huraños, inestables.
Su luz es, a veces, mi oscuridad
y yo
jugando entre cortinas blancas
me convierto en su ciego predilecto.
En el salón su voz se escucha en notas
de un piano viejo,
mi pintura se desliza en el fondo del alma
que se tiñe de rojo
de amor y de dulzura.
Mientras se aleja lentamente
una ilusión,
una canción,
y estrellas
que me miraron alguna vez
para hablarme de noches
serenas, en el mar
de los recuerdos.
Por ello somos de corazones distantes,
su sonrisa es, a veces, mi tristeza
y yo
jugando entre cortinas blancas
soy un ciego menos y un loco más.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario