y nuestros versos improvisados se perdían entre sonrisas
coquetas y besos furtivos. He cargado una taza con alguna infusión para
calentarme un poco, he guardado un par de libretas donde se mantienen
sellados apuntes, cartas, notas, poemas, todos dirigidos hacia ti. Y
allí, el tazón, un plato con papas doradas, una taza, una libreta y yo
jugamos a recordar, jugamos a escribir toda una vida con letras débiles,
saladas, agradables...
Hola, Sara.
Una
vez más estoy sentado en el mismo lugar, junto a la ventana, mirando de
cuando en cuando a ver si apareces de repente. Todo este tiempo se
convierte en una etapa oscura, transitada de pensamientos nostalgicos y
angustiosos, y siento que se acortan los años cuando veo el espejo y me
veo solo.
Si algún día decides volver, no he cambiado nada, quizá
me ha crecido la barba, uso lentes de marco grueso y hablo de una forma
más pausada... pero te aseguro que no he cambiado nada.
Deseo
preguntar cómo te va, pero siento que eso me convierte en un atrevido.
Si respondes sabes por donde hacerlo, si no, sabes por donde no hacerlo.
¿Recuerdas
esas tardes en el barranco? Pues los cielos ya no son rojos, ahora se
han vuelto grises, creo que te extrañan, y aunque dijiste que volverías,
ni ellos ni yo soportamos la larga espera.
Sólo prométeme algo si
puedes: que me guardarás en tu caja fuerte, que nuestros cariños no se
perderán entre todo lo que se olvida, que nuestras promesas seguirán siendo
promesas... pero sobre todo, que tu sinceridad seguirá siendo tuya. Así
como tantas veces me dijiste de todo sin titubear, no titubees ahora
(porque sé que te sientes débil, como yo también me siento).
Sara...
no puedo completar esta carta, porque la comida se enfría y se
humedecen mis ojos. Así que así me despido, tanto tuyo como del aire. Escribo desde el rincón de
los trovadores silenciosos.
Julián
El
vaho que emite la sopa de letras huye hacia la ventana. Afuera llueve,
afuera suena un timbre, una voz, un llamado. Me llaman. Quizá has leído
mi nostalgia a distancia, quizá aún retengo algo de aire y tu retienes
algo de sol...
Mostrando las entradas con la etiqueta Julián Hache. Mostrar todas las entradas
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jueves, 8 de mayo de 2014
jueves, 1 de mayo de 2014
Albahaca
De la cocina emerge un vaho con conocimiento de causa. Desde la antesala, cruzando el pasillo penumbroso que guarda miradas de héroes del pasado enmarcados, llegamos hasta el sillón. Los platos son servidos uno por uno, las miradas rondan el espacio, miradas de ellos, de ella, de alguien ajeno.
Seducidos por el aroma nos disponemos todos, con servilleta atada al cuello y tenedor en mano, dando muestras de una forzada etiqueta. Comemos en cámara lenta, alzamos las narices, modulamos la voz y nos "empujamos" un tenedor con comida a la boca.
Albahaca. Esa es la forma de describir el momento, porque ya hemos dejado la etiqueta, hemos vuelto a nuestro origen, a nuestra naturaleza, a perseguir el gusto por las cosas simples y sencillas. Ahora somos verdes, fríos y salados. Recargamos los olfatos del mundo con nuestra aromática escritura, sólo apreciada por los conocedores...
Cuando volvemos al sillón, volvemos a lo nuestro, a las risas, a las ideas sueltas, a las ridiculeces, a la seriedad que no encaja. Somos salados, fríos y verdes. Muñecos de barro sin suerte, sin abrigo e inmaduros, perforando con una cuña el espacio que separa los mundos que, distintos, encierran mentes vacilantes. Y entre párrafos cortos y entre líneas, intentamos retratar una imagen dispersa de un ideal, de un presente y de un futuro...
Las miradas rondan el espacio, de ellos, de ella y mi mirada. Sonreímos una vez más y callamos un momento. Dejamos que nuestra esencia regrese a nosotros para partir. Estamos todos juntos cruzando el pasillo ensombrecido, el mismo que tiene prisioneras miradas de héroes del pasado, tenemos los dedos manchados y las mentes refrescadas... reposamos un momento.
De la cocina emerge un vaho con conocimiento de causa. Nos vamos con él. Nos fuimos.
Seducidos por el aroma nos disponemos todos, con servilleta atada al cuello y tenedor en mano, dando muestras de una forzada etiqueta. Comemos en cámara lenta, alzamos las narices, modulamos la voz y nos "empujamos" un tenedor con comida a la boca.
Albahaca. Esa es la forma de describir el momento, porque ya hemos dejado la etiqueta, hemos vuelto a nuestro origen, a nuestra naturaleza, a perseguir el gusto por las cosas simples y sencillas. Ahora somos verdes, fríos y salados. Recargamos los olfatos del mundo con nuestra aromática escritura, sólo apreciada por los conocedores...
Cuando volvemos al sillón, volvemos a lo nuestro, a las risas, a las ideas sueltas, a las ridiculeces, a la seriedad que no encaja. Somos salados, fríos y verdes. Muñecos de barro sin suerte, sin abrigo e inmaduros, perforando con una cuña el espacio que separa los mundos que, distintos, encierran mentes vacilantes. Y entre párrafos cortos y entre líneas, intentamos retratar una imagen dispersa de un ideal, de un presente y de un futuro...
Las miradas rondan el espacio, de ellos, de ella y mi mirada. Sonreímos una vez más y callamos un momento. Dejamos que nuestra esencia regrese a nosotros para partir. Estamos todos juntos cruzando el pasillo ensombrecido, el mismo que tiene prisioneras miradas de héroes del pasado, tenemos los dedos manchados y las mentes refrescadas... reposamos un momento.
De la cocina emerge un vaho con conocimiento de causa. Nos vamos con él. Nos fuimos.
jueves, 17 de abril de 2014
Sirieno
He dejado una luna atrás. Bermeja, como la sangre...
Caen gotas, una tras otra, alrededor de lo que llamo espacio, de lo que llamo círculo, y yo estoy en el medio. Esta es otra de esas ficciones que se crean mientras paso a paso formo un camino de baldosas quebradas.
Un arroyo me trae un aroma místico, el vivir y el sufrir se convierten en un dilema pragmático, errático, jerárquico que no tiene una solución aparente.
Cargo en la espalda una piedra, una perla gigante, un trozo de planeta, en ascenso hacia un "aquí" invisible. Cabalgo sobre el mundo con los ojos vendados, giro en derredor garboso, según el mundo. Se acaba el cielo, se acaba la tierra, se acaba la luna, nos acabamos todos.
Yo sigo siendo Julián. Desconocido, errante, perdido, ignorado. Sigo escribiendo en las mismas páginas que nadie lee, sigo jugando entre manchas de tinta que yacen resecas desde hace casi un año.
Ella me ha cargado de lunas, de pendientes, de cartas sin remitente. La he dejado atrás, y llueve...
Yo sigo siendo Julián, redundo en mí, porque sobre mí llueve, porque soy yo el que tropiezo al caminar paso a paso sobre baldosas quebradas, soy el que carga y avanza... soy el que escribe esclavo de su libertad, enemigo de su yo.
jueves, 10 de abril de 2014
Presente.
Me resigno a la noche, a sus palabras, a su negación y a sus suaves caricias sin significado. Me pierdo hoy entre copos de nieve de un invierno temprano y vientos ligeros de un otoño tardío.
Si me recuerdas, aún sigo esperando, pero cruzo el mar para huir de ti como un soldado cobarde. Toda señal que asumí, todo recuerdo que estampaste en mis mejillas y en mis labios, toda carta que llegó cuando empezaba a olvidarte... Todo está aquí conmigo. Lo llevo para perderme con ello en una inmensidad diferente.
Adiós...
Diré a tu oído, en un susurro, que no me queda más por hacer. Retomaré resuelto mi camino, te besaré una vez más y por última vez. Me llevaré mis miedos a otra parte, hasta perderlos por descuido y entonces, quizá, regresar para mostrarte que sigo siendo el mismo, pero diferente.
Pero no me voy...
Hoy, me resigno a quedarme. Porque tengo miedo a perderlo todo, aunque ya tenga todo perdido. Me resigno a intentar una y otra vez, a reinventar mis palabras mil veces hasta que puedan sonar dulces para ti, hasta que puedan mostrarte la realidad en que vive mi mente que te sueña, que tiembla, que busca en tus ojos una afirmación para no desistir... esa misma que tiene miedo, que aunque viese la puerta abierta esperaría afuera, que carga con sus ideas locas por todos lados, que se oculta entre la infinidad de nombres y declara lo que su esencia calla...
en silencio.
En resumen y con la mano en alto...
Hoy, sólo quiero decir que te quiero, que tengo miedo, que te espero. Hoy me voy. Hoy te quedas. Hoy puede ser nuestro último adiós, o nuestro primer final...
Si me recuerdas, aún sigo esperando, pero cruzo el mar para huir de ti como un soldado cobarde. Toda señal que asumí, todo recuerdo que estampaste en mis mejillas y en mis labios, toda carta que llegó cuando empezaba a olvidarte... Todo está aquí conmigo. Lo llevo para perderme con ello en una inmensidad diferente.
Adiós...
Diré a tu oído, en un susurro, que no me queda más por hacer. Retomaré resuelto mi camino, te besaré una vez más y por última vez. Me llevaré mis miedos a otra parte, hasta perderlos por descuido y entonces, quizá, regresar para mostrarte que sigo siendo el mismo, pero diferente.
Pero no me voy...
Hoy, me resigno a quedarme. Porque tengo miedo a perderlo todo, aunque ya tenga todo perdido. Me resigno a intentar una y otra vez, a reinventar mis palabras mil veces hasta que puedan sonar dulces para ti, hasta que puedan mostrarte la realidad en que vive mi mente que te sueña, que tiembla, que busca en tus ojos una afirmación para no desistir... esa misma que tiene miedo, que aunque viese la puerta abierta esperaría afuera, que carga con sus ideas locas por todos lados, que se oculta entre la infinidad de nombres y declara lo que su esencia calla...
en silencio.
En resumen y con la mano en alto...
Hoy, sólo quiero decir que te quiero, que tengo miedo, que te espero. Hoy me voy. Hoy te quedas. Hoy puede ser nuestro último adiós, o nuestro primer final...
jueves, 3 de abril de 2014
Trémolo
Cuando la luz se apaga...
cuando muere el sol,
cuando las flores dejan colgando sus cabezas, inertes, sin el romance que tuvieron alguna vez...
Cuando se apaga el amor.
Allá van sus ojos que tras nuevos cristales ven un mundo distinto. Los míos contemplan silenciosos la soledad, los míos se cierran y persiguen, tanteando, nueva luz.
Palomas han alzado el vuelo, ligeras, han alborotado las nubes. Es su ausencia ahora la que canta, la que invita a corazones amadores a sufrir por ella, pero no todo solitario sufre... eternamente.
Hago un conteo regresivo, la oscuridad no puede ser eterna. He adornado con luz artificial las ventanas de mis ojos, he ido un poco más allá para hacer un pacto con el olvido. Soy mendrugo de pan que orgulloso se pierde sin ser consumido. Y veo como sus ojos se alejan en lenta travesía, veo la soledad hambrienta merodear por los alrededores. La noche despliega un juego de colores, de esperanza, de vida.
Entre letras inconclusas empiezo a perder la ilación de mis pensamientos. Entonces los cristales rotos parecen acusarme de mi propia oscuridad, porque la luz está apagada, pero sigo viendo.
Y es que... allá se van sus ojos, se despiden con un beso, un beso indeleble y mortal.. y es que ya estoy muriendo..
Y la luz se apaga...
muere el sol,
las flores cuelgan sus cabezas, inertes, sin el romance que quizá nunca tuvieron...
Se apaga el amor.
cuando muere el sol,
cuando las flores dejan colgando sus cabezas, inertes, sin el romance que tuvieron alguna vez...
Cuando se apaga el amor.
Allá van sus ojos que tras nuevos cristales ven un mundo distinto. Los míos contemplan silenciosos la soledad, los míos se cierran y persiguen, tanteando, nueva luz.
Palomas han alzado el vuelo, ligeras, han alborotado las nubes. Es su ausencia ahora la que canta, la que invita a corazones amadores a sufrir por ella, pero no todo solitario sufre... eternamente.
Hago un conteo regresivo, la oscuridad no puede ser eterna. He adornado con luz artificial las ventanas de mis ojos, he ido un poco más allá para hacer un pacto con el olvido. Soy mendrugo de pan que orgulloso se pierde sin ser consumido. Y veo como sus ojos se alejan en lenta travesía, veo la soledad hambrienta merodear por los alrededores. La noche despliega un juego de colores, de esperanza, de vida.
Entre letras inconclusas empiezo a perder la ilación de mis pensamientos. Entonces los cristales rotos parecen acusarme de mi propia oscuridad, porque la luz está apagada, pero sigo viendo.
Y es que... allá se van sus ojos, se despiden con un beso, un beso indeleble y mortal.. y es que ya estoy muriendo..
Y la luz se apaga...
muere el sol,
las flores cuelgan sus cabezas, inertes, sin el romance que quizá nunca tuvieron...
Se apaga el amor.
jueves, 20 de marzo de 2014
Quiero escribirte una canción
Hoy quiero escribirte una canción, una que no sea famosa, pero que exprese lo suficiente para llegar a ti.
Quiero llegar a tus oídos, invadirlos, conquistar tus sueños y convertirme en parte de ellos... y todo eso de la manera más dulce. Quiero morir en tus labios, vivir en tus manos, y en tus caricias perderme y encontrarme con el amor.
Quiero olvidar los finales, adorar cada comienzo, cada alba, cada pequeño rayo que se asoma sobre las olas de nuestro mar sereno. Y sentarnos a oír la noche mientras estrellas se alejan para dar paso a las nuevas luces, a la luz de la mañana, esa luz que, tan similar a ti, revitaliza.
Quiero cantarte al oído, amarte en notas y en silencio, quebrar la escena y volver a nacer en tu corazón.
Que nada importe, que sigamos el ritmo de nuestras almas, amando con la voz, con los ojos...
Hoy quiero escribir una canción. Yace mi piano empolvado en algún rincón y yo garabateo en una hoja vieja. Trato de llegar hasta las inescrutables profundidades de la música, hacer algún pacto temporal con ella para vivir juntos ese instante de melodías y belleza, ese instante y nada más.
Atisbo una vez más fuera de casa para buscar un suspiro extraviado y comenzar todo con un silencio. Empezar en sol, por tu luz; empezar con un si, porque si apareces de repente es casi suficiente.
Pero es un tanto absurdo, ¿sabes?, tratar de forzar a la música a juntarse con la musa, mezclar agua con agua, mezclar amor con amor. No da nada distinto, pero da más.
Hoy quiero escribirte una canción que empiece contigo y termine en mi corazón...
Quiero llegar a tus oídos, invadirlos, conquistar tus sueños y convertirme en parte de ellos... y todo eso de la manera más dulce. Quiero morir en tus labios, vivir en tus manos, y en tus caricias perderme y encontrarme con el amor.
Quiero olvidar los finales, adorar cada comienzo, cada alba, cada pequeño rayo que se asoma sobre las olas de nuestro mar sereno. Y sentarnos a oír la noche mientras estrellas se alejan para dar paso a las nuevas luces, a la luz de la mañana, esa luz que, tan similar a ti, revitaliza.
Quiero cantarte al oído, amarte en notas y en silencio, quebrar la escena y volver a nacer en tu corazón.
Que nada importe, que sigamos el ritmo de nuestras almas, amando con la voz, con los ojos...
Hoy quiero escribir una canción. Yace mi piano empolvado en algún rincón y yo garabateo en una hoja vieja. Trato de llegar hasta las inescrutables profundidades de la música, hacer algún pacto temporal con ella para vivir juntos ese instante de melodías y belleza, ese instante y nada más.
Atisbo una vez más fuera de casa para buscar un suspiro extraviado y comenzar todo con un silencio. Empezar en sol, por tu luz; empezar con un si, porque si apareces de repente es casi suficiente.
Pero es un tanto absurdo, ¿sabes?, tratar de forzar a la música a juntarse con la musa, mezclar agua con agua, mezclar amor con amor. No da nada distinto, pero da más.
Hoy quiero escribirte una canción que empiece contigo y termine en mi corazón...
jueves, 13 de marzo de 2014
Lágrimas
De noche han caído lágrimas del cielo, frías, débiles y tristes. He sido viento que las ha llevado por el espacio nocturno y dentro de las líneas de la vida, que las ha dejado libres sobre tierra fértil en la que han sembrado un alma y han cultivado una razón.
Lágrimas que han llevado a cuestas el peso del mundo, que han amado hasta morir y han dejado su esencia en tierra que lleva los sueños con la corriente.
Ortodoxas lágrimas han cubierto las leyes de la vida y han callado razones, han desmoronado odios y traiciones, han enaltecido sacrificios y se han elevado hacia las alturas de lo desconocido. Esas mismas lágrimas, también, ha humedecido sonrisas y han despertado amor. Esas, nunca las mismas pero siempre ellas, han sido compañeras fugaces de pasiones y emociones.
... Y
Hoy caen por ti. Lloran tu despedida involuntaria, porque siempre ellas fueron las intrusas en nuestros temas de conversación y hoy te saludan. Y nosotros siempre criticábamos su existencia, la debilidad que evidenciaban en el hombre, la poca necesidad de ellas ante una vida claramente fugaz. Pero caen.
Porque te fuiste de repente, como siempre. Pero esta vez para siempre. Quizá la tormenta, quizá el tren, quizá tu siempre ocupada mente, llegaste hasta donde debías llegar para convertirte en parte de mí...
Hoy no estás... ya no más.
Caen algunas gotas, caen lágrimas del cielo, que está triste hoy. He sido viento que las ha traído junto a ti para saludarte.
Lágrimas que han llevado a cuestas el peso del mundo, que han amado hasta morir y han dejado su esencia en tierra que lleva los sueños con la corriente.
Ortodoxas lágrimas han cubierto las leyes de la vida y han callado razones, han desmoronado odios y traiciones, han enaltecido sacrificios y se han elevado hacia las alturas de lo desconocido. Esas mismas lágrimas, también, ha humedecido sonrisas y han despertado amor. Esas, nunca las mismas pero siempre ellas, han sido compañeras fugaces de pasiones y emociones.
... Y
Hoy caen por ti. Lloran tu despedida involuntaria, porque siempre ellas fueron las intrusas en nuestros temas de conversación y hoy te saludan. Y nosotros siempre criticábamos su existencia, la debilidad que evidenciaban en el hombre, la poca necesidad de ellas ante una vida claramente fugaz. Pero caen.
Porque te fuiste de repente, como siempre. Pero esta vez para siempre. Quizá la tormenta, quizá el tren, quizá tu siempre ocupada mente, llegaste hasta donde debías llegar para convertirte en parte de mí...
Hoy no estás... ya no más.
Caen algunas gotas, caen lágrimas del cielo, que está triste hoy. He sido viento que las ha traído junto a ti para saludarte.
jueves, 6 de marzo de 2014
Si preguntas...
Así somos los escritores, nos desvivimos en letras por amores que son y no serán. Cruzamos las avenidas de lo incierto y nos aferramos a las pasiones que forman parte de la vida.
Tú, yo, ella (tú, otra vez), formamos parte de historias insulsas, cuentos, leyendas, fábulas, y creamos nuestro libro rojo, donde caen los restos que quedan de los besos y abrazos que repetimos de memoria cuando la noche se vuelve sicaria del alma.
Entonces el libro con hojas vacías vuelve a abrirse, vuelvo a empaparme en tinta, para desvivirme en otra historia que terminará cuando no haya más líneas por marcar.
Así somos los escritores, nos desvivimos en letras, morimos de amor y por otros vicios, y vivimos por ellos. También cambiamos, nos aferramos a ideales, vivimos, soñamos y a veces nos perdemos para, tal vez, encontrarnos. Pero siempre estamos... llevando una pluma a cuestas y un cuaderno arrugado, a donde nadie quiere ver. Conversamos con el viento, actuamos en el teatro de la locura y remojamos en tinta el corazón para vivir y desvivir, una y otra vez, nuestra voz.
Y cuando el silencio reina, cuando los ojos caen, cuando el sereno se levanta y se apaga la voz...
los escritores soñamos, despiertos, y tomamos una vez más la pluma para volar
hacia ese amor que es
y no será.
Tú, yo, ella (tú, otra vez), formamos parte de historias insulsas, cuentos, leyendas, fábulas, y creamos nuestro libro rojo, donde caen los restos que quedan de los besos y abrazos que repetimos de memoria cuando la noche se vuelve sicaria del alma.
Entonces el libro con hojas vacías vuelve a abrirse, vuelvo a empaparme en tinta, para desvivirme en otra historia que terminará cuando no haya más líneas por marcar.
Así somos los escritores, nos desvivimos en letras, morimos de amor y por otros vicios, y vivimos por ellos. También cambiamos, nos aferramos a ideales, vivimos, soñamos y a veces nos perdemos para, tal vez, encontrarnos. Pero siempre estamos... llevando una pluma a cuestas y un cuaderno arrugado, a donde nadie quiere ver. Conversamos con el viento, actuamos en el teatro de la locura y remojamos en tinta el corazón para vivir y desvivir, una y otra vez, nuestra voz.
Y cuando el silencio reina, cuando los ojos caen, cuando el sereno se levanta y se apaga la voz...
los escritores soñamos, despiertos, y tomamos una vez más la pluma para volar
hacia ese amor que es
y no será.
jueves, 27 de febrero de 2014
La carta [2]
En este momento...
Entre la absurdidad de las palabras directas y poco pensadas que pintaban la carta que tengo ahora en manos vuelvo a fijarme en las de ella. Vuelvo a enfocar el anillo y dejo que mi corazón lata a sus anchas, el mundo se me ha hecho pequeño, homogéneo y embarrado en el color que solemos asignar al amor.
Y ella...
me mira de la misma forma en qué lo hizo, tantas veces, antes en ese ayer que ahora recordamos, ese que hoy nos roba una sonrisa, un te quiero, un abrazo y un beso. Una garúa ligera brota de nuestros ojos, la carta se humedece y no puedo permanecer más con ella si no quiero destruirla. Ella me mira otra vez, sonríe y me toma de la mano. Me toma con la mano que tiene el anillo.
Me ha susurrado en el oído: Somos invisibles.
Somos invisibles...
Y hemos borrado nuestro rastro. Somos ahora una historia, somos ahora una carta. Y mientras la ciudad se borra sigue allí testigo de la historia, el viento. Y duerme sobre una banca de madera vieja...
... la carta...
jueves, 20 de febrero de 2014
La carta [1]
Llevas dentro de ti mi esperanza, pasajera de un vagón desconocido, que sabes llevar bien. Hay un halo en el cielo, yo digo que es el mismo que alguna vez nos unió, cuando los días eran más claros y las noches eran tibias. Ahora vas colina arriba sentada en alguno de esos vagones rumbo a un lugar conforme a tus sueños... te vas... sin mí.
En tanto..
Has dejado el aroma de tus cabellos impregnado en mi cielo, cielo verde, verde que me deja cargada una esperanza, esperanza de que regreses, regreses. Pero has pasado ya tanto tiempo ausente y me he convertido en escritor. Y sucede que en una misma hoja te hablo de mil y un maneras y las palabras suelen trepar por una cuerda invisible hasta ti. Ignoro si me oyes, si me ves, si de vez en cuando aparezco en algún sueño siquiera como personaje secundario. Ignoro tanto de la realidad, pero sé tanto de ti... y tú sabes tanto de mí.
Hay un abismo que llora oscuridad, un barranco que nos extraña, una puesta de sol que pregunta por nosotros y a lo largo de la playa está tu nombre escrito, naciente de mis alegrías, alegrías que extraño.
...viajo sentado en alguno de los vagones, no sé si es el mismo en que estuviste tú cuando partiste. Afuera el cielo se tiñe de rojo, afuera todo muere en sacrificio por nosotros...
Las dudas se convierten en convicción, la apatía se transforma en ánimo, y paradero tras paradero estoy cada vez más cerca del destino. Tú.
Y llego...
Bajo cabizbajo, casi cerrando los ojos. Espero sorpresas, risas, llantos, besos y caricias miles. Entonces te veo a lo lejos, llevas el pelo de una forma diferente, tu mirada es ahora un poco seria pero sin perder aquella dulzura. Hoy, hablo de este momento, siento que el alma vuelve a mí, tú vuelves, no cabe en mi la alegría y quiero que el tiempo frene, que se detenga, que se haga tan extenso para tener el tiempo suficiente para decirte todo lo que le he contado a mis paredes y a mi almohada durante tu ausencia, que el tiempo se detenga y que tu mirada siga allí, sin llegar a escapar de su asombro conversando conmigo sin hablar...
Te acercas...
Bajo la mirada a tus manos y recuerdo tanto sólo en ellas. Pero bajo más la mirada... hay un aro en uno de tus dedos y acabas de destruir mi universo. No me atrevo a preguntarte nada porque todo es obvio... no tengo mucho por hacer...
"La carta". ¿Qué carta? "La carta que enviaste hace dos años, la tengo aquí. Me dijiste que era libre". Me siento peor. Lo que haya dicho entonces debí hacerlo en un instante de locura, de ausencia, pero ella sigue hablando, yo trato de no escucharla, no quiero escucharla pero dice de repente algo que refunde mi mundo, así es ella.
(continúa)
En tanto..
Has dejado el aroma de tus cabellos impregnado en mi cielo, cielo verde, verde que me deja cargada una esperanza, esperanza de que regreses, regreses. Pero has pasado ya tanto tiempo ausente y me he convertido en escritor. Y sucede que en una misma hoja te hablo de mil y un maneras y las palabras suelen trepar por una cuerda invisible hasta ti. Ignoro si me oyes, si me ves, si de vez en cuando aparezco en algún sueño siquiera como personaje secundario. Ignoro tanto de la realidad, pero sé tanto de ti... y tú sabes tanto de mí.
Hay un abismo que llora oscuridad, un barranco que nos extraña, una puesta de sol que pregunta por nosotros y a lo largo de la playa está tu nombre escrito, naciente de mis alegrías, alegrías que extraño.
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Hoy......viajo sentado en alguno de los vagones, no sé si es el mismo en que estuviste tú cuando partiste. Afuera el cielo se tiñe de rojo, afuera todo muere en sacrificio por nosotros...
Las dudas se convierten en convicción, la apatía se transforma en ánimo, y paradero tras paradero estoy cada vez más cerca del destino. Tú.
Y llego...
Bajo cabizbajo, casi cerrando los ojos. Espero sorpresas, risas, llantos, besos y caricias miles. Entonces te veo a lo lejos, llevas el pelo de una forma diferente, tu mirada es ahora un poco seria pero sin perder aquella dulzura. Hoy, hablo de este momento, siento que el alma vuelve a mí, tú vuelves, no cabe en mi la alegría y quiero que el tiempo frene, que se detenga, que se haga tan extenso para tener el tiempo suficiente para decirte todo lo que le he contado a mis paredes y a mi almohada durante tu ausencia, que el tiempo se detenga y que tu mirada siga allí, sin llegar a escapar de su asombro conversando conmigo sin hablar...
Te acercas...
Bajo la mirada a tus manos y recuerdo tanto sólo en ellas. Pero bajo más la mirada... hay un aro en uno de tus dedos y acabas de destruir mi universo. No me atrevo a preguntarte nada porque todo es obvio... no tengo mucho por hacer...
"La carta". ¿Qué carta? "La carta que enviaste hace dos años, la tengo aquí. Me dijiste que era libre". Me siento peor. Lo que haya dicho entonces debí hacerlo en un instante de locura, de ausencia, pero ella sigue hablando, yo trato de no escucharla, no quiero escucharla pero dice de repente algo que refunde mi mundo, así es ella.
"Y... aquí me tienes. Quiero casarme contigo".
La carta...(continúa)
jueves, 13 de febrero de 2014
Lighten
Hoy estamos soñando ligeros, como plumas que se elevan y descienden y se vuelven a elevar. Entre el oro que tus ojos dejan en el camino, paso como ladrón furtivo. Temeroso, sin tomar parte para mí.
Miras a través de mí, soy invisible. Mientras intento cruzar la línea que separa dos mundos y establecerme fuera de tu punto ciego, y tomar tu mano una vez más y para siempre.
Pero adiós días: desaparecen. El sueño(desaparece), tú(desapareces), yo.
Todo desaparece y reaparece intermitentemente entre luces de la misma naturaleza. Afuera todo sigue su ritmo, nosotros somos independientes, atados por la cuerda roja que significa al mismo tiempo amor y rebeldía.
Nuestra escena cargada pasiones guardadas y secretos a voces nos augura un futuro cercano agradable. Estamos tú y yo. Somos un par de haces que se han desviado de su fuente y ahora brillan por sí mismos. Soñamos.
Hoy estamos soñando ligeros. Te desprendes de mi mano y te elevas sola, yo me asiento y miro la realidad y grafico nuestra historia. Hoy soñamos ligeros, como energía dispersa, como vientos rebeldes. Me vuelvo a ti, a tu rostro, a tus manos, a ti. Dejo a un lado mi presencia para ser parte de la tuya, pero entonces la luz se enciende, a lo lejos, por sobre las montañas.
Hoy soñábamos ligeros, hoy despertamos pesados.
Miras a través de mí, soy invisible. Mientras intento cruzar la línea que separa dos mundos y establecerme fuera de tu punto ciego, y tomar tu mano una vez más y para siempre.
Pero adiós días: desaparecen. El sueño(desaparece), tú(desapareces), yo.
Todo desaparece y reaparece intermitentemente entre luces de la misma naturaleza. Afuera todo sigue su ritmo, nosotros somos independientes, atados por la cuerda roja que significa al mismo tiempo amor y rebeldía.
Nuestra escena cargada pasiones guardadas y secretos a voces nos augura un futuro cercano agradable. Estamos tú y yo. Somos un par de haces que se han desviado de su fuente y ahora brillan por sí mismos. Soñamos.
Hoy estamos soñando ligeros. Te desprendes de mi mano y te elevas sola, yo me asiento y miro la realidad y grafico nuestra historia. Hoy soñamos ligeros, como energía dispersa, como vientos rebeldes. Me vuelvo a ti, a tu rostro, a tus manos, a ti. Dejo a un lado mi presencia para ser parte de la tuya, pero entonces la luz se enciende, a lo lejos, por sobre las montañas.
Hoy soñábamos ligeros, hoy despertamos pesados.
jueves, 6 de febrero de 2014
A Lúcida [2]
2
Su voz, distante, dulce, hechizante, me habla desde el otro lado del muro. Hay en ella algo de mí. Yo soy parte de su identidad, y ella parte de la suya. Su ausencia es cada vez más eterna, su voz es cada vez más opaca al igual que su luz.
He dejado un par de rosas ante su puerta y una carta que dice: Adiós, hasta ayer. Sus palabras me vuelven a alcanzar, débiles esta vez y mi nombre no tan mío habla de ella cuando la noche se queda a solas conmigo.
Yo, sumido en un letargo sin conclusión aparente, parezco rezar alguna frase escrita en el cuaderno del olvido, y puedo ver su imagen, diáfana, que dice que volverá pronto, que lucha contra su oscuridad para recuperar su nombre.
El mar está quieto, azul, negro, nocturno. Debajo de sus aguas yace una promesa que brilla en el fondo. Una perla sin clasificación, una joya sin precio.
Es Lúcida, es ella. Se acerca a la superficie, me toma una vez más de la mano y me lleva en búsqueda de algún tesoro. Se mancha el mar con la tinta de sus labios, que estampan su amor en mi piel. Como prisionero resignado a la muerte, me olvido de todo y abandono mi cuerpo. Me ahogo. Vuelvo a ver sus cabellos por última vez para cerrarlos quizá eternamente. No parezco desesperado. No tengo miedo.
Su último susurro ha llegado hasta mí. De repente no hay mar, no hay cielo ni luna. De repente estoy encerrado en una prisión, un cuarto o un almacén. No tengo miedo. He empezado a soñar una vida en la que no la puedo encontrar.
jueves, 30 de enero de 2014
A Lúcida [1]
1
El alma ha esparcido muchos versos inútiles durante la historia. Versos que quizá nunca llegaron a su destino.
Páginas sueltas, cuadernos viejos, lágrimas que se decantaron aceitosas formando palabras azarosas que conforman una nueva forma de ver el mundo.
Allá ella, una luz bajo la noche, que me habla en un idioma simbólico, a la cual no respondo, ante la cual absorto llego a sumirme en el más profundo silencio. Ella me está mirando.
Sus cabellos sueltos no me alcanzan, sólo sus manos. Entonces todo toma sentido: los colores se pierden, las voces se apagan, las noches se encienden y al fondo de algún pasillo una mirada habla de sí misma.
He sido aprehendido por sus ojos, sus manos apenas me tocan, marcando mi rumbo, arruinando mi soledad. He querido hablar y me ha callado con sus palabras no dichas, he rozado sus mejillas y he perdido la noción del tiempo, he viajado al país de los eternos y poco a poco he abierto más los ojos, para soñarla, de manera más real como se continúan los sueños después de despierto.
Pero entonces la luz se va apagando lentamente, ella se va y me quedo en el limbo. Sus manos se alejan, sus horas también. Va quedando de ella un recuerdo agridulce y unas huellas que marcaron mi rumbo.
jueves, 23 de enero de 2014
Cartas a la una
Fecha desconocida
He dejado incontables cartas junto a tu ventana. Siempre he recibido la misma respuesta: tu indiferencia. Tus ojos, tus labios, tu sonrisa pequeña y dulce. Todo lo que conforma tu imagen ha quedado grabado dentro de mi alma, mecida entre el olvido y el adiós.
Dos años han transcurrido y permanecen cuasi-eternas las notas que dejaste pegadas en el espejo. Esas notas que me son mi luz y mi oscuridad. Mis manos, entonces atadas, han escrito aquellas incontables cartas para pagar su libertad. Pero sigo preso dentro de tu alma, mi indulgencia es sólo un mero formalismo que nunca tendrá valor.
Pasa...
La locura de tu risa, tus manos cálidas junto a las mías, tus abrazos y tu voz. Estos forman parte de una utopía que me debilita poco a poco. Y todo es menos que un recuerdo, es tan sólo una imagen obscurecida por el tiempo. Mi decisión está tomada. No diré más. Si me dices que me vaya, me voy, me perderé entre la nada, pero regresaré (no por ti). Regresaré cuando las luchas de mi alma hayan cesado, cuando muerto mi combatiente pueda verte a través de los cristales de tu puerta una vez más siendo tú una más en la ciudad.
------------------------------------------------------------------------------
Fecha desconocida
He vuelto como prometí hace algún tiempo, tiempo que he olvidado. He visto a través de los cristales de tu puerta, pero no estás.
Tu ausencia ahora sí es definitiva y me he quedado sin mucho que decir...
Es probable que sea la última carta, es probable que no. Nunca se está seguro de ello. Probablemente te molesta el lenguaje que utilizo, mis palabras rebuscadas, mi manera tan complicada de decir las cosas. Pero resulta, a veces, ser la manera más fácil para mí.
Gracias...
Así libre... te doy las gracias.
-----------------------------------------------------------------------------
No importa la fecha, nunca importó.
Ésta es la carta que jamás te llegó. Ésta fue la última.
Han transcurrido días tormentosos, la naturaleza parece haberse empecinado con nuestra historia. Una historia que tiene apariencia trágica con final feliz.
Siempre la nostalgia se ha derramado en tinta sobre mis hojas, alguna vez me dijiste que eso era lo que te gustaba. Y, pues, algunos desconfiamos de nuestra capacidad de llegar a algún corazón y siempre traté de evitarla, pero ahora parece que las cosas podrían hacer sido distintas de haber... Pero no fue así, y es mejor.
Lo malo es que ahora que escribo con mi sangre, con el alma, (justo ahora) sonriendo parezco estar muriendo y que mientras te olvido parezco estar extrañandote a muerte.
No diré mentiras, tampoco verdades. Pero si alguna vez te extraño me levantaré y caminaré; si no, iré tras el rumbo que alguna vez abandoné... ese que te invité a seguir bajo el menguante de aquel día cuya fecha no recuerdo.
Adiós. Siempre fui yo.
He dejado incontables cartas junto a tu ventana. Siempre he recibido la misma respuesta: tu indiferencia. Tus ojos, tus labios, tu sonrisa pequeña y dulce. Todo lo que conforma tu imagen ha quedado grabado dentro de mi alma, mecida entre el olvido y el adiós.
Dos años han transcurrido y permanecen cuasi-eternas las notas que dejaste pegadas en el espejo. Esas notas que me son mi luz y mi oscuridad. Mis manos, entonces atadas, han escrito aquellas incontables cartas para pagar su libertad. Pero sigo preso dentro de tu alma, mi indulgencia es sólo un mero formalismo que nunca tendrá valor.
Pasa...
La locura de tu risa, tus manos cálidas junto a las mías, tus abrazos y tu voz. Estos forman parte de una utopía que me debilita poco a poco. Y todo es menos que un recuerdo, es tan sólo una imagen obscurecida por el tiempo. Mi decisión está tomada. No diré más. Si me dices que me vaya, me voy, me perderé entre la nada, pero regresaré (no por ti). Regresaré cuando las luchas de mi alma hayan cesado, cuando muerto mi combatiente pueda verte a través de los cristales de tu puerta una vez más siendo tú una más en la ciudad.
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Fecha desconocida
He vuelto como prometí hace algún tiempo, tiempo que he olvidado. He visto a través de los cristales de tu puerta, pero no estás.
Tu ausencia ahora sí es definitiva y me he quedado sin mucho que decir...
Es probable que sea la última carta, es probable que no. Nunca se está seguro de ello. Probablemente te molesta el lenguaje que utilizo, mis palabras rebuscadas, mi manera tan complicada de decir las cosas. Pero resulta, a veces, ser la manera más fácil para mí.
Gracias...
Así libre... te doy las gracias.
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No importa la fecha, nunca importó.
Ésta es la carta que jamás te llegó. Ésta fue la última.
Han transcurrido días tormentosos, la naturaleza parece haberse empecinado con nuestra historia. Una historia que tiene apariencia trágica con final feliz.
Siempre la nostalgia se ha derramado en tinta sobre mis hojas, alguna vez me dijiste que eso era lo que te gustaba. Y, pues, algunos desconfiamos de nuestra capacidad de llegar a algún corazón y siempre traté de evitarla, pero ahora parece que las cosas podrían hacer sido distintas de haber... Pero no fue así, y es mejor.
Lo malo es que ahora que escribo con mi sangre, con el alma, (justo ahora) sonriendo parezco estar muriendo y que mientras te olvido parezco estar extrañandote a muerte.
No diré mentiras, tampoco verdades. Pero si alguna vez te extraño me levantaré y caminaré; si no, iré tras el rumbo que alguna vez abandoné... ese que te invité a seguir bajo el menguante de aquel día cuya fecha no recuerdo.
Adiós. Siempre fui yo.
jueves, 16 de enero de 2014
El tren que nos separa
El tren avanza a una velocidad casi constante, el cielo clarea. No hay mucha gente en las calles ni hay muchos testigos en el tren.
Estamos sentados los dos juntos y hablamos sobre algún tema inespecífico. Ella toma mi mano de vez en cuando con cariño y me mira y ríe. Parecemos dos niños jugando al amor, parecemos dos locos hablando sobre la vida.
Pero ella es mi mundo, se está convirtiendo en él. Y en silencio a veces le digo las cosas que el temor reprime, entonces ella me sonríe y me pregunta si estoy bien, si tengo fiebre, y vuelve a reír. Solamente sonrío y la amo más...
Los paraderos pasan uno tras otro, ella recuesta su cabeza sobre mi hombro, y pretendo estar muy tranquilo, pero desvarío y si hablase en ese momento ella lo notaría al instante. Sin embargo, yo sé lo que ella sabe, pero no creo que lo imagine. Pues ambos seguimos de alguna manera errantes: Ella quiere conocer el amor y yo creo conocerlo en teoría aunque realmente poco sé.
Sus cariños llegan como la lluvia, en el momento en que la naturaleza los considera oportunos, y se me muestra clara y me pregunta los porqués de la vida y yo no respondo. Me quedo callado aunque quisiera decirle mucho, tanto, que ella no imagina lo que yo imagino cuando la veo sonreírme de esa manera.
En algún momento tengo que bajar del tren. Camino solo: ella no vendrá conmigo. Sonríe, me abraza y me alejo sin voltear. Y el día avanza, pero cómo quisiera que ese momento fuera eterno. Cómo quisiera que conozca el amor conmigo aunque sea en teoría y no con él...
Estamos sentados los dos juntos y hablamos sobre algún tema inespecífico. Ella toma mi mano de vez en cuando con cariño y me mira y ríe. Parecemos dos niños jugando al amor, parecemos dos locos hablando sobre la vida.
Pero ella es mi mundo, se está convirtiendo en él. Y en silencio a veces le digo las cosas que el temor reprime, entonces ella me sonríe y me pregunta si estoy bien, si tengo fiebre, y vuelve a reír. Solamente sonrío y la amo más...
Los paraderos pasan uno tras otro, ella recuesta su cabeza sobre mi hombro, y pretendo estar muy tranquilo, pero desvarío y si hablase en ese momento ella lo notaría al instante. Sin embargo, yo sé lo que ella sabe, pero no creo que lo imagine. Pues ambos seguimos de alguna manera errantes: Ella quiere conocer el amor y yo creo conocerlo en teoría aunque realmente poco sé.
Sus cariños llegan como la lluvia, en el momento en que la naturaleza los considera oportunos, y se me muestra clara y me pregunta los porqués de la vida y yo no respondo. Me quedo callado aunque quisiera decirle mucho, tanto, que ella no imagina lo que yo imagino cuando la veo sonreírme de esa manera.
En algún momento tengo que bajar del tren. Camino solo: ella no vendrá conmigo. Sonríe, me abraza y me alejo sin voltear. Y el día avanza, pero cómo quisiera que ese momento fuera eterno. Cómo quisiera que conozca el amor conmigo aunque sea en teoría y no con él...
jueves, 7 de noviembre de 2013
Pieza 3
Pero ella y yo somos de corazones distantes,
huraños, inestables.
Su luz es, a veces, mi oscuridad
y yo
jugando entre cortinas blancas
me convierto en su ciego predilecto.
En el salón su voz se escucha en notas
de un piano viejo,
mi pintura se desliza en el fondo del alma
que se tiñe de rojo
de amor y de dulzura.
Mientras se aleja lentamente
una ilusión,
una canción,
y estrellas
que me miraron alguna vez
para hablarme de noches
serenas, en el mar
de los recuerdos.
Por ello somos de corazones distantes,
su sonrisa es, a veces, mi tristeza
y yo
jugando entre cortinas blancas
soy un ciego menos y un loco más.
jueves, 31 de octubre de 2013
Pieza 2
Entre sueños y milagros la he imaginado,
tal vez tanto más cuando en soledad
las nubes, en forma de historias, bajaban
para envolverme, para cegarme
y abrir una de las tantas puertas que trajeron
mi paz.
Guerras que se libraron
entre corazones y que hoy tal vez
respiran
azul a mar, azul amar,
por aquí y por allá en mundos distantes
y en las arenas
y van borrándose nuestras huellas, en las mismas playas,
y nuestras preguntas se alejan con el oleaje.
Y con las ansias de un niño
busco nuevamente su rostro...
Se derritió el invierno
y cupidos ansiosos alzaron el vuelo.
Como dueña de nuestras vidas
la primavera tiñó de verde nuestras grises ciudades,
calmó los vientos y calentó nuestras cabezas.
He vuelto a envolverme en nubes
para sentir la misma paz,
pero ella no está allí...
Sólo hay un ciego que juega entre cortinas blancas.
jueves, 17 de octubre de 2013
Pieza 1
El cielo cayó a pedazos un día,
durante una tarde de ausencia prolongada.
El mar, la tierra, los azules matices del cielo
se desarmaron ante el pardo de sus ojos.
Murió la flor,
renunció la noche,
y entre largas horas, la vida de a pocos
se convirtió en un rompecabezas de piezas infinitas.
Fue cayendo del cielo un disco dorado,
el amor invadió el espacio
en su rojo romántico.
Se enamoró el mar del cielo
y en horas de soledad sus ojos pardos se escondieron
y su cuerpo se unió a la mar.
jueves, 10 de octubre de 2013
Habitación
Te has convertido en parte esencial de mi existencia. Eres una imagen cargada de mucho más que recuerdos y rosas marchitas. Una sola imagen que parece el libro de texto de la vida que nunca leí, que debí leer antes de lanzarme a la práctica.
En medio de música suave e infantil recuerdo, sin arrepentirme, el pasado.
Tal vez mañana, tal vez mañana. Quizá una sola palabra o un pequeño conjunto de ellas puedan significar mucho en algún otro momento futuro. Desarmado en medio de una guerra sin sentido, agito una lanza ajena para pedir ayuda, corro y me embarro en medio de tanta... tanto desperdicio. Sólo tal vez alguien grita, tal vez alguien también pide ayuda, mientras yo estrujo un pequeño conjunto de palabras que me permiten aún respirar y sentir que vivo.
Ella ha partido con auroras y se ha escondido junto a las estrellas. Mi armadura de caballero errante yace chamuscada en alguna esquina de una tierra de nadie y, quizá, mía. Sus ojos se llevaron en un adiós feliz mis últimos suspiros, el cielo azul y violeta otra vez invadió mis pupilas y la luz acompañada del trémolo de las hojas llegó hasta mi oscura habitación.
Mi habitación desierta suspira en soledad, los recuerdos han viajado a tierras de violetas, flores del olvido, que hoy florecen para ella... la que ya no está.
jueves, 26 de septiembre de 2013
Létrida
Recorto letras que pego,
luego, en un lienzo de color
verde y sobre un cartón
que exuda frases tenues
de una antiquísima canción.
Mis palabras se limitan,
limitadas éstas son.
Las palabras son arcilla
que moldeo al dulce son
de los ritmos del corazón,
tan risueño y juguetón.
De los bordes líneas blancas
han guiado mi pasar
tijeresco y preciso
de cortante caminar.
Fondos rojos son las vidas;
color sangre, el corazón.
Verde, azul, celeste, negro,
el naranja, y el marrón:
En colores la vida se refracta,
la razón se envuelve entre cortinas de seda
y el nacer de un nuevo día
hace cantar a algún corazón corazón.
luego, en un lienzo de color
verde y sobre un cartón
que exuda frases tenues
de una antiquísima canción.
Mis palabras se limitan,
limitadas éstas son.
Las palabras son arcilla
que moldeo al dulce son
de los ritmos del corazón,
tan risueño y juguetón.
De los bordes líneas blancas
han guiado mi pasar
tijeresco y preciso
de cortante caminar.
Fondos rojos son las vidas;
color sangre, el corazón.
Verde, azul, celeste, negro,
el naranja, y el marrón:
En colores la vida se refracta,
la razón se envuelve entre cortinas de seda
y el nacer de un nuevo día
hace cantar a algún corazón corazón.
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