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Un blog diferente.

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martes, 6 de mayo de 2014

Diego

Diego, hubiera querido llamarse así. Lamentablemente sus padres no lo decidieron de ese modo. No lo conozco mucho pero en lo poco que lo conozco pude deducir al que creo que es necesario conocer en estos tiempo de luchas perdidas.
Diego nació en situaciones difíciles, la cicatriz en su brazo y su mirada semiprofunda y esquiva son reflejo de aquello. Lo que me cuenta le hizo madurar de forma abrupta, en el afán por sobrevivir al entorno sus capacidades física y mentales se adaptaron al continuo desconfiar y el estar alerta a defender su territorio físico o mental. He ahí la razón de sus resistencias al momento de indagar un poco más sobre su vida.
Noto su interés en ser genuino pero también en no narrar mucho de sí por evitar vulnerabilizarse. Hablamos de sus aficiones, no tardo mucho en reconocer que el fútbol es su terapia y adicción al mismo tiempo.
Diego, sueña ser como los grandes futbolistas y antes de dejar de soñar recuerda que tiene otras prioridades. Otras necesidades de dinero, autoestima, reconocimiento y apoyo familiar que se superponen al sueño de jugar en un club grande y ser famoso.
"Quiero lo mejor para mi familia y creo que debo esforzarme porque ellos se están sacrificando por mi y sé que puedo apoyar también con mi trabajo".
Sus palabras engloban interés por dejar de seguir el camino que los jóvenes de su entorno siguen fácilmente, el conformismo. No. Diego busca el cambio a pesar de su corta edad.
"¿Tal vez la muerte pronta de su padre lo llevo a reflexionar respecto a ello?" Me pregunto como queriendo buscar un hilo conductor entre los factores de riesgo predominantes en su entorno y su decisión de cambio, su resiliencia. No puedo darme una respuesta, pues aún no tengo los medio para interpretar lo que sus creencias y actitud le dictan. Las comunidades vandálicas tienen su orden singular y estan basados en la confianza que pueden ver en ti.
Diego es temperamental, deshabituado al orden, mentiroso quizás, un poco rebelde, por ahí se le han de escapar algunas lisuras cuando intentan reclamarle algo. Pero su determinación me hace confiar que está preparado y dispuesto a frustrarse, chocarse una vez más con la realidad y luego levantarse, avanzar hacia el cambio sólo por conseguir su sueño. El intenta describir aquello que lo impulsa a buscar un status quo distinto y más favorable para el bienestar familiar. Ese sueño es el que sigue anhelando y que compartirá en algún tiempo con sus hijos, narrará en secreto a las estrellas antes de dormir y que añorará cada vez que toque el balón en una pichanga.

martes, 29 de abril de 2014

Todavía

Estuvo lejos y escribí Quisiera quedarme con tu presencia
Después de un tiempo leí este poema

Todavía de Mario Benedetti

No lo creo todavía 
estás llegando a mi lado 
y la noche es un puñado 
de estrellas y de alegría 

palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo

tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto

nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa

sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía

pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro

y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido

y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más
todavía.


Disculpen que no haya podido ampliar mis comentarios. Para la siguiente semana espero compensarlo. Relean el poema para disfrutarlo mejor.

martes, 22 de abril de 2014

Hamuy, quiero aprender


El Pachachaca se veía grande, turbulento, un mensajero de gran ímpetu que avanzaba conforme a su ritmo y gallardía sobre las faldas de la Quebrada Honda. Recogí la maleta de colgaba en mi lado izquierdo desde mi hombro derecho y abrí el cierre, saqué con mucho cuidado mi cámara fotográfica y encuadré el río que se desliza por el camino trazado miles de años atrás y el puente que lo escolta. Luego... recordé.

***

Ernesto, es un joven que José conoció en su imaginación, o tal vez en un viaje a Abancay. No lo sé. Tal vez llega a ser el mismo en un reflejo de lo que le hubiera gustado ser. Lo seguro es que José estuvo donde estuvo Ernesto. conoció la cultura donde Ernesto se desenvolvió y simplemente (o aún más complejo) decidió contrastar aquellos dos mundos que conoció: el primero, con frases construidas en primera persona, con vestidos y creencias abiertas a aprender y con una alegría prestada que se albergaba en la costa; el segundo, con frases trabadas y llenas de misticismo, con vestidos y creencias sometidas a la imposibilidad cognitiva de ser contrapuestas a otra realidad y con una tristeza a cuestas pero en el fondo con emociones más intensas aprendidas en la niñez, incluso la alegría.

Conocer Abancay, a través de letras, es un paseo por los límites de mi imaginación. Me hubiera gustado estar en Abancay, mientras leía Los ríos profundos, aún más ir por los lugares que describe José, empezando en el Cuzco. Escuchar las campanas de La Compañia, de La María Angola, caminar por aquellos pasajes con paredes de piedras que daban la impresión de moverse, de estar en movimiento a pesar de estar inertes. El mundo desde la perpectiva de Ernesto se convierte en un paisaje de sensibilidad ante la realidad, de melancolía afirmada en el dolor de sus compañeros de espacio, a pesar de ser foráneo tenía mucha identificación con el pueblo donde conocía personas que le agradaban y que odiaba con todas sus fuerzas, enamorándose de las chicas tímidas y deteniendo el tiempo para escuchar el cantar del zumbayllu con sus ojos oscuros que se parecían a los de Salvinia, tal vez por respeto a su amigo no se enamoró de ella, aún así la protegía. Aprendí mucho y contuve mis piernas para no llegar a visitar algunos registros de la existencia de José. Aquel joven impetuoso que lucha por la igualdad, por una sociedad con sentido de respeto y responsabilidad, me identifiqué con él mientras leía su biografía, hasta que llegué al penúltimo párrafo. Tal vez la necesidad de cambiar el mundo en un chasquido y la negación de sus defendidos a querer cambiar lo llevar a entrar en angustia. Fue cuando supe que quiso mucho cambiar a bien su sociedad y logró solucionar aquella interrogante grande de por qué no quieren cambiar, si, lo logró. Escribió y hasta ahora vive. ¿Estaremos dispuestos a atender lo que quería comunicar?

lunes, 7 de abril de 2014

Palabra

Palabra
Mancha en el papel
Un contraste perfecto
Un trazo resaltante
Juego de forma y figura
Palabra
Eco resonante
En mis oidos cada vez
Juego de compases
En sonidos y silencios
Palabra
Gesto inconcluso
En los recintos de la mente
Intenciones abultadas
En frases acartonadas
Palabra
Un idioma código
Entre tu y yo
Un secreto
Dentro de uno mayor
Palabra
Te digo algo
Me entiendes eso
Me respondes tanto
Te comprendo esto
Palabra
Vida abstracta
Parámetro colectivo
Conjugados conjuguemos
Comprendemos y aprendemos
Palabra
Una traducción
Una emoción
Un razonamiento
Una producción
Palabra
Escúchate a ti mismo
Léete a ti mismo
Entiéndete a ti mismo
Redunda en tí mismo
¿Qué me quieres decir?

martes, 1 de abril de 2014

¿Napoleón?

Recogí las sombras de la esquina de mi dormitorio, las escondí en el lugar más oscuro que encontré, mi bolsillo.
Encendí la luz que entraba por la ventana, y saludé al sol que pintado sobre el cielo me miraba.
No quise mirar al espejo pues mi sabía que mi rostro cambiaría, no era yo y presentía que no me encontraría en otra habitación igual a la mía pero dispuesta a lo opuesto.
Las sombras quisieron salir, mis ojos atraparon la luz, la interpretaban como color, ese era yo, o simplemente mi mente.

El sonido de mis pisadas hacía eco en el pasillo afuera de la habitación, sentía que no habían parlantes escondidos detrás de las paredes y la pileta en el patio principal era sólo un agradable video en una pantalla plasma que cubría todo cuanto podía detrás de las columnas barrocas del edificio donde me encontraba.

Mis vestiduras blancas me hacen acordar aquella historia de cuando estuve en la luna, caminando con pasos de hombre pensando que daba pasos largos y lentos con poca gravedad, era yo, lo presentía, desde ahí pude observar cómo se creaba el universo primario, de una planta, de un algarrobo, único en su especie, único en su larga conversación con el mar.

En la mañana lo recuerdo, sonreí a las estrellas pues sabía que vendrían a saludarme, las madrugué, suelo ser muy listo con ellas.

El doctor vino esta mañana, me saludo también y quiso saber si aún seguía viendo esas luces en la pared, lo que el no sabe es que aquella pared está pintada de cielo y a veces cuando estoy triste llueve y cuando termina de llover sale el arco iris, tampoco sabe sobre las nubes que caminan por el techo ni sobre los pajarillos que cantan de mañana.

La enfermera es muy bonita, ella no quiere saludarme y yo por eso prefiero mirarla, de lejitos no más para que no se dé cuenta. Ella está construida de finas sedas traídas de la india, por eso cuando sonríe no tiene arrugas, en cambio el doctor, el está manufacturado en una país cercano, creo que lo trajeron de contrabando.

La he llamado Josefina, porque me suelen llamar Napoleón. Pero yo se quien soy, yo soy quien sabe que es lo que piensan los demás, no soy Napoleón, pues el murió hace tiempo. Sólo les hago creer que soy Napoleón para que piensen que me gusta Josefina, espero que algún día sepa quien soy y ya no sólo me quiera por mi dinero sino por lo que soy. Le he escrito  muchas cartas, ella las lee a escondidas, incluso se las muestra a sus amigas. Yo sé que algún día me enseñará la entrada secreta a este edificio, para poder salir y escapar de esta caverna de Platón.

Mis ojos me pesan, debe ser aquella piedrita blanca y lisa que me da Josefina para olvidarme que puedo saber los pensamientos de los demás, pero pocas veces me convence de lo contrario. Es tiempo de dormir. Gracias por leerme, ahora tus ojos saben un secreto y no se lo cuentes a nadie. Cerraré mis ojos y se acabará la película, saldrás del cine y saludarás a tus amigos, preguntándote si seguirás tu camino o decidirás cambiar de ruta.

martes, 25 de febrero de 2014

Réquiem

Hoy sufro por mis hermanos
Hermanos de otros padres
Hijos de los hermanos de mis padres
Y de los padres de mis padres
Hoy sufro por mis hermanos
Que no viven con la sangre en las venas
Que se inyectaron sangre sin color
Que durmieron su lucidez
Hoy sufro por mis hermanos
Que obstinados al cambio
Luchan por una causa sin razón
Razón que perdieron cuando olvidaron nuestro legado
Hoy sufro por mis hermanos
Que cegados por su percepción
Se olvidaron de ver el horizonte
De mirar que tenían a sus hermanos a su lado
Hoy sufro por mis hermanos
Que pensaron en  razas, ideologías y fronteras
Que no aceptan las diferencias
Que regresan cada vez mas seguido a la indiferencia
Hoy sufro por mis hermanos
Que sufren a causa de ellos
Lamentan haber confiado en ellos
Ya no creen más en la Hermandad
Hoy sufro por mis hermanos
Que mueren, pierden y lloran
Por los que dictan, ríen y matan
Por los que absortos de tanta crueldad, solo miran
Sufro por todos
Por mi
Por ti
Por ellos
Insapientes de lo que viene
Echados al olvido de nuestros propios recuerdos
Haciendo memorias vanas
Dibujando olvidos en papel
Oro por mis hermanos
Porque la esperanza no se pierde a sí misma
Porque el silencio no se calla todavía
Porque la Vida aún sigue palpitando
Oro por mis hermanos
Porque no se rinden ante el desasosiego
Porque seguimos juntos aún respirando
Porque que hay mucho por hacer
Oro por mis hermanos
Porque saben que la muerte da sentido a la Vida
Porque saben que la hora mas oscura es antes del amanecer
Porque nunca dudan que hay Alguien que promete salvar
Oro por mis hermanos
Porque pueden recoger sus pisadas
Porque pueden enmendar sus decisiones
Porque pueden decir: "Lo siento, no hice bien, no puedo más"
Hoy sufro y oro por mis hermanos
Que no saben a donde ir
Que no entienden porqué estan aquí
Que no comprenden a dónde irán
Hoy sufro y oro por mi
Hoy sufro y oro por tí
Hoy sufro y oro por ellos
Hoy sufro y oro por todos

martes, 18 de febrero de 2014

Un día contigo

Despierto y acaricio tus cabellos
Cabellos rociados de rayos solares
Observo tus párpados soñando
Tu silencio activo
Abro las cortinas de mis ojos
Dejo entrar tu luz con un beso
Es aún madrugada para nosotros
Que el dia nos encuentre cantando
"Por la mañana, oh Señor
Elevo a ti mi voz
A tu buen nombre doy loor
Con gratitud mi Dios"
Y nuestras voces, una vez más
Juntas, amanecen con el sol
Recordamos las voces que se nos unían
Años atrás, completando la armonía
César
Valiente, obstinado, madrugador
Llegaba sin pantuflas
Alegraba con su cantar
A veces no paraba de hablar
Diana
Esforzada, distraida, ejemplar
Nos traía entre sueños
Biblia e himnario
Para empezar a meditar
Sergio
Incansable, dormilón, risueño
Abrazado a su almohada
Abría los ojos a la mitad
Sonreía a la eternidad
Los extrañamos, lo sé
Aprendimos con ellos a vivir
Entre risas, llanto y esperanza
Momentos que hoy, nos traen nostalgia
Sus risas infantiles
Llenando los recintos de la casa
Su miradas tristes
Cuando la corrección se acercaba
Sus abrazos suaves antes de salir
A la escuela, colegio, universidad,
Trabajo y familia por formar
Los extrañamos, lo sé
Las comidas, sazonadas con amor
Nutren nuestro hogar
Nuestros pequeños disfrutaban al ayudar
Entretenidos, juntos, dando calor al hogar
Las tardes en el parque
O de paseo por la ciudad
Cada día aprovechando el tiempo
Apreciando lo que tenemos
Esforzándonos para no claudicar
Apoyándonos para triunfar
Cada día contigo
Aquí y ahora contigo
Mi bendición divina
Para ésta, mi vida
En el ocaso de nuestro vivir
Satisfechos del quehacer
Los logros alcanzados
Sueños hechos realidad
Hoy, al igual que cada día
Y disculpa la osadía
Quisiera preguntarle si quería
ser mi enamorada, amiga mía

lunes, 10 de febrero de 2014

En pie de lucha

Hace una semana (2 de febrero) se celebraba el día mundial de la lucha contra el cáncer. De manera que hoy me he decido compartirles sobre mi lucha contra él.

Pudo haber sido un lunes, que suele ser el que trae las malas noticias, pero no. No recuerdo exactamente si fue jueves o martes, pero no fue lunes. Ese día regresaba del hospital exahusto trayendo la noticia a cuestas. Escrita en papel, en dialecto médico, la conclusión era sencilla y sin adornos. Jamás supe cómo se sintió, sin embargo rogué al Cielo que haya estado preparado ese momento en que tuvo que enfrentarse con la verdad.

Poco a poco fui recapitulando en mi mente cómo es que llegamos a ese momento. Un dolor extraño, un diagnóstico apresurado, una cirugía menor, algo no salió bien. Parece que hemos encontrado algo más, haremos un chequeo para descartar. Sabe, hemos encontrado algo que nos genera cierta duda, esto nos ayudará a confirmar. Señor, tiene cáncer.

No puedo imaginar cómo es que mi padre regresó con la sonrisa, inquebrantable, de siempre ese día pero eso me animó a creer en que no todo tiene que ser del modo en que se espera que sea.

Siguió el tratamiento con la minuciosidad que aprendió de pequeño cuando mi abuela cuidaba de él y sus hermanos. Y, aunque hubieron momentos en que parecía ya no poder seguir, gracias a Dios, tenía a su familia, nosotros, para darle apoyo.

Al culminar con el tratamiento comprendí que sus emociones eran puestas a prueba más frecuentemente de lo que a mi parecer había visto. Confiado en Dios aprendió a depender de Él sin dudar. Y a dejar su futuro en sus manos.

La lucha contra el cáncer empieza desde mucho antes que te diagnostiquen, empieza desde la prevención. El desarrollo y mantenimiento de hábitos saludables y la apreciación y disfrute de los mismos que nos permitirá ver el futuro de un modo más optimista y plausible.

No dejes de luchar, nunca te rindas.

Bendiciones.

martes, 4 de febrero de 2014

El lado positivo del fracaso - I

Hola amigo
Te escribo hoy desde el claroscuro de mi lucidez. Desde este insomnio de mediodía que no me dejó dormir la noche que pasó. Una desazón terrible, un ahogo sin agua. Ese nudo indesatable en la garganta. Si, lo sé. Tu ganaste. Y no te estoy escribiendo para reclamar que tu victoria pudo ser injusta, es más, te escribo para felicitarte porque aún a pesar de que haya hecho todo cuanto sea posible para hacerte fallar. Tu ganaste. Y no lo digo con malicia, ni sarcasmo. Lo trato de decir desde lo más profundo de mi juicio sobrio.
Sabrás entonces lo que pasó después de la última vez que nos enfrentamos.  Sabrás que no pude soportar la derrota. Sabrás que tuve que huir de mi casa pues no podría acercarme ni a mi esposa ni a mis hijos después de eso. Sabrás que no se supo nada de mi después de cuatro meses. Y ¿sabes qué? Regresé después de que me fui con la única esperanza de volverte a encontrar y vencerte. Pero ya era demasiado tarde. Ya no estabas más en el vicio. Así lo llamámabamos ¿recuerdas? Estábamos conscientes de que era eso para nosotros y que nos gustaba seguir jugando porque ese era nuestro medio para salir, para escapar de las responsabilidades de ser alguien. Si, ser alguien. Todavía las palabras de mi padre resuenan en mi cabeza. Tienes que ser alguien. Lo odiaba.
Como siempre tu estabas un paso antes que yo. Y ya lo habías superado. Yo no tenía con quién competir ya más. Así que, sin saberlo, ya me habías ganado una vez más. Escapé, huí otra vez y para siempre. Los policias me ubicaron y me encuentras acá. Escribiendo esta carta para estar tranquilo con mi conciencia. Para ya no buscarte la pelea una vez mas. Para dejar de ser ese sujeto y convertirme en alguien. Como mi padre, nuestro padre quería.
Y te digo amigo porque hermano ya no calza. Estoy diez años tarde de ser tu hermano. Menos aún, de ser el hermano mayor. Tu pareces serlo antes que yo. Amigo, te pido perdón aún sabiendo que ya lo haz hecho. Porque así eres tú, así te encontré a mi regreso, así me dijiste cuando conversamos la última vez y no lo entendí.
Te escribo desde este lugar donde me tienen para ya no hacer daño a nadie más, inclusive a mi. Y parece que está funcionando.  Tu me dijiste que funcionaría, amigo, mi hermano.  Y si. Está funcionando. He decido reconstruir mi vida, recuperar a mi familia y volver a ser YO. Quien quise ser cuando jugábamos que éramos pilotos de carreras. Airton Senna, Nikki Lauda y los hermanos Javier y Darío Gómez se enfrentan en la carrera definitiva. El titular de nuestros periódicos.
Dentro de unos meses iré a visitarte. A pesar de que tu ganaste aquella vez. Hoy he dedicido ganar YO. Y no contra tí, sino contra este deseo que controla mi voluntad de hacer lo bueno para todos y me obliga a buscar lo bueno sólo para mi. Creo que ahora te entiendo mejor cuando me decías que me perdonabas y que querías que yo me calme y qur necesita ba perdonar me también. Sin embargo, creo que es mejor tarde que nunca para darse cuenta de esto.
Gracias y espero que nos encontremos pronto. Me logré comunicar con Fabiana. El médico me ayudó a ubicarla. Me dijo que me dejaría ver a los niños en cuanto pueda salir de acá y que conversaríamos sobre lo que me pasó. Ojalá nuestra relación mejore. No deseo que se estropee todo de nuevo por culpa de su familia. Perdón. Se que no debo culpar a nadie y ser más indulgente con su familia pues yo también me equivoqué. Pero es algo que aún no logro controlar. En fin, el doctor me ha dicho que ya estoy cerca de controlarlo y que me hace bien escribir todo lo que pienso. Bueno, después de ver a los niños iré a verlos a ustedes y para ese rato espero ya estar mas controlado de la cabeza y que me hayas perdonado. Amigo.
Con aprecio.
Javier

martes, 28 de enero de 2014

Marina, puños cerrados

Marina, puños cerrados
Bella princesa de un reino sin tierra
Un territorio de superficie irregular
Universo de vaivenes, agua y sal
Marina, ojos exploradores
Ven pronto, pues, las olas te esperan
La arena, un solar con sombra
Y el susurrante mar
Marina, nariz pequeña
Mira, es nuestro amigo, el mar
Nos acompaña siempre, nos cuenta su cantar
Escucha, sus historias, aventuras sin edad
Marina, pies juguetones
Entiérralos en la arena, juega con ella
Mira hacia el  fondo, el Sol.
Hacia allá va el mar
Marina, oídos atentos
Dicen que el que mucho se despide
Es el porque no se quiere ir
Pues así son las olas
Nos dejan y nos recuerdan, regresan.
Marina, puños cerrados
Ya es momento de que los abras
Así como esta carta.
Léeme, brisa mía.
Soy Luna, a tu lado estoy.

martes, 21 de enero de 2014

Hache Dos O

Un fresco refresco
Una sombra que asombra
Una luz a contraluz
La transparencia de su esencia
El beso sin sabor que sabe bien
Fruto de los nevados
Un contenido incontenible
De pureza soluble
Un silencio que no calla
En las caidas a las riveras
Suaves, tormentosas, miniaturas
Solaz, un susurro, ulular
Risas de niños
Juegos sencillos
Un cantar, picnic, sol
Campiña, reunión y canción
El molino monótono
Cadencia en su danza
Fuerza en cada nodo
Rueda rodante, vas
Un pozo rebozante
De bajadas y subidas
Fuente de historias
De aventuras domésticas
Lugares sin fin
Luz de luna
Canción de cuna
Destino baladí
Lluvia, no te derritas
Horizonte, no te acerques
Llevame al mar
A vivir, a nadar, a llover otra vez

martes, 14 de enero de 2014

Yuyanapaq

Primero de Noviembre del Dos Mil Once

Ayer, después de tanto tiempo me dí un tiempo para visitar el Museo de la Nación. Un lugar donde disfruto mucho, por el silencio y por la información que guarda dispuesta a ser atendida y aprehendida. Caminar como mínimo unas dos horas observando hitos que perduran en el tiempo para contar historias. Cerámicas, retablos, lienzos, libros, fotografías, cada objeto es importante para evocar memorias de historias que no conocimos.

Nací a fines de la década de los ochenta, recuerdo vagamente el terror que se vivía en el Perú por ese entonces, las noticias de atentados eran borrosas frente a programas de televisión en blanco y negro que intentaban alegrar al público ya mermado de llanto y dolor en la situación política y social que impedía al Perú desarrollarse en educación y en economía. Las conversaciones de preocupación de los adultos no era oculta, sin embargo el brillo de juguetes de plástico o de un algodón de azúcar hacían que mi atención se dispersara. Abrí mis ojos a la realidad peruana durante el gobierno de Fujimori, donde aparentemente las cosas estaban más estables. Sin embargo, las noticias en la televisión sobre atentados y luchas antiterroristas, la imagen de un hombre de barba con polo y pantalón a rayas detrás de unas rejas caminando de un lado a otro levantando la mano izquierda se habían quedado grabadas en mi memoria infantil y sabía de una situación difícil que tuvo que vivir el Perú. Recuerdo la historia que contaban mis padres sobre la travesía para regresar a casa, pues estabamos de viaje de vacaciones, qué tuvimos que hacer cuando el inti cambió a nuevo sol. 

Escuchar hablar a personas sobre el dolor de huir de sus tierras para llegar a Lima, escapando del terrorismo donde la mejor opción que podías tomar era quedar callado para que ni los miliares, ni los terroristas, te hagan algo. Fotos de personas haciendo colas para conseguir alimentos, toques de queda, juicios donde lo que menos se practicaba era la justicia, todo grabado como un mal sueño, borroso.

La exposición Yuyanapaq, me enseñó a valorar lo que realmente fue ese episodio de terror para el Perú y de los estragos que todavía se siguen sin solucionar en esta época. El inicio de la "guerra armada" se localizó mucho tiempo antes de que se declarara, como cualquier pleito las heridas se empiezan a marcar cuando los malentendidos y el desconocimiento de la total situación empujan a tomar decisiones erróneas, impulsadas por la emoción negativa de sentirse denigrado y buscar venganza. La brechas sociales que diferencian a una personas de otra hace que las emociones basadas en la frustración impiden el uso adecuado de la razón y el recurso próximo es la violencia. 

Eso pudo ser previsible, prevenible y evitable. Pero las cosas se dieron así, y lo mejor que podemos hacer ahora es aprender de ese doloroso pasado. Mi interés por el pasado político de mi país me llevó a conocer que se escribieron muchos testimonios de personas que vivieron en comunidades poco atendidas por el gobierno donde iniciaron ideologías radicales de izquierda que idealizaron un sociedad sin jerarquías aparentes. El dolor que produjeron sus impulsiones afectaron tanto al país que el número de víctimas ascendió a más de sesenta y nueve mil personas asesinadas en circunstancias de desesperación. Por un lado los terroristas no podian avanzar en la propagación de una idea, y por el otro los militares  tenían que acabar con la afrenta al estado, sin embargo en el centro estuvo el pueblo, los que menos protegidos estuvieron. Las víctimas están hasta ahora con el cargo de sus recuerdos imborrables, traumas mal procesados que afectan a sus descendientes, y generan familias con resentimiento, con miedo, con dificultades para crear soluciones positivas a su situación, con el deseo que las cosas sigan igual que antes estancándose en sus costumbres.

Las generaciones que llegan después de conflictos crean diferentes formas de afrontar su entorno, algunos deciden la autodefensa de sus propiedades, otros buscan la conquista de nuevos bienes, otros se refugian en su soledad y sufren en silencio, otros son indiferentes a su frustración y creen que nada sucedió, pocos son los que deciden aprender del pasado y trazarse metas que puedan desarrollar una sociedad de cooperación, responsabilidad y respeto, una sociedad donde se busque el bien común y se ponga de lado el egoísmo. 
Yuyanapaq insta a un esfuerzo conjunto que promueva el trabajo mancomunado de estado y pueblo para el desarrollo de políticas que afiancen un avance tolerante, progresivo, escalonado y sostenido entre la pluralidad de pobladores en nuestro país. Esto nos permitirá aprender de una forma madura y responsable a afrontar los grandes estragos que dejó esta guerra. Estemos listos a no olvidar, recordar y concretar un futuro mejor para la sociedad y las generaciones.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Tener.

Cada sombra tiene su luz;
cada voz, su silencio;
cada lágrima, su emoción;
cada momento, su recuerdo.

Un día, su atardecer;
una canción, su armonía;
un camino, su destino;
una casa, su salida.

La mañana, su cielo;
el viento, su silbar;
la lluvia, su arco iris;
el vivir, su respirar.

Cada fuego, su luz;
cada río, su caudal;
cada montaña, su horizonte;
cada mar, su profundidad.

Un gato, sus bigotes;
una paloma, su cantar;
un búho, su paciencia;
una araña, su tenacidad.

La libertad, su restricción;
el perdón, su reconciliación;
la alegría, su brevedad;
la paz, su longanimidad.

Cada vida, su latido;
cada ser, su levedad;
cada esencia, su consistencia;
cada humano, su motivo.

Un juego, su recreación;
una historia, su decisión
un niño, su aprender;
un anciano, su educar.

El dolor, su episodio;
el error, su enmienda;
ea inocencia, su sutileza;
la bondad, su consecuencia.

Cada palabra, su significado;
cada mensaje, su autor;
cada espacio, su lugar;
cada anhelo, su tal vez.

Un miedo, su precaución;
una carrera, su galardón;
un sacridicio, su recompensa;
una respuesta, su reacción.

La felicidad, su futuro;
la perseverancia, su fruto;
el amor, su abnegación;
el corazón, otro corazón.

martes, 29 de octubre de 2013

Un camino de palabras - III / Anécdotas

Hace unos días y dado mi interés por la perspicacia infantil, le pedí a una amiga, Yoiko, que es educadora, que me comente algunas experiencias en sus interacciones con los niños de inicial con quienes ella ejerce su profesión.

Aquí un extracto de aquellas experiencias.

***

Jean Pierre, Yamil y Kelly comían su fruta. El primero comía una manzana, el segundo un plátano y el tercero unas uvas. Jean Pierre empezó a escupir la cáscara de la manzana, acto que vio su maestra.

- Tienen que comer la cáscara de la fruta - reprendió la maestra mirando a Jean Pierre.

Los pequeños arrugaron la nariz. Yamil miró a Jean Pierre y a Kelly y luego observó su plátano.

- Cómete la cáscara de la uva, cómete la cáscara de la manzana, cómete la cáscara del mango - remedó Yamil a su maestra - ¡un poco más y me pide que me coma la cáscara del plátano!

***
Si nunca sentiste el rocío de saliva saltar a tu rostro después de un glorioso estornudo de uno de tus niños, no eres maestra.

***
Hoy aprendí que los niños pueden confundirse. Hay que recalcarles:
  • Que no es lo mismo perseverante que preservativo.
  • Que pedófilo no es una persona que se lanza gases no nobles.
  • Que mujerzuela no es una señorita muy alta.
  • Que miércoles no es una mala palabra, a menos que la persona lo diga con otra insinuación.
  • Que el miembro genital del varón se llama pene, no pajarito, ni gusanito, ni mucho menos trompita.  
***
Enrique tiene dos años, generalmente cuando nos vamos al receso, le decimos: “Come on, baby!”, y le hacemos señas para que comprenda el mensaje.

Después de varios días llegó Jacob y desconocía esta nueva forma de llamar a Enrique al recreo. Cuando oyó cómo llamaba al pequeño, Jacob abrió grandemente los ojos y le susurró a su compañerita: “Oh, no. ¡La miss come bebés! Está diciendo “como baby” ¿Qué vamos a hacer?”

***
ENRIQUE (2 años) : Miss "Yoyiko" ¡toma!, ¡toma! (y me extiende su manito sin "nada" en ella y no la retira hasta que se la tome)
YOIKO: ¡Oh, ya! ¿Qué es?
ENRIQUE: ¡Mi moco, Yoyiko, mi moco!

***

NIÑOS: ¡Ya! Juguemos al lobo. ¡Que Dafne sea el lobo!
DAFNE (2 años): Ya, ya, yo lobo.
YOIKO: Ya, ¡entonces juguemos!
NIÑOS: ¡Juguemos en el bosque mientras el lobo no está, no está. Lobo, ¿qué estás haciendo?
DAFNE: ¡Me estoy cambiando el pañal!

***
Si tienes alguna experiencia con los niños y te gustaría compartirla escríbeme a inztantez@mail.com. Te estaré muy agradecido.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Un camino de palabras – II

El que escribe en el alma de un niño escribe para siempre.
Anónimo

En cada niño nace la humanidad.
Jacinto Benavente

He sido un niño pequeño que, jugando en la playa, encontraba de tarde en tarde un guijarro más fino o una concha más bonita de lo normal. El océano de la verdad se extendía, inexplorado, delante de mí.
Isaac Newton

He llegado por fin a lo que quería ser de mayor: un niño.
Joseph Heller

El secreto de la genialidad es el de conservar el espíritu del niño hasta la vejez, lo cual quiere decir nunca perder el entusiasmo.
Aldous Huxley

Educar a un niño no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía.
John Ruskin


***
La semana pasada escribí sobre la aventura de descubrir un camino de palabras nuevas y el privilegio de pensar como niño en momentos cuando es necesario. Al parecer por las frases expresadas por pensadores, escritores y personajes influyentes en la sociedad de su época no soy ni el primero ni el único. Y en base a esta inquietud universal de cómo descubrir el pensar de un niño es lo que escribiré hoy.
No soy padre, para empezar. Pero sí fui niño. Un participante en el proceso de la educación. Asimismo, el día a día de mi trabajo me permite conversar conocer muchos padres y sus preocupaciones.
Hace un mes aproximadamente, un amigo tuvo su hijita. Y hace unos días conversamos sobre la paternidad en los aspectos que conocimos. Nosotros como hijos, él como padre, yo como tío, él como hermano, yo como observador, él como consejero familiar, yo como psicoterapeuta.
A raíz de esa conversación comprendí que no existe una guía o un plan estricto para ser padre. Pero lo que existe son pautas que más o menos esbozan un objetivo: No fracasar como padres proveyendo a nuestros hijos las herramientas necesarias para superar los obstáculos que se le presenten en esta vida.
Entonces el fracaso como padres ocurre cuando estas herramientas no funcionan y las consecuencias se hacen mucho más tangibles al tener que depender nuevamente del abrigo del padre para superar un obstáculo no superado.
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Las herramientas de afronte que tenemos las aprendimos de nuestros padres, en primer lugar. Es en la adolescencia cuando decidimos seguir utilizándolas o cuestionarlas. Al cuestionarlas aprendemos otras herramientas de afronte a partir de nuestra interacción en nuestro grupo social. Y, conforme vamos creciendo, aprendemos con mayor voluntad y apoyados en el filtro de nuestra razón. El uso equilibrado de nuestra voluntad y la razón nos llevan, por lo tanto, a la madurez. Y estamos preparados para educar a nuestros hijos en lo aprendimos y consideramos útil para ellos. Sin embargo, a medida que ellos crecen tienen a su vez la opción de cuestionar nuestra educación y decidir si desean seguir con lo aprendido o aprender nuevas herramientas de afronte. Y así hemos venido desarrollando nuestro carácter durante generaciones.
Entonces el foco de nuestra atención puede centrarse en el desarrollo de dos factores importantes de la cognición humana: la voluntad y la razón. Traduciéndolos a términos educativos sería el autocontrol y el razonamiento.
No hay mejor enseñanza sino a través del ejemplo. Por consiguiente, estos dos factores han de ser pilares de nuestro carácter y posteriormente, y sin lugar a dudas, lo serán de nuestros hijos.
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- ¿Cómo integras el aspecto espiritual al momento de conversar con tus clientes? - me preguntó mi amigo, quien cumplió un mes de ser padre.
- Es una dimensión transversal al ser humano – Le respondí
No dejamos de ser espirituales en ningún instante, a veces pensamos como si fuera una opción de bloquear/desbloquear. Sin embargo, desde mi punto de vista, es un aspecto que es inherente al ser humano. Al momento de tomar decisiones las tomamos basadas en nuestras creencias y éstas son particulares según cada vivencia que tengamos. Por lo tanto, las creencias que tenemos son la traducción cognitiva de nuestra vida espiritual.
Del mismo modo en que hacemos ejercicios para mantener la salud física, que estudiamos o trabajamos para mantener la salud mental, que conversamos con nuestros amigos para mantener nuestra salud social, deberíamos también desarrollar actividades espirituales para mantener un equilibrio integral. La mayor necesidad, entonces, se dará en la crianza al buscar desarrollar e integrar estos cuatro aspectos transversales a la vida de un menor. Ahí se ejercitará la voluntad (dominio propio) y la razón como herramientas vitales para el camino que le corresponderá seguir, aún cuando ya no estemos acá.
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TED, el portal de videos de conferencias motivadoras, innovadoras y de interés público presenta cuatro casos de niños que destacaron a su temprana edad y que tienen muchas ideas por compartir con todos. Te invito a verlo en el siguiente link: http://blog.ted.com/2013/03/06/4-inspiring-kids-imagine-the-future-of-learning/ y a compartir tu opinión en el portal de DTLP.

martes, 8 de octubre de 2013

Quisiera quedarme con tu presencia


Quisiera quedarme con tu presencia,
Acogerme en ella.
Despertar un día muy temprano,
Revisar si está aún aquí,
Saber que no se fue.

Quisiera quedarme con tu presencia
Cuando al pensar haberla perdido
La encuentro huyendo de mi egoísmo,
Sabiendo que no fue bueno
... que no fue mi intención.

Quisiera quedarme con tu presencia,
Tenerla presente
En la luz de nuestra vida,
En la sombra de nuestros sueños.

Refugiarla
De los peligros,
Aprender de ella
A enfrentarlos.

Quisiera quedarme con tu presencia
En el parque para jugar,
En nuestro hogar después de trabajar.

Luego,
Escribir al atardecer
Juntos
Nuestra historia en un papel.

Quisiera quedarme con tu presencia,
Pero no lo puedo hacer,
Mañana ya no estará:
Te la habrás llevado
De acá.

Quisiera...
Entonces...
Regalarte la mía,
Sí.

Mi presencia
Envuelta en papel
Con dibujos de colores
Que hicimos ayer.

Te la regalo hasta tu regreso,
Te la regalo hasta pronto
Para que la lleves en tus días
De alegría y de luz,
Para que la lleves en tus noches
De nostalgia y gratitud.

Para que la encuentres bajo la sombra de un árbol
Al descansar,
Para que le cuentes
Las aventuras que has de pasar.

Para que converse contigo
Durante el camino
De las cosas que reíamos,
De los secretos que teníamos.

Para que te proteja
Cuando el camino se haga rudo,
Para que te refugie
En un lugar seguro.

Para que te acompañe
En el camino de regreso,
Para que te traiga
Hasta donde te espero.

Desde hoy,
Todos los días
En mi silencio.

Quisiera quedarme con tu presencia,
Acogerme en ella,
Decirle mi secreto:
Que la quiero,
Que la espero.

martes, 24 de septiembre de 2013

Vida en tus sueños.

Nunca te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío se queme,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay Fuego en tu Alma,
Aún hay Vida en tus Sueños.

Mario Benedetti

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Lentamente los ojos de Ramiro se fueron cerrando. Sofía, asida de sus manos, lloraba, casi sin hacer ningún ruido. Solo unos sollozos, suspiros incompletos, mutismo sobrio. Todo en ella parecía tomar un sentido cada vez más sutil. La forma en que articulaba las palabras, la entonación y fuerza en que se emitían parecían desvanecerse. Hablaba para sí, no para los que le rodeaban. Las preguntas que tenía se le acumulaban sobre sus párpados de noches completas. ¿Cómo sería todo después de esto?

Aún no quería estar en el presente. Solo deseaba ese momento, ese espacio cálido en la última mañana de invierno en la que su pequeño le abrace y sonría con la mirada cansada por un día de mucho jugar. Hasta mañana mami, te quiero mucho. Hasta mañana papá, cuida de mamita desde dónde estes. Te quiero... Unos minutos después, un susurro tenue que se escucha en todo el pasillo. Te amo.

Los objetos no solo se contienen a sí mismos. Los objetos cargan, sin saber, los recuerdos de sus dueños, de sus interacciones a través de ellos. No respiran, no miran, no duermen, ni hablan. Sin embargo, inertes, mudos, vacíos, nos cuentan sus testimonios de lo que viven, de lo que les tocó compartir con sus dueños, de las emociones que despiertan en ellos. Los objetos le ayudaban a retener el pasado en el presente. Ella lo volvía a vivir junto a ellos.

Un pato flotante, pequeño, sonriente. Con un diminuto hueco en la boca para que salga el agua en un chorro y juegue el pequeño Ramiro mientras lo bañan. Fue entonces cuando empezaron a darse cuenta que algo no iba bien. Un estornudo y una sonrisa a medias. Diana, la jovencita que le cuidaba, no le dio mayor relevancia sino hasta que lo estuvo secando. Le pareció poco usual que el niño no estuviera inquieto. El pequeño no se escapó de las manos que lo arropaban, estaba muy calmo después del baño. Lo alistó para dormir y no tomó mucho tiempo para que las luces del recinto se apagaran.

El carro que su padre le hubo enviado. Un vehículo azul marino con líneas blancas. Luces que se prendían al sonido de una tierna música de cuna activada por una pita que recogía mientras duraba la canción. Ese juguete fue testigo y consuelo después de un día de fiebre cuando el pediatra lo evaluó y posteriormente explicó lo que estaba pasando en el cuerpo decaído de Ramirito.

Unos cubos de juguete con dibujitos, letras y números en alto relieve que se caían de la cama de la clínica cuando se quedaba dormido después del jarabe de las ocho. Papá, vino uno de esos días, acababa de llegar de Frankfurt. Lo miró durmiendo. Arregló el peinado de su bebé, el valiente capitán del crucero Golden Knight en el jardín de la casa cuyo camino empedrado era tierra firme y el pasto alrededor era el inmenso Océano Pacífico.

Un antílope galopante, cuyo rostro le causaba gracia imitar su expresión. Fue el último juguete que recibió y que le acompañó el día en que se fue. El día que su padre lo envió estaba en Nueva Delhi, acababa de aterrizar. Encontró el juguete en una tienda de artesanías. Sin pensar más, y pensando en la recuperación de su hijo, lo envió de inmediato. Llamó a su suegra, Viviana, y le dijo que pronto llegaría un juguete para Ramiro, para que lo espere jugando una vez recuperado de su enfermedad. No deseaba sentir dolor, estaba centrado en pensar en que se recuperaría en cuanto regresara, sin embargo a veces la realidad nos muestra el lado duro de la vida.

Padre. Eric Berne escribió sobre este rol. Uno aprende a ser padre desde que es hijo. Es más, uno actúa como padre cuando juzga que debe actuar de ese modo al pensar que debe proteger o corregir una conducta en una interacción con alguien de confianza. Uno se siente padre, además, cuando tiene un ser que depende de las decisiones que uno tome. Christian, no se sentía padre aún cuando se enteró que había dejado de serlo. No lloró, no sufrió, pareció no afectarle en lo absoluto. Desconcierto, por ponerle un nombre a lo que sintió entonces. Una sensación de no saber qué hacer, ni qué decir.

No fue sino hasta el día siguiente del entierro de Ramiro en que se dio cuenta que las cosas deberían tomar otro rumbo. Sofía no había dormido, había pasado la noche entera guardando los juguetes, recordando cada episodio y aventura que hubo vivido con su hijo. Sofía sutil, con las fuerzas debilitadas, parecía que su cuerpo se hubiera reducido al vestirse de negro. Christian despertó de madrugada y la encontró en el cuarto de Ramiro con el carro azul marino cantando su melodía alegre, la abrazó. Entiendo lo que sientes, yo también lo siento. 

Lloraron juntos. Sofía por el tiempo que no regresa, Christian por no poder regresar el tiempo.

***
Shjol. Palabra hebrea para llamar a los padres que perdieron un hijo. Una forma de identificarse como deudo, un modo de saberse dolido por la falta de ese ser indefenso que cuidamos con ternura y paciencia. Sin embargo, ese amor y ese querer sustentar una vida que quedaron pendientes por prodigar pueden tomar un nuevo rumbo, una nueva perspectiva y canalización de nuestro afecto. El apoyo a quienes carecen de ello, a pequeños huérfanos de afecto que buscan en la mirada ajena un ápice de certeza que tienen un lugar y función en esta vida. Que aún hay vida en sus sueños.

martes, 17 de septiembre de 2013

Ariadne

 El hielo se derretía en la vereda por la madrugada. Los neumáticos del carro patinaron al pasar por la avenida que se alimentaba de la luz del sol naciente en el horizonte. El hospital se encontraba a dos cuadras más. Las calles estaban vacías. Mi esposa confiaba en que llegaríamos a tiempo. La emoción de la llegada de Ariadne agudizaba mis sentidos y sentía que todo estaba bajo control. De pronto una luz fuerte, me encegueció. Luego un silencio profundo, intenso, vacío, inaudible.

***

 Un llanto. Para pedir ayuda, otro para asegurarse que estamos cerca. Una sonrisa, una mirada perdida en cielo del dormitorio. Me gusta verla, disfruto a cada movimiento suyo. Aristóteles dijo que el tiempo es la medida del movimiento entre dos instantes. Disfrutábamos de cada fotograma imaginario, de cada instante, cada gesto que ella nos regalaba echada en su cuna. Repetía su nombre en mi mente. La amaba.

 Después de dejarla dormida en su cuna esa madrugada, mi esposa regresa a nuestra cama. Me dice al oído que la ve un poco pálida, hago un apunte mental para el pediatra al día siguiente. El sueño le gana a mis párpados no sin antes darle un beso en la frente a mi esposa. La luz se difumina y quedo en suspendido en el vacío.

 Escucho la sirena de la ambulancia afuera en la calle. Estoy en medio del pasillo del hospital corriendo. Llevan a mi esposa en una camilla. Me impiden seguirle. Quedo atrás de unas puertas transparentes y el pasillo se hace más distante al apagarse las luces. Te amo. Pienso en el eco de su voz que rebota en las paredes y llega hasta donde estoy de pie, hasta el interior de mí mismo. En medio de la oscuridad sus dedos pierden fuerza, mi mano se suelta. Impotencia.

 Despierto asustado. Es de noche aún, las sombras de la ciudad no se han ido. Repaso con las yemas de mis dedos la cicatriz en su brazo, un pequeño surco en su piel, una señal de lo que nunca olvidaremos, el día que Ariadne llegó a nuestra vida.

 El choque no pasó más que de un susto. La ambulancia rosó el carro por el lado donde me encontraba. Empujó al carro hasta que la vereda lo detuvo. Me golpeé en las costillas. No pude respirar por un buen rato. Mi esposa trato de cubrirse y apoyarse para no afectar al bebé. Los vidrios se quebraron y unos cuantos se incrustaron en su brazo derecho. Por suerte ya estábamos cerca al hospital.
Ese día, mi esposa me dijo entre sueños que todo saldría bien. Hoy, la beso nuevamente y me aferro a la alegría de continuar juntos. Descanso.

***

 De regreso a casa. Miraba por el retrovisor a mi esposa dar de lactar a Ariadne, nuestra hija. Aquella íntima conexión de miradas que me llenaba de alegría y energía para protegerlas, para estar dispuesto a sacrificar cosas que antes me hubiera costado mucho dejar. Ariadne, doncella que conoce los secretos de los laberintos, me sacó de uno.

 A veces mientras duermen las dos juntas, las observo. Trato de ver mi vida sin ellas, no puedo. Me imagino cómo será de grande, cuando vaya al colegio, cuando tenga una compañera amiga, cuando se pelee con ella y se reconcilien, cuando crezca y me reclame porqué pongo tantas reglas, cuando me presente a su amigo especial, cuando me diga que quiere estudiar algo que yo no deseo, cuando se case y la vea partir. Me niego a que ese tiempo pase tan raudo, me niego y guardo los momentos en que depende de nosotros aún, los atesoro y los cuido para que no se me vayan y no pueda retornarlos. Mis divagaciones se acaban en cuanto mi pequeña despierta, no llora, solo abre sus ojos y extiende sus manos para tocar el cabello de su madre, para coger un juguete, para mirar a su padre sonriendo, para saber que puede estar segura y feliz. Guardo una fotografía de su sonrisa.

 Mi esposa, aquella bella mujer que estuvo lo suficientemente convencida para decidir compartir la vida conmigo, aún entre sueños sonríe. Abraza a nuestra pequeña y la arrulla para que sigan durmiendo. Ariadne no quiere seguir durmiendo. Hace unos sonidos como si fueran palabras. Mamá despierta, papá espera para jugar con nosotros. Mi esposa percibe las ganas de jugar de nuestra pequeña. Encárgate tú, por favor. Me dice en el pensamiento, lo interpreto a través de sus ojos que no quieren despertar. La amo. Las amo.

 Cargo a mi hija con el mismo cuidado como cuando la recibí, aquel día. Un milagro, un nuevo mundo por descubrir, una nueva forma de ver la vida.

***

“El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto.”

Charles Chaplin

martes, 10 de septiembre de 2013

Lunar


Tu voz serena
Mi luz ajena
Te pertenece
El bokeh de la luna
Las cortinas sin cerrar
Un universo móvil
Como los que cuelgan sobre la cuna
Como las estrellas

Tu sonrisa que ilumina
Mi camino hacia el laberinto
De tus pensamiento
De tus secretos
Deshilando sorpresas
Que se esconden y renuevan
Que me alegran

Se avecina mi curiosidad
En los límites de mi razón
Una cornisa sobre la montaña
Un libro por escribir
Aprendiendo a jugar
Cuando la vida nos invita
Cuando las sombras se disipan

Recojo mis pasos
Y los vuelvo a colocar
La luna, las luces, susurros
Las cosas sencillas de la vida
Queriéndolas tener
Porque tengo un futuro para compartir
Porque no puedo esperar

martes, 3 de septiembre de 2013

Luces en el ático - II

Aquel día llegué, como siempre, a casa traído por el bus escolar. El bus, un espacio para probar nuestras habilidades en equilibrio pues nos retábamos a saber quién soportaba más tiempo de pie mientras el gran vehículo surcaba los baches y los rompemuelles en la pista. A pesar de tener asientos disponibles preferíamos la sensación de vacío en la planta de nuestros pies cada vez que el bus saltaba o se hundía.

Aquel día llegué a casa. Como siempre. Mis padres me saludaron y, observando sospechoso sus rostros, compartí con ellos el almuerzo. Fui un estudiante bastante responsable (aún intento serlo), así que después de terminar mis tareas viendo de reojo el misterio en el rostro de mis padres, dijeron: "Hijo, hoy nos vamos a comprar tu bicicleta." La emoción de ese entonces solo pudo ser superada por el hecho de manejar aquella bicicleta unos días después.

Los primeros intentos fueron rotundos fracasos. Aunque pensándolo mejor, no lo fueron del todo. Hace poco cuando leía la biografía de Tomas Alva Edison, él decía: "No fracasé, solo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla." Y en el intento mil descubrió la real forma de cómo hacerla. Por lo tanto, ahora creo que la perspectiva que debo tener de mis errores es que son oportunidades para repensar otra solución.

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Esa tarde llegó de la universidad. Solía regresar feliz con una dosis de secretos en sus ojos. Miré cómo se acercaba trayendo sus cuadernos anillados. Me abalancé para coger uno ellos y no soltarlo. Aún no sabía leer, pero había algo que me atraía de esos cuadernos, el anillado, los colores de los bordes  de las páginas que cambiaban cada cierto número de hojas, las formas de las letras y los dibujos extraños, aquellas palabras largas, conjunto de letras, grupo de líneas y curvas…

Regresaba también con libros que sigilosamente sustraía y miraba las imágenes de cortes trasversales y longitudinales a las partes del cuerpo, los diagramas de los sistemas circulatorio, nervioso, muscular, digestivo, respiratorio me causaban interés. Me encontraba in fraganti y se percataba que acababa de pintar un garabato en la página final.

Su paciencia no se acabó, tampoco su afecto. Yo era su hermano pequeño y en el fondo nos queríamos a pesar de que le hiciera tantas travesuras a sus útiles de estudio y ella me atacara con cosquillas y almohadones en la cara. Creo que Dios le dio la oportunidad de prepararse para ser madre doce años antes. Y a mí, la lección de ser tanto o más tolerante con mis sobrinos que ahora hacen travesuras con mis cosas.

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La vida, un espacio de tiempo en la historia de la humanidad. Un momento de respiro, un chispazo de luz en el universo. Si nuestra visión del mundo se redujera a ello parecería no tener sentido seguir adelante. Sin embargo, Dios colocó en cada ser humano la necesidad de trascender, de ir siempre un poco más allá. Agradezcamos a quienes nos acompañan en este caminar y disfrutemos una vez más cada día de las oportunidades que Dios nos da para trascender, corrigiendo nuestros errores; festejando nuestros aciertos.