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Un blog diferente.

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viernes, 15 de agosto de 2014

El color de la mentira

«Papi, ¿cuál es tu color favorito?»

Era una pregunta muy simple.
Había sido deslizada con tan vago interés por sus grandes y oscuros ojos; una juguetona sonrisa apareció en su rostro a la vez que le daba un sorbo al jugo de frutas que tenía en sus deditos.
¡Qué curioso! Justo ella lo traía puesto. Un bello listón ataviaba su ondeada cabellera resaltando su infantil coquetería. La ingenua pregunta daba vueltas por mi cabeza, se golpeaba torpemente contra las paredes de mi bóveda cerebral; el eco nublaba mi entendimiento, y sin querer un recuerdo me atravesó, la falla de seguridad se había dado: el monstruo se estaba liberando.  

Oía con claridad la voz de mi madre «Es lo mejor para los dos, hijito, yo volveré por ti. Te lo prometo». El ambiente estaba impregnado de ese color: sus manos olían a frutas cítricas, el azafranado atardecer en el cielo, el color de la fachada del orfanato. Todo, absolutamente todo estaba confabulado, para que ese día ­-sin mi consentimiento-, el naranja se convirtiera en mi color predilecto.

Recuerdo cuanto le rogué que no se fuera, que no me abandonara. Me aferré con fuerza de su vestido, y mientras las monjas intentaban separarme de ella, un botón se desprendió. Aquel objeto me acompañó todos los días en los que la esperé en la ventana, por supuesto, era del color de la mentira. Odiaba que siempre me sirvieran una rebanada de pastel de zanahoria y jugo de naranjas frescas, lo odiaba. ¿Por qué? Porque también llevaban en su contenido el color de la mentira.

Ella jamás volvió, jamás regreso.

Y cuando por fin pude tener mi propia familia, ella también nos abandonó. Después de que nació mi pequeña Sophie; a mi esposa le detectaron una enfermedad incurable. Recuerdo que utilizó su tierno listón naranja hasta su último día de vida. También mintió, el amor no duró para siempre. Mintieron los doctores, mintieron todos.  

«Naranja, ese es mi color, cariño»

¡Ese es mi color! El color de la mentira.


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