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Un blog diferente.

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viernes, 14 de febrero de 2014

Catorce

Y pensar que hace un año exactamente yo era El grinch de estas festividades populares y excesivamente románticas. Obvio, como toda mujer me encantan las sorpresas, los detalles y cualquier manifestación de cariño; es mi sensible y femenina naturaleza. Sin embargo, creo que es mejor expresarnos día a día, es decir, no necesitar de las dichosas fechas calendario, o feriados largos –e incluso cumpleaños–, para recién preocuparnos por hacer sentir especiales a las personas de nuestro alrededor.

Es raro, o al menos, para mí lo es.

Las tarjetas de felicitaciones se venden como pan caliente, los parques sobrepoblados de enamorados; y ni que decir de los pintorescos colores que caracterizan la fecha. No es que me desagrade que se celebre el Día del amor y la amistad, sino la intención de querer encerrar en un solo día del año, la desbordante profundidad que tienen estos sentimientos.
Como mencione anteriormente, hace un año con precisión, solía ser mucho más tajante con este asunto; no salía, no gustaba del deseo de saludar a las personas con un “feliz día”, no miraba a este día como uno especial en todo el año y la semana.

Mi perspectiva cambió, pero solo de lente.
Ahora si digo, “feliz catorce”, pero lo digo cada mes del año y en muchos momentos del día. Ese número se ha convertido en el recordatorio de que el amor aumenta, crece y que todo el tiempo pasado solo es una paciente inversión en la felicidad venidera. 
Coincide, si lo sé, en este mes de febrero con el empalagoso día de los enamorados; lo cierto, es que yo no necesito solo un día. 
Puedo estar enamorada los trescientos sesenta y cinco días del año, sin discriminar ni un solo día, y felizmente, lo estoy.

¡Feliz catorce! 

jueves, 13 de febrero de 2014

Lighten

Hoy estamos soñando ligeros, como plumas que se elevan y descienden y se vuelven a elevar. Entre el oro que tus ojos dejan en el camino, paso como ladrón furtivo. Temeroso, sin tomar parte para mí.
Miras a través de mí, soy invisible. Mientras intento cruzar la línea que separa dos mundos y establecerme fuera de tu punto ciego, y tomar tu mano una vez más y para siempre.
Pero adiós días: desaparecen. El sueño(desaparece), tú(desapareces), yo.

Todo desaparece y reaparece intermitentemente entre luces de la misma naturaleza. Afuera todo sigue su ritmo, nosotros somos independientes, atados por la cuerda roja que significa al mismo tiempo amor y rebeldía.
Nuestra escena cargada pasiones guardadas y secretos a voces nos augura un futuro cercano agradable. Estamos tú y yo. Somos un par de haces que se han desviado de su fuente y ahora brillan por sí mismos. Soñamos.

Hoy estamos soñando ligeros. Te desprendes de mi mano y te elevas sola, yo me asiento y miro la realidad y grafico nuestra historia. Hoy soñamos ligeros, como energía dispersa, como vientos rebeldes. Me vuelvo a ti, a tu rostro, a tus manos, a ti. Dejo a un lado mi presencia para ser parte de la tuya, pero entonces la luz se enciende, a lo lejos, por sobre las montañas.

Hoy soñábamos ligeros, hoy despertamos pesados.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Ya no suenan las palmas ni las risas.

Saliendo de la habitación ya no había nadie afuera, ni siquiera los que le habían acompañado antes cuando los tiempos eran buenos y no como los que ahora se vivían. Ni un saludo afuera, los tribunales no se comparaban con las lujosas mesas servidas en los mejores lugares del mundo, sitios a los que ningún peruano común hubiera podido llegar si no hubiera sido por esa apertura que él mismo inició. 

En este país el éxito está condenado, todos son una bola de débiles mentales, debí matarlos cuando pude. Se dijo mientras intentaba lucir a pesar de todo, digno como solía serlo y con el pecho inflado, estaba bien peinado y la sonrisa no debía de faltar. Esta vez ya no tenía ningún asesor de imagen, solo un triste abogado que él figuraba perfectamente como un oportunista que succionaría hasta el último centavo de la plata que alguna vez llegó solo. Así es cuando tienes poder. Poder, esa miserable palabra, tan frágil y fugaz. 

Bajó los brazos lo máximo que podía, él que siempre tenía empuñado algún pañuelo, estaba vez las esposas le impedían extender los brazos para recibir las arengas y energías de ese pueblo ingrato que gritaba histérico su nombre y el del partido, esa muchedumbre que hoy le exige la cárcel.

¿¡Cárcel, por qué!? Es que aquí se esfuerzan por verse lo más tontos que se pueda, es un esfuerzo único y mayoritario, único, potente, incomparable. Mientras más tontos se vean, mejor se sienten. En ningún otro país del mundo esta porquería podría suceder, pero este es país rojiblanco que alienta con fervor y pasión el único deporte en el que su desempeño es notablemente malo y vergonzoso, y al mismo tiempo gira la cabeza y olvida a los que afuera se llevan los oro. Por eso todos los que sí valen la pena se van afuera. Y si se quedan, son egoístas y exitosos empresarios, claro, pensar en los demás de verdad aquí no sirve. Aquí no. 

En Chile se deben estar retorciendo de la risa. Siempre es así. El espectáculo de la vergüenza que damos. Ahora aquí me tienen, masa de inútiles, de fracasados, ¿de qué se jactan, comunistas asquerosos? ¿¡Ah!?

Cuando fui presidente debí acabar con toda esa gente. Pero yo sí creía en la democracia. Hay que ser muy estúpido para creer que no iba a beneficiarme, cualquiera lo hubiera hecho, ¿tú no lo harías? ¿Saben algo? Todos lo harían, tú también. Lo que te hace un buen estadista, hombre de estado, es lo que haces por tu pueblo, por tu gente, las oportunidades que les das, las puertas que les abres, la menor dependencia que les creas al estado que siempre buscará su beneficio porque todos lo hacen. Tú lo haces.

Solo que todos exigen y exigen y nadie quiere dar, nadie quiere cumplir. Tienen la mente revolcada al marxismo, pero son tan brutos que ni se han dado cuenta. Con la porquería que consumen no se podía esperar algo mejor, es lo malo de la democracia, que la gente elige y la gente no sabe elegir. Nunca sabrá elegir.

Le damos el poder de elegir los destinos de un país y de su gente a la mayoría. Y la mayoría siempre piensa como un asno colectivizado.

Sí, enfóquenme, tiren el flash con todas sus fuerzas, dispárenme; ni enmarrocado ni tras barrotes ni en la misma miseria, ni nada de lo que hagan, miserables, borrará la historia. Nada de lo que hagan la cambiará. Ustedes son más, sí, por eso son comunistas. Pero nosotros somos mejores.

Hagan el show que se les dé la gana, yo ya les gané desde el momento en que nací, fui mejor desde mi concepción. Sí, pues, tengo un ego colosal, sí, pues, ¿y a ustedes qué les importa? 

Pero volveré y me volverán a aplaudir y volverán a salir las palmas, las palomas, los pañuelos, el criollismo y la victoria. Porque nunca morimos, nunca. En el dolor, hermanos.

lunes, 10 de febrero de 2014

En pie de lucha

Hace una semana (2 de febrero) se celebraba el día mundial de la lucha contra el cáncer. De manera que hoy me he decido compartirles sobre mi lucha contra él.

Pudo haber sido un lunes, que suele ser el que trae las malas noticias, pero no. No recuerdo exactamente si fue jueves o martes, pero no fue lunes. Ese día regresaba del hospital exahusto trayendo la noticia a cuestas. Escrita en papel, en dialecto médico, la conclusión era sencilla y sin adornos. Jamás supe cómo se sintió, sin embargo rogué al Cielo que haya estado preparado ese momento en que tuvo que enfrentarse con la verdad.

Poco a poco fui recapitulando en mi mente cómo es que llegamos a ese momento. Un dolor extraño, un diagnóstico apresurado, una cirugía menor, algo no salió bien. Parece que hemos encontrado algo más, haremos un chequeo para descartar. Sabe, hemos encontrado algo que nos genera cierta duda, esto nos ayudará a confirmar. Señor, tiene cáncer.

No puedo imaginar cómo es que mi padre regresó con la sonrisa, inquebrantable, de siempre ese día pero eso me animó a creer en que no todo tiene que ser del modo en que se espera que sea.

Siguió el tratamiento con la minuciosidad que aprendió de pequeño cuando mi abuela cuidaba de él y sus hermanos. Y, aunque hubieron momentos en que parecía ya no poder seguir, gracias a Dios, tenía a su familia, nosotros, para darle apoyo.

Al culminar con el tratamiento comprendí que sus emociones eran puestas a prueba más frecuentemente de lo que a mi parecer había visto. Confiado en Dios aprendió a depender de Él sin dudar. Y a dejar su futuro en sus manos.

La lucha contra el cáncer empieza desde mucho antes que te diagnostiquen, empieza desde la prevención. El desarrollo y mantenimiento de hábitos saludables y la apreciación y disfrute de los mismos que nos permitirá ver el futuro de un modo más optimista y plausible.

No dejes de luchar, nunca te rindas.

Bendiciones.

Je suis timide

    Puedo interpretar por tu silencio que estás escuchándome. No sé lo que piensas, te observo, pero no logro concebir más que algunas ideas vagas. Estoy con la vestimenta inadecuada o no sé pronunciar las palabras. Tú me estás observando, y en un momento creo estar sudando. Busco una salida sin querer escapar del momento. ¡Qué problema el estar así! Escucho el latir de mi corazón, o el tuyo, o es el latir de mi cabeza a punto de estallar. Tus ojos brillan y yo estoy como hipnotizado. Es mi problema, el hablar con el sexo opuesto. No he sentido en ningún momento ese tartamuedo, esa excesiva sudoración, ese temblor de manos, o esa tremenda torpeza con que suelen ilustrarnos a nosotros los tímidos: soy tan normal como los demás. Pero no sabes cuánto lucho por dentro, tratando de escoger las palabras adecuadas para no ser mirado como un loco, escapando de cualquier invasión a mi «territorio». Curiosamente tomaste la iniciativa, yo quise huir pero fue muy tarde. Es algo así como haber esperado mucho tiempo para un momento así, haber leído tantos libros y artículos sobre cómo impresionar a alguien, cómo hablar naturalmente, y no estar listo (o peor, querer escapar).
     Se terminó el tiempo. He dejado de hablar y, al parecer, has entendido perfectamente la nulidad de mi razonamiento. Sólo te atreves a sonreír, o burlarte, por las tonterías que terminé por decir. Curiosamente, para variar, tienen que llegar tus padres. Ahora si estoy entrando a la etapa más damática de mi vida. Tú estás tan natural; yo quiero que la tierra me devore entero. Instintivamente me despido y creo sentir un alivio profundo...duró muy poco, o casi nada. Tu padre me mira fijamente, tu madre también, tú también y yo miro mi mano en la tuya. «¿No te sabes despedir?». Si antes me había sentido mal, ésta era mi evaporación total, una explosión en mi cabeza. Esta vez pude comprobar todas las exageraciones con que nos imitan en un par de segundos: tartamudeé para decir una simple palabra, me tropecé conmigo mismo, empecé a traspirar y mis manos empezaron a temblar. Pude escapar, pero sentí haber vivido una completa pesadilla.
    Quizá no notaron mi torpeza, o quizá sí lo debieron hacer al descubrir que había olvidado mi mochila.