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Un blog diferente.

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viernes, 21 de febrero de 2014

Palabras Mágicas

El otro día mis sobrinos correteaban y se empujaban entre ellos, todos varones, vivaces, enérgicos y sobrecargados de azucarada adrenalina. Yo absorbía la poca tranquilidad que había en el aire, intentando encontrar un poco de calma en medio de todo ese griterío, y de pronto, sucedió aquello que me impulsa a escribir estos párrafos.
Había silencio. Mi mamá era la única que hablaba.
Ella les estaba recordando la importancia de las «palabras mágicas» en nuestra educación y formación como persona.
Verla así me hizo recordar mis tiernos años de infancia; cuando yo era pequeña ella me repetía todo el tiempo que debía pedir las cosas siempre con cortesía, y con mayor razón ser agradecida. Sus canciones y métodos para aprenderme esas palabrillas, que como ella decía “Te abrían las puertas del mundo”, y sí que tiene razón. Cada paso que he dado, cada lugar al que he ido, y zona que he visitado no ha sido reacio ante una sonrisa y un sincero «buenos días». Por el contrario, las personas bajan sus alarmados hombros, su ceño fruncido y estresado se borra, y en algunas ocasiones, hasta una respuesta con amabilidad te es obsequiada.
¿Qué sería de la vida, si nunca hubiésemos aprendido a recitar, un corto y poderoso «gracias»?¿Y qué me dicen de un suavizador «por favor»? ¡Sí que remecen el mundo!

Quise hacer una lista, breve, de algunas cosas que no deberías pasar por alto al utilizar estás mágicas palabras:
  •  Gracias a Dios, cada día, es la primera palabra que nuestros labios deberían pronunciar.
  • Perdón, a los que dañaste intencional o casualmente. Beneficia un 200% más al que lo dice, que al que lo recibe.
  • Por favor, cuando necesites ayuda. Reconoce que alguien más puede brindarte una mano, recibirás el favor más genuino que jamás imaginaste.
  • Buenos días/noches, ¡mamá siempre tuvo razón! No solo te abre la puerta del trabajo, el hogar, la universidad o cualquier reunión… sino la puerta al corazón de las personas.
  •  Agradece por tener el don de utilizar las palabras mágicas, ¡ah! y repítelas lo más que puedas.

jueves, 20 de febrero de 2014

La carta [1]

Llevas dentro de ti mi esperanza, pasajera de un vagón desconocido, que sabes llevar bien. Hay un halo en el cielo, yo digo que es el mismo que alguna vez nos unió, cuando los días eran más claros y las noches eran tibias. Ahora vas colina arriba sentada en alguno de esos vagones rumbo a un lugar conforme a tus sueños... te vas... sin mí.

En tanto..

Has dejado el aroma de tus cabellos impregnado en mi cielo, cielo verde, verde que me deja cargada una esperanza, esperanza de que regreses, regreses. Pero has pasado ya tanto tiempo ausente y me he convertido en escritor. Y sucede que en una misma hoja te hablo de mil y un maneras y las palabras suelen trepar por una cuerda invisible hasta ti. Ignoro si me oyes, si me ves, si de vez en cuando aparezco en algún sueño siquiera como personaje secundario. Ignoro tanto de la realidad, pero sé tanto de ti... y tú sabes tanto de mí.
Hay un abismo que llora oscuridad, un barranco que nos extraña, una puesta de sol que pregunta por nosotros y a lo largo de la playa está tu nombre escrito, naciente de mis alegrías, alegrías que extraño.
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Hoy...

...viajo sentado en alguno de los vagones, no sé si es el mismo en que estuviste tú cuando partiste. Afuera el cielo se tiñe de rojo, afuera todo muere en sacrificio por nosotros...
Las dudas se convierten en convicción, la apatía se transforma en ánimo, y paradero tras paradero estoy cada vez más cerca del destino. Tú.

Y llego...

Bajo cabizbajo, casi cerrando los ojos. Espero sorpresas, risas, llantos, besos y caricias miles. Entonces te veo a lo lejos, llevas el pelo de una forma diferente, tu mirada es ahora un poco seria pero sin perder aquella dulzura. Hoy, hablo de este momento, siento que el alma vuelve a mí, tú vuelves, no cabe en mi la alegría y quiero que el tiempo frene, que se detenga, que se haga tan extenso para tener el tiempo suficiente para decirte todo lo que le he contado a mis paredes y a mi almohada durante tu ausencia, que el tiempo se detenga y que tu mirada siga allí, sin llegar a escapar de su asombro conversando conmigo sin hablar...

Te acercas...

Bajo la mirada a tus manos y recuerdo tanto sólo en ellas. Pero bajo más la mirada... hay un aro en uno de tus dedos y acabas de destruir mi universo. No me atrevo a preguntarte nada porque todo es obvio... no tengo mucho por hacer...
"La carta". ¿Qué carta? "La carta que enviaste hace dos años, la tengo aquí. Me dijiste que era libre". Me siento peor. Lo que haya dicho entonces debí hacerlo en un instante de locura, de ausencia, pero ella sigue hablando, yo trato de no escucharla, no quiero escucharla pero dice de repente algo que refunde mi mundo, así es ella.
 "Y... aquí me tienes. Quiero casarme contigo".
La carta...

(continúa)

miércoles, 19 de febrero de 2014

Paraíso.

La noche es violenta, dura y caliente; estar cerca al Caribe tiene sus ventajas y sus cosas malas, claro. No soy de por aquí, de donde yo vengo, a esta hora el frío te corta los huesos. El ande no es como estar cerca a estas playas tan maravillosas, pero la gente, la gente es muy parecida. Somos personas que pensamos diferente a las otras y por eso, las odiamos.

Vine con mi esposa por primera hace tres años, cuando recién nos casamos. De hecho, este fue el muy bien recibido regalo de bodas. Allá en mi tierra no hubiera siquiera soñado con un viaje a un pueblo medianamente lejano, pero ellos me trajeron, no sé cómo enteraron de mí, no tengo idea de cómo supieron que me había casado, no sé nada de nada. Ese día llegó un modesto automóvil afuera de nuestra casita y en tono de tierras extrañas nos dijo que el Comandante nos deseaba una muy feliz vida juntos, que Dios nos bendiga y que nos extendía un presente para poder disfrutarlo, un viaje a la maravillosa nación bolivariana, todo gratis.

Es irónico, nadie nunca se había acordado de mí en mi tierra y este, que ni siquiera sabía quién era, venía y me daba un regalo de esta naturaleza. Pronto empezaron a construir casas nuevas para los que vivíamos allí, fueron rapiditos y muy gentiles con todos nosotros. Entonces llegó el día de partir, ese día, que tuve que irme para Venezuela, fue la primera vez que pisé Lima, tenía que pasar por el aeropuerto internacional así que, según me enteré después, no era técnicamente Lima, sino el Callao. Lo último que me llevé de mi país fue un, ‘¿qué más quieres serrano cochino?’, la empujaron a mi esposa y nos miró con cara de asesino, molesto, solo porque le pedí que me dijera la hora.

Entonces me fui para Venezuela, una tierra distinta. Allí me enamoré de su gente y mi esposa me suplicó para que nos quedáramos, el gobierno daba tantísimas oportunidades y beneficios que era imposible no sentirse importante. Tan diferente a mi Perú. Los pobres éramos importantes y los ricos eran tratados como se lo merecían por arrogantes, egoístas y desgraciados. Venezuela era el lugar que yo quería para vivir. Me enrolé en las filas de los que alentábamos al Comandante, no era el único extranjero, habíamos muchísimos más, todos marginados en nuestra tierra y amados allí, bajo el cielo delicioso de la rica venecita. De puro agradecimiento me metí en política y ello me dio más oportunidades para mí mujer y para mí, hace solo seis meses éramos un par de hijosdenadie allá en el ande y ahora éramos coordinadores de los hermanos extranjeros de la grande patria bolivariana. No entendí nada nunca de lo de Bolívar, pero me daban un nivel digno de vida que jamás me hubieran dado en mi querido Perú, ni siquiera los busqué, ellos nos buscaron.

Entonces, el Comandante cayó en crisis de salud.

Recibimos la noticia en Perú cuando trabajábamos para instaurar las casas del alba allí, para que más latinoamericanos sean beneficiados por la generosidad del Comandante, estaba muy mal y mi esposa me dijo que algo le olía mal. Nos decepcionamos rápido de la Nadine y sin más, quisimos volver a Venezuela. Pero ya no era tan fácil, el Comandante empeoraba su salud, decían.

Pasaron algunos meses angustiosos en el Perú, donde la miseria es el pan de cada día, donde tus hermanos te tratan como si fueras un extraño, te cholean, te serranean, fueron terribles meses que luchamos en nuestro país como si fuera tierra de otro, porque ciertamente tierra de otro era. Volvimos rapidito a Venezuela y entonces pasó lo peor. El Comandante murió.

La noche es violenta y dura, solo oigo el recorrido de la sangre de mi oído resbalar por mi rostro. Veo el cadáver de mi esposa al lado mío, lentamente cómo se enfría con cada segundo que pasa, ¡aún te amo, mi amor! Estoy desvariando. 

Este sitio es el paraíso, ¿qué pasó?

Se vinieron contra nosotros cuando ya no hubo pan qué repartir, cuando escaseó la leche, el azúcar, cuando de tanto repartir ya no había nada qué producir, cuando todo escaseó, volvimos a ser extranjeros, claro, en tierra extranjera. Entonces Maduro endureció su discurso, con la imagen del gran tonto seguidor del glorioso Comandante, traicionó a nuestro gran Hugo Chávez. Porque el Comandante jamás hubiera hecho cosa semejante. Yo sé porque el Comandante era bueno y nos daba a todos, sí pues, yo soy fiel al Chávez y aunque el Maduro sea malo, como es del Chávez, yo soy fiel al Maduro. 

Mi esposa ya no está conmigo. Lloro, sufro.

Mi tierra, ¿dónde está mi Perú? No hay médicos en Venezuela que se den abasto ni profesionales que vivan como merecen, por eso nunca estudié nada, así vivía mejor; si fuera profesional, volvería a mi Perú, pero ya estoy muriendo, me duele la cabeza y de pronto desaparece el dolor, muchos están muriendo y nadie se está enterando. ¡Comandante, sálvenos, a mí y a mi amada esposa! Puedo ver la luz, como la del alba, la luz de todas las izquierdas, conduciéndome hacia la muerte.

martes, 18 de febrero de 2014

Un día contigo

Despierto y acaricio tus cabellos
Cabellos rociados de rayos solares
Observo tus párpados soñando
Tu silencio activo
Abro las cortinas de mis ojos
Dejo entrar tu luz con un beso
Es aún madrugada para nosotros
Que el dia nos encuentre cantando
"Por la mañana, oh Señor
Elevo a ti mi voz
A tu buen nombre doy loor
Con gratitud mi Dios"
Y nuestras voces, una vez más
Juntas, amanecen con el sol
Recordamos las voces que se nos unían
Años atrás, completando la armonía
César
Valiente, obstinado, madrugador
Llegaba sin pantuflas
Alegraba con su cantar
A veces no paraba de hablar
Diana
Esforzada, distraida, ejemplar
Nos traía entre sueños
Biblia e himnario
Para empezar a meditar
Sergio
Incansable, dormilón, risueño
Abrazado a su almohada
Abría los ojos a la mitad
Sonreía a la eternidad
Los extrañamos, lo sé
Aprendimos con ellos a vivir
Entre risas, llanto y esperanza
Momentos que hoy, nos traen nostalgia
Sus risas infantiles
Llenando los recintos de la casa
Su miradas tristes
Cuando la corrección se acercaba
Sus abrazos suaves antes de salir
A la escuela, colegio, universidad,
Trabajo y familia por formar
Los extrañamos, lo sé
Las comidas, sazonadas con amor
Nutren nuestro hogar
Nuestros pequeños disfrutaban al ayudar
Entretenidos, juntos, dando calor al hogar
Las tardes en el parque
O de paseo por la ciudad
Cada día aprovechando el tiempo
Apreciando lo que tenemos
Esforzándonos para no claudicar
Apoyándonos para triunfar
Cada día contigo
Aquí y ahora contigo
Mi bendición divina
Para ésta, mi vida
En el ocaso de nuestro vivir
Satisfechos del quehacer
Los logros alcanzados
Sueños hechos realidad
Hoy, al igual que cada día
Y disculpa la osadía
Quisiera preguntarle si quería
ser mi enamorada, amiga mía

lunes, 17 de febrero de 2014

Sólo dos palabras

Dame dos palabras y te daré un poema,
dos palabras, sólo dos.
Entonces pintaré en alguna pared
algo de arte,
algo de ti, de mí y de nadie.

Dame dos palabras,
inténtalo.
Que soy un poeta mendigo,
un hemicuerpo gitano
que recoje del camino letras caídas,
manchas de tinta,
historias perdidas
y  las frases se acumulan entre cada célula
y se alimentan de tu fe y de tu ignorancia.

Dame dos palabras,
mientras la luz se apaga
y déjame ser por una noche
mendigo de palabras y nada más.

(Si te animas, deja dos palabras)

Extraído de: Liras de juguete (blog propio)