viernes, 14 de febrero de 2014
Catorce
jueves, 13 de febrero de 2014
Lighten
Miras a través de mí, soy invisible. Mientras intento cruzar la línea que separa dos mundos y establecerme fuera de tu punto ciego, y tomar tu mano una vez más y para siempre.
Pero adiós días: desaparecen. El sueño(desaparece), tú(desapareces), yo.
Todo desaparece y reaparece intermitentemente entre luces de la misma naturaleza. Afuera todo sigue su ritmo, nosotros somos independientes, atados por la cuerda roja que significa al mismo tiempo amor y rebeldía.
Nuestra escena cargada pasiones guardadas y secretos a voces nos augura un futuro cercano agradable. Estamos tú y yo. Somos un par de haces que se han desviado de su fuente y ahora brillan por sí mismos. Soñamos.
Hoy estamos soñando ligeros. Te desprendes de mi mano y te elevas sola, yo me asiento y miro la realidad y grafico nuestra historia. Hoy soñamos ligeros, como energía dispersa, como vientos rebeldes. Me vuelvo a ti, a tu rostro, a tus manos, a ti. Dejo a un lado mi presencia para ser parte de la tuya, pero entonces la luz se enciende, a lo lejos, por sobre las montañas.
Hoy soñábamos ligeros, hoy despertamos pesados.
miércoles, 12 de febrero de 2014
Ya no suenan las palmas ni las risas.
lunes, 10 de febrero de 2014
En pie de lucha
Hace una semana (2 de febrero) se celebraba el día mundial de la lucha contra el cáncer. De manera que hoy me he decido compartirles sobre mi lucha contra él.
Pudo haber sido un lunes, que suele ser el que trae las malas noticias, pero no. No recuerdo exactamente si fue jueves o martes, pero no fue lunes. Ese día regresaba del hospital exahusto trayendo la noticia a cuestas. Escrita en papel, en dialecto médico, la conclusión era sencilla y sin adornos. Jamás supe cómo se sintió, sin embargo rogué al Cielo que haya estado preparado ese momento en que tuvo que enfrentarse con la verdad.
Poco a poco fui recapitulando en mi mente cómo es que llegamos a ese momento. Un dolor extraño, un diagnóstico apresurado, una cirugía menor, algo no salió bien. Parece que hemos encontrado algo más, haremos un chequeo para descartar. Sabe, hemos encontrado algo que nos genera cierta duda, esto nos ayudará a confirmar. Señor, tiene cáncer.
No puedo imaginar cómo es que mi padre regresó con la sonrisa, inquebrantable, de siempre ese día pero eso me animó a creer en que no todo tiene que ser del modo en que se espera que sea.
Siguió el tratamiento con la minuciosidad que aprendió de pequeño cuando mi abuela cuidaba de él y sus hermanos. Y, aunque hubieron momentos en que parecía ya no poder seguir, gracias a Dios, tenía a su familia, nosotros, para darle apoyo.
Al culminar con el tratamiento comprendí que sus emociones eran puestas a prueba más frecuentemente de lo que a mi parecer había visto. Confiado en Dios aprendió a depender de Él sin dudar. Y a dejar su futuro en sus manos.
La lucha contra el cáncer empieza desde mucho antes que te diagnostiquen, empieza desde la prevención. El desarrollo y mantenimiento de hábitos saludables y la apreciación y disfrute de los mismos que nos permitirá ver el futuro de un modo más optimista y plausible.
No dejes de luchar, nunca te rindas.
Bendiciones.
Je suis timide
Se terminó el tiempo. He dejado de hablar y, al parecer, has entendido perfectamente la nulidad de mi razonamiento. Sólo te atreves a sonreír, o burlarte, por las tonterías que terminé por decir. Curiosamente, para variar, tienen que llegar tus padres. Ahora si estoy entrando a la etapa más damática de mi vida. Tú estás tan natural; yo quiero que la tierra me devore entero. Instintivamente me despido y creo sentir un alivio profundo...duró muy poco, o casi nada. Tu padre me mira fijamente, tu madre también, tú también y yo miro mi mano en la tuya. «¿No te sabes despedir?». Si antes me había sentido mal, ésta era mi evaporación total, una explosión en mi cabeza. Esta vez pude comprobar todas las exageraciones con que nos imitan en un par de segundos: tartamudeé para decir una simple palabra, me tropecé conmigo mismo, empecé a traspirar y mis manos empezaron a temblar. Pude escapar, pero sentí haber vivido una completa pesadilla.
Quizá no notaron mi torpeza, o quizá sí lo debieron hacer al descubrir que había olvidado mi mochila.