El otro día mis sobrinos correteaban y se empujaban entre
ellos, todos varones, vivaces, enérgicos y sobrecargados de azucarada adrenalina.
Yo absorbía la poca tranquilidad que había en el aire, intentando encontrar un
poco de calma en medio de todo ese griterío, y de pronto, sucedió aquello que
me impulsa a escribir estos párrafos.
Había silencio. Mi mamá era la única que hablaba.
Ella les estaba recordando la importancia de las «palabras
mágicas» en nuestra educación y formación como persona.
Verla así me hizo recordar mis tiernos años de infancia;
cuando yo era pequeña ella me repetía todo el tiempo que debía pedir las cosas
siempre con cortesía, y con mayor razón ser agradecida. Sus canciones y métodos
para aprenderme esas palabrillas, que como ella decía “Te abrían las puertas
del mundo”, y sí que tiene razón. Cada paso que he dado, cada lugar al que he
ido, y zona que he visitado no ha sido reacio ante una sonrisa y un sincero «buenos
días». Por el contrario, las personas bajan sus alarmados hombros, su ceño
fruncido y estresado se borra, y en algunas ocasiones, hasta una respuesta con
amabilidad te es obsequiada.
¿Qué sería de la vida, si nunca hubiésemos aprendido a
recitar, un corto y poderoso «gracias»?¿Y qué me dicen de un suavizador «por
favor»? ¡Sí que remecen el mundo!
Quise hacer una lista, breve, de algunas cosas que no
deberías pasar por alto al utilizar estás mágicas palabras:
- Gracias a Dios, cada día, es la primera palabra que nuestros labios deberían pronunciar.
- Perdón, a los que dañaste intencional o casualmente. Beneficia un 200% más al que lo dice, que al que lo recibe.
- Por favor, cuando necesites ayuda. Reconoce que alguien más puede brindarte una mano, recibirás el favor más genuino que jamás imaginaste.
- Buenos días/noches, ¡mamá siempre tuvo razón! No solo te abre la puerta del trabajo, el hogar, la universidad o cualquier reunión… sino la puerta al corazón de las personas.
- Agradece por tener el don de utilizar las palabras mágicas, ¡ah! y repítelas lo más que puedas.
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