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Un blog diferente.

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miércoles, 26 de marzo de 2014

El objeto.

Solamente concluyo en esto: ni tú ni yo lo sabemos, ni nadie más lo sabe, somos conscientes de nuestra ignorancia y al mismo tiempo negamos la proposición pues al afirmar que nadie sabe de algo, inclusive nosotros dos, se habla de un objeto que al ser mencionado deja el anonimato y el espectro del que todos ignoran, se retira de su escondite, pasa a ser iluminado. El solo hecho de que diga que algo no lo sé es porque una mínima parte de su naturaleza ha pasado a ser de mi conocimiento, el saber que existe. Lo cual debería conducirnos a concluir una vez más y de modo distinto. 

Ensayo una vez más.

Solamente concluyo en esto: ni tú ni yo lo entendemos ni nadie más lo entiende. Sabemos que le hay, que existe, que tiene una forma y una serie de características, pero no le entendemos, aunque le percibimos, aunque puedes describirle tú de una forma y yo de otra, por supuesto. Qué curioso el cerebro humano, el mismo objeto cambia de forma y de funcionalidad, su naturaleza misma es distinta vista desde mi cerebro y observada desde el tuyo. Es decir, no lo entendemos, pero no porque no podamos describirle, pues al sentirlo puedes describirle tú y puedo describirlo yo, pero ambas descripciones estarán contenidas de características diferentes aún cuando el objeto es el mismo (¿es el mismo?, ¡claro que lo es!). El objeto se divide en dos, pero no por fuerza propia sino porque tú y yo le damos formas diferentes en nuestras desquiciadas mentes. No es que no le entendamos sino que le entendemos de diferentes formas. Lo cual debería conducirnos a concluir una vez más y de modo distinto.

Ensayo una vez más.

Solamente concluyo en esto: ambos, tú y yo, sabemos que existe, lo conocemos, lo entendemos, pero no somos capaces de observar el objeto sin transformarlo porque nuestras mentes transforman todo, todo el sistema de datos almacenados en las líneas de nuestras vidas afectan seriamente en lo que el objeto será para nosotros. Tú y yo miramos el objeto, pero al ser nosotros mismos distintos el objeto se percibe de manera distinta. O sea que, el objeto no cambia, el detalle es que nosotros somos diferentes y el objeto es un factor de equivalencia. Ese objeto, al ser compartido, establece un punto en común de donde tú y yo, aunque diferentes, por esa visagra, en ese hilo conductor que ambos miramos y compartimos, nos igualamos. Y no dejamos de ser diferentes, solo que aquello que sabemos que le hay, que le entendemos aunque diferente porque somos diferentes, ese aquello, nos une, nos identifica, nos iguala frente a él, entonces no somos nosotros y volvemos al objeto. El objeto es ese algo que como objeto no me atrevo a describir, pues mi descripción ha de ser distinta a la de todos los demás seres vivientes. Lo cual debería conducirnos a concluir una vez más y de modo distinto.

Ensayo una vez más.

Solamente concluyo en esto: Tú y yo, ambos, nos amamos. El amor, el objeto.

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