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Un blog diferente.

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jueves, 17 de abril de 2014

Sirieno

He dejado una luna atrás. Bermeja, como la sangre...

Caen gotas, una tras otra, alrededor de lo que llamo espacio, de lo que llamo círculo, y yo estoy en el medio. Esta es otra de esas ficciones que se crean mientras paso a paso formo un camino de baldosas quebradas.
Un arroyo me trae un aroma místico, el vivir y el sufrir se convierten en un dilema pragmático, errático, jerárquico que no tiene una solución aparente.

Cargo en la espalda una piedra, una perla gigante, un trozo de planeta, en ascenso hacia un "aquí" invisible. Cabalgo sobre el mundo con los ojos vendados, giro en derredor garboso, según el mundo. Se acaba el cielo, se acaba la tierra, se acaba la luna, nos acabamos todos.

Yo sigo siendo Julián. Desconocido, errante, perdido, ignorado. Sigo escribiendo en las mismas páginas que nadie lee, sigo jugando entre manchas de tinta que yacen resecas desde hace casi un año. 

Ella me ha cargado de lunas, de pendientes, de cartas sin remitente. La he dejado atrás, y llueve...

Yo sigo siendo Julián, redundo en mí, porque sobre mí llueve, porque soy yo el que tropiezo al caminar paso a paso sobre baldosas quebradas, soy el que carga y avanza... soy el que escribe esclavo de su libertad, enemigo de su yo.

miércoles, 16 de abril de 2014

Aroma.

Por la abertura de la comisura de tus labios exhala el aliento que le da vida a cada latido.

Por el aire se desplaza el sonido de esa onda delicada que es el amor en esa extraña forma.

Si tan solo supiera en qué código se ha escrito ese exótico lenguaje del aroma dulce de tu aliento.

Si tan solo vinieras y te acercaras y me impregnaras de ese perfume los labios.

Hazlo. Te lo exijo.

Que tus labios no se cansen de aromatizar los míos, quiero de tu aroma y solo de ese perfume respirar, eres el amor para mí, desde tu sonrisa hasta la escritura inmortal, erre de cé, somos el uno para el otro:

Báñame de besos esta tarde y todas las que restan porque hoy y hasta que se pueda contar, te amo.

martes, 15 de abril de 2014

Mayéutica infantil

Me gustaría saber si las nubes están hechas de algodón
Me gustaría saber si el cielo se pinta con acuarelas
Me gustaría saber si el mar termina cuando se encuentra con el cielo
Me gustaría saber si el sol se mueve solo
Me gustaría saber si el viento está apurado por llegar a algún lugar
Me gustaría saber si las plantas crecen o son cambiadas por otras en la noche
Me gustaría saber si los sueños aparecen en mis parpados
Me gustaría saber si la luna se puede morder
Me gustaría saber si las estrellas son huecos en el cielo
Me gustaría saber si a la tierra le duele cuando las personas construyen casas encima
Me gustaría saber si alguien lanza la lluvia desde las nubes
Me gustaría saber si los animales pequeños nos ven como gigantes
Me gustaría saber si los árboles no se cansan de estar de pie siempre
Me gustaría saber porqué las burbujas no caen al suelo como las piedras
Me gustaría saber si tengo un motor en mi cuerpo que me impulsa a moverme cuando escucho música
Me gustaría saber si las cosas que conocemos son realidad o simple ilusión
Me gustaría saber si mi pensamiento es voluntad mía o hay alguien quien me dice qué pensar
Me gustaría saber porqué hay tanto egoismo cuando los recursos pueden dividirse equitativamente
Me gustaría saber porqué el tiempo nos impulsa a movernos más rápido cada vez
Me gustaría saber porqué las personas no pueden vivir sin pelear
Me gustaría saber cómo es posible que vuelen los objetos
Me gustaría saber porqué no creemos algo hasta que lo vemos
Me gustaría saber si lo que pensamos existe
Me gustaría saber qué significa amar
Me gustaría saber porqué tengo ganas de escribir
Me gustaría saber si las nubes están hechas de algodón... otra vez

viernes, 11 de abril de 2014

Afonía.

El silencio me frustra, me limita y estresa.
Una irreverente faringitis ha tomado el control de mis cuerdas vocales, las ha injuriado sin permiso y me ha quitado una de las facultades –en mi opinión– más importantes que Dios le pudo entregar al ser humano.

Esclava de mi garganta. Intento contener las ganas de exponer mis ideas y sueño con poder liberar mi mente de tantas mariposas pensativas; la claustrofobia comienza a reaparecer, es asfixiante y perturbadora.

No puedo reír a carcajadas, ni llorar, ni gritar, ni cantar.

Pero existe algo que –ahora en mi condición– si puedo hacer: escuchar.
Todo el día he reprimido el deseo de contestar, refutar o interrumpir, por el contrario, he escuchado a todo aquel que se ha acercado a mí. Les daba un gesto de aprobación o por el contrario, una sutil mueca negando a lo que me decían. Mi paciencia era probada. Demasiado probada para mí gusto, diría yo.

En mi afonía, he obtenido buenos  resultados: escuche a personas que lo necesitaban, no pelee con ningún cobrador, fui una mejor amiga, mi madre pudo leer tranquila sin oírme cantar y utilice mucho más mi lenguaje corporal.


¡Ah! y en medio de mi propio silencio, leí mucho más. 

jueves, 10 de abril de 2014

Presente.

Me resigno a la noche, a sus palabras, a su negación y a sus suaves caricias sin significado. Me pierdo hoy entre copos de nieve de un invierno temprano y vientos ligeros de un otoño tardío.
Si me recuerdas, aún sigo esperando, pero cruzo el mar para huir de ti como un soldado cobarde. Toda señal que asumí, todo recuerdo que estampaste en mis mejillas y en mis labios, toda carta que llegó cuando empezaba a olvidarte... Todo está aquí conmigo. Lo llevo para perderme con ello en una inmensidad diferente.

Adiós...

Diré a tu oído, en un susurro, que no me queda más por hacer. Retomaré resuelto mi camino, te besaré una vez más y por última vez. Me llevaré mis miedos a otra parte, hasta perderlos por descuido y entonces, quizá, regresar para mostrarte que sigo siendo el mismo, pero diferente.

Pero no me voy...

Hoy, me resigno a quedarme. Porque tengo miedo a perderlo todo, aunque ya tenga todo perdido. Me resigno a intentar una y otra vez, a reinventar mis palabras mil veces hasta que puedan sonar dulces para ti, hasta que puedan mostrarte la realidad en que vive mi mente que te sueña, que tiembla, que busca en tus ojos una afirmación para no desistir... esa misma que tiene miedo, que aunque viese la puerta abierta esperaría afuera, que carga con sus ideas locas por todos lados, que se oculta entre la infinidad de nombres y declara lo que su esencia calla...

en silencio.

En resumen y con la mano en alto...

Hoy, sólo quiero decir que te quiero, que tengo miedo, que te espero. Hoy me voy. Hoy te quedas. Hoy puede ser nuestro último adiós, o nuestro primer final...

lunes, 7 de abril de 2014

Palabra

Palabra
Mancha en el papel
Un contraste perfecto
Un trazo resaltante
Juego de forma y figura
Palabra
Eco resonante
En mis oidos cada vez
Juego de compases
En sonidos y silencios
Palabra
Gesto inconcluso
En los recintos de la mente
Intenciones abultadas
En frases acartonadas
Palabra
Un idioma código
Entre tu y yo
Un secreto
Dentro de uno mayor
Palabra
Te digo algo
Me entiendes eso
Me respondes tanto
Te comprendo esto
Palabra
Vida abstracta
Parámetro colectivo
Conjugados conjuguemos
Comprendemos y aprendemos
Palabra
Una traducción
Una emoción
Un razonamiento
Una producción
Palabra
Escúchate a ti mismo
Léete a ti mismo
Entiéndete a ti mismo
Redunda en tí mismo
¿Qué me quieres decir?

viernes, 4 de abril de 2014

¿Sueño contagioso?

El otro día, en mi clase de Metodología de la Investigación, leí una frase que capto toda mi atención. Se trataba de una imagen superpuesta a una diapositiva, que contenía un colorido y sarcástico enunciado el cual decía: «Importante descubrimiento científico: Las embarazadas y los ancianos causan sueño». Sonreí, por la irónica jocosidad  del título.  Luego a mi mente vinieron flashes de todos mis exhaustivos viajes en ómnibus.
Salí a mi receso, y la idea seguía dando vueltas en mi cabeza; terminaron mis clases y no cesó “el bichito” por querer escribir sobre esta cruda realidad. Realidad que se vive los trescientos sesenta y cinco días del año, y más uno, si es un año bisiesto.

Y es que siendo francos, queridos lectores, en alguna oportunidad hemos estado tan cansados de la rutina, que al subirnos al bus que nos conducirá a casa, rogamos internamente que no suba ninguna persona que nos obligue a cederle el asiento.  Nos acomodamos, nos adueñamos de esa pequeña porción acolchonada –y en algunas ocasiones, dura– de espacio. Pasan los minutos y meditamos mejor, “es un deber moral ofrecer mi asiento a alguien que lo necesite más que yo”, nos convencemos de que es lo correcto. Comienzas a acostumbrarte a la cálida sensación de reposo que tu cuerpo encuentra, tus ojos se doblegan con suavidad y suspiras tranquilo porque sabes que aún queda tiempo para llegar a tu destino. Pero de pronto, el cobrador grita un poco cortés “asiento reservado”; sabes que debes abrir los ojos y ver quien es la persona que lo demanda, sin embargo, te mantienes atento en la oscuridad, esperando a que alguien más realice aquello que te habías propuesto a hacer.

Una gestante o un anciano, suplica que por favor alguien pueda darle, lo que por ley le corresponde. Al parecer, todos duermen y están demasiado agotados como para realizar ese “sacrificio”. La conciencia comienza a martillear a los más sensibles, pero a pesar de eso, la indiferencia que se climatiza en el lugar es más contagiosa que la TBC circulante por el aire.

¿Quién nos entiende? Nos quejamos de otras injusticias e indiferencias, entre comillas mayores, que suceden en nuestro país, cuando los portadores de este suceso amoral disfrazado de excusas, somos nosotros.
El título de aquella imagen, nos hace ver que estamos siendo infectados con el virus de la fría indiferencia, ante personas igual a nosotros. No estamos exentos de algún día llegar a cumplir tantos años que nuestro cuerpo nos cobre la factura, o –en el caso de las mujeres– de ser madres. Las leyes de la vida son así.

¿Sí es algo patológico? No lo creo. Ellos no provocan sueño, sino una sentida indiferencia. Descubrimiento o no, es un claro suceso de la realidad.