Érase alguna vez...
Cuando soñábamos, cuando teníamos el poder creativo de los más grandes genios de la historia, cuando teníamos aquella energía inagotable que fluía a borbotones de nuestros frágiles cuerpos. Esa época ya pasó. La pregunta consiste en saber si esa capacidad latente en cada una de las criaturas que fuimos fue desarrollada y si no lo fue... ¿porqué?
Nacimos. Un día como cualquiera con mañana, tarde y noche. Hablando con Julián recordamos algo de la psicología que nos enseñaron en el colegio. Tras pasar, con un promedio oscilante entre 8 y 10, el test de APGAR comenzamos nuestro desarrollo normal dentro de los parámetros de la ciencia. Pronto, siempre sorprendiendo a nuestros padres, pronunciamos nuestras primeras sílabas. En todo ese tiempo éramos estimulados, nuestras 8 inteligencias iban desarrollándose en proporciones discretas y variables entre uno y otro. Nosotros no lo supimos, no nos percatamos de ello, hasta comenzar la educación institucionalizada en que nos piden notas en azul, cuadernos llenos, láminas Huascarán y agendas escolares firmadas. De pronto aparecían los personajes típicos de la escuela: el niño estudioso y del cuaderno más pulcro, el malcriado, el ausente, el abusivo y otros más y en ese grupo, tomando algún papel quizá, estabas tú y tu cerebro.
La varita mágica del tiempo se agitó y apareciste en el colegio, te enamoraste o eso creíste, hiciste deporte quizá, te apasionaste por algún arte o quedaste entre el común denomidador. Entonces aún conservabas algo de niñez, aún tenías imaginación, aún eras capaz de trasformar en fácil lo difícil. Aún. Entonces por la presión del conjunto de personas con que nos relacionamos (según Julián, por imitación y por el deseo inconsciente de ser adulto). Todo lo complicamos, caímos en el estrés de la vida. Ahora un problema tiene que ser difícil de asumir, las ofensas deben ser difíciles de perdonar, el arte debe ser dejado por algo académico y en la mayoría de personas, mecánico.
Además, y a propósito de las últimas noticias, la cultura va siendo dejada de lado. No solo hablo de programas de televisión específicos, los universitarios suelen usar la frase: '¿y para qué me va a servir este curso que no tiene nada que ver con la carrera?'. Con ello vamos cayendo en la pérdida de ese bichito de la curiosidad que de pequeños nos hacía llevar todo a la boca. Buscamos conseguir un punto de apoyo económico sin más.
Érase una vez un niño que vivía en el cuerpo de un adulto y llevaba el título de: Da Vinci, Newton, Einstein, Mozart, Carroll y muchos más.
PD: Loui dirá que lo que digo parece de onda 'antisistema' pero no, no lo es.

Contrariamente a lo que sugieres, querido amigo, no considero que este sea uno de esos post antisistema, creo que es una delicia de artículo y es sumamente recomendable. De verdad ha agradado mucho a mi mañana poder leerte, te agradezco por ello.
ResponderBorrarRecién lo leo. Genial, gracias por invitarme a esto; ahora trataré de cumplir con los plazos :)
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