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Un blog diferente.

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miércoles, 3 de abril de 2013

Contraintuición: El atributo de pensar contra el razonamiento comúnmente aceptado.



Hace unas semanas leía uno de los últimos artículos para SE del publicista Rafael Hernández. De una manera hábil y desde la perspectiva empresarial, él, todo un creativo, abordaba con mucha destreza esta virtud. La contraintuición conlleva a la innovación auténtica, es pensar contra el sentido de lo comúnmente aceptado; la contraintuición implica ir tras esas ideas descabelladas que nadie ha tomado por ser, a primera vista, ilógicas o sin sentido, porque van contra lo convencional. Ser contraintuitivo implica ser auténtico de verdad y defender lo que se postula pese a que nadie le augure ningún éxito a esa idea. Basta con la convicción personal y debido a que la idea ha sido rechazada por la expertise, pronto el auténtico, el contraintuitivo alzará el triunfo en vista de todos aquellos que antes le reprocharon ir contra la corriente.

“Imaginen una empresa cuya política de reclutamiento incluye “sobornar” a los nuevos empleados para que abandonen la compañía. 
Si esta idea le suena delirante, descaminada, descabellada, es porque lo es. Va en contra de la lógica, la intuición y el sentido común. La mayoría de nosotros no habría dudado en rechazarla y mandar al psicólogo a quien la propuso. Pero habríamos estado equivocados, porque este fue un caso de éxito.
Zappos ofrece a sus nuevos empleados un bono de US$ 1,000 para que renuncien, por una razón muy simple. Quien prefiere esa ‘oferta’ definitivamente no tiene el compromiso y ‘camiseta’ que la empresa busca en sus colaboradores. Así que, ¿por qué no filtrarlos antes de que perjudiquen el servicio que la compañía brinda a sus clientes? Esta política le ha permitido a Zappos mantener un nivel de atención sencillamente asombroso, gracias al cual se convirtió en la más grande tienda de zapatos online.
Rafael Hernández, SE Nº 058 – Febrero 2013.

Pero, ¿la contraintuición se circunscribe únicamente al pensamiento pragmático empresarial? ¿Acaso la autenticidad es una virtud que solamente define productos competitivos en el mercado? A ambas preguntas podemos responder rotundamente que no. Ser auténtico implica en muchas oportunidades ir contra lo que el momento y la circunstancia empuja a las mayorías a hacer. Ser auténtico en el día a día implica en muchas oportunidades ser contraintuitivo. Porque mientras vivimos en la sociedad de las ideas comúnmente aceptadas que trazan las rutas del ‘buen ciudadano’ (entiéndase mis comillas, por favor), ir contra ese sentido, dejar la pose, la moda, tomar la ruta alterna y no la radicalmente opuesta, es autenticidad. Ni violentista ni manipulador, ¿por qué no actuar con honestidad? Así como este ejemplo, existe un cardumen de situaciones polarizadas y todas, sea cual sea el extremo, conducen al error.

Dicen que fue un revolucionario, pero yo discrepo. Él fue un contraintuitivo, incomparablamente auténtico. Jesús de Nazareth no era de los oficialistas serviles a Roma ni tampoco se unió a las filas de Barrabás; no se comportó como un fariseo, pero condenó la idolatría. Él era un contraintuitivo porque nos vino a enseñar que hay algo superior a la intuición, demarcada por la cultura de una civilización malvada y pecadora, y es la aceptación a la Voluntad de Dios. Fue auténtico porque se guió por la autenticidad del Padre. Su nombre ha quedado para la historia como el hecho más importante jamás sucedido. Nadie puede mirar todo lo que le pasó a nuestra raza sin tener que, necesariamente, aplicar: antes o después de Cristo. Así de delimitador, de trascendental es la autenticidad, la contraintuición, cuando abandonamos la idea humana y ponemos en práctica todo aquello de Quien nos creó para ser a Su Imagen y Semejanza.

La pose de hoy profesa más amor hacia un toro que hacia Dios. Esa es la moda, yo invito a que hagamos de nuestras vidas casos de éxito rotundo, que marquemos las vidas de los demás, seamos diferentes, contraintuitivos, auténticos de verdad, que no sea nuestra voluntad la que nos guíe sino la de Aquel que nos amó primero.

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