- Mira mamá, esos pajaritos vuelan alto
En sus ojos la nostalgia se trasluce en lágrimas.y el recuerdo de su
hijo hace muchos años repitiendo las mismas palabras. Ahora mayor y
explicándole a su nieto lo mismo que su esposo le había dicho en el
recuerdo vívido.
- Así hijo, tu podrás volar cuando crezcas.
Y los ojos grandes de la sorpresa y el grito de alegría a continuación.
Las imágenes habían formado parte de su vida en muchos episodios. La
casa donde habían vivido lucía ahora más pequeña y decolorida. Casi
imperceptible. A su lado habían construido un centro comercial y al otro
eran las oficinas de una institución del gobierno. El cielo seguía azul
profundo y las nubes de algodón viajando lento a través de todo el
firmamento. Aùn tenía algunas fotos en el baùl de su casa en Lima con
aquel cielo. Tenía álbumes con páginas de cartulina intercaladas con
papel manteca semitransparente. En las páginas negras habían ranuras
diagonales para encajar las cuatro esquinas de las fotografías coloridas
en papel lustre reveladas por su esposo. El estaba vivo a través de
todas aquellas fotografías.
Fueron al hotel donde estarían por unos días y luego se prepararon para comer pues el viaje había sido un tanto extenuante.
Recordó como había sido Huancayo aquellos años de su juventud. El
calor era similar, la parte central de la ciudad se había detenido en el
tiempo pero no era la misma. Las personas con quienes se cruzaban por
las calles tenían un aire a ausencia. Llegaron al restaurante mas
cercano y acogedor que encontraron, a cuadra y media del hotel.
Pidieron con la premura de regresar al hotel deseando que les
atendieran con similar rapidez. En lo que le sirvieron la infusión para
aclimatarse al clima peculiar, empezó a concentrarse en la corriente del
agua para disolver el azucar.
- Amor
- Si, aquí estoy
- Bueno, ya estamos aquí. De regreso…
- Si, mi amor. Gracias por hacer mi sueño realidad
- Te extraño y te amo
- Y yo a tí…
- Mamá ¿todo bien? – interrumpió Javier
- Si, hijo. Creo que me está costando acostumbrarme a la altura. – respondió con una sonrisa nostálgica.
De regreso al hotel, cada cual fue raudo a su habitación para
terminar de hacer los últimos deberes pendientes y descansar del viaje
para estar listos al día siguiente para ir a conocer los lugares
turísticos.
Esa tarde, Marta, conversó con su esposo a través de sus recuerdos,
los repasó en silencio como para que piensen que estaba durmiendo.
Lloró, sonrió, lo abrazó en su memoría y pensando para sí misma soñó en
encontrarse pronto con su esposo. Extendió sus brazos. Los cielos celestes, limpios, las nubes
de algodón puro y el viento suave que hace achinar los ojos de solaz.
Estaba volando…
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