Hace
unas semanas leía uno de los últimos artículos para SE del publicista Rafael
Hernández. De una manera hábil y desde la perspectiva empresarial, él, todo un
creativo, abordaba con mucha destreza esta virtud. La contraintuición conlleva
a la innovación auténtica, es pensar contra el sentido de lo comúnmente
aceptado; la contraintuición implica ir tras esas ideas descabelladas que nadie
ha tomado por ser, a primera vista, ilógicas o sin sentido, porque van contra
lo convencional. Ser contraintuitivo implica ser auténtico de verdad y defender
lo que se postula pese a que nadie le augure ningún éxito a esa idea. Basta con
la convicción personal y debido a que la idea ha sido rechazada por la expertise, pronto el auténtico, el
contraintuitivo alzará el triunfo en vista de todos aquellos que antes le
reprocharon ir contra la corriente.
“Imaginen una empresa
cuya política de reclutamiento incluye “sobornar” a los nuevos empleados para
que abandonen la compañía.
Si esta idea le suena
delirante, descaminada, descabellada, es porque lo es. Va en contra de la
lógica, la intuición y el sentido común. La mayoría de nosotros no habría
dudado en rechazarla y mandar al psicólogo a quien la propuso. Pero habríamos
estado equivocados, porque este fue un caso de éxito.
Zappos ofrece a sus
nuevos empleados un bono de US$ 1,000 para que renuncien, por una razón muy
simple. Quien prefiere esa ‘oferta’ definitivamente no tiene el compromiso y ‘camiseta’
que la empresa busca en sus colaboradores. Así que, ¿por qué no filtrarlos
antes de que perjudiquen el servicio que la compañía brinda a sus clientes?
Esta política le ha permitido a Zappos mantener un nivel de atención sencillamente
asombroso, gracias al cual se convirtió en la más grande tienda de zapatos
online.”
Rafael Hernández, SE
Nº 058 – Febrero 2013.
Pero,
¿la contraintuición se circunscribe únicamente al pensamiento pragmático
empresarial? ¿Acaso la autenticidad es una virtud que solamente define
productos competitivos en el mercado? A ambas preguntas podemos responder
rotundamente que no. Ser auténtico implica en muchas oportunidades ir contra lo
que el momento y la circunstancia empuja a las mayorías a hacer. Ser auténtico
en el día a día implica en muchas oportunidades ser contraintuitivo. Porque
mientras vivimos en la sociedad de las ideas comúnmente aceptadas que trazan
las rutas del ‘buen ciudadano’ (entiéndase mis comillas, por favor), ir contra
ese sentido, dejar la pose, la moda, tomar la ruta alterna y no la radicalmente
opuesta, es autenticidad. Ni violentista ni manipulador, ¿por qué no actuar con
honestidad? Así como este ejemplo, existe un cardumen de situaciones
polarizadas y todas, sea cual sea el extremo, conducen al error.
Dicen
que fue un revolucionario, pero yo discrepo. Él fue un contraintuitivo, incomparablamente
auténtico. Jesús de Nazareth no era de los oficialistas serviles a Roma ni
tampoco se unió a las filas de Barrabás; no se comportó como un fariseo, pero
condenó la idolatría. Él era un contraintuitivo porque nos vino a enseñar que
hay algo superior a la intuición, demarcada por la cultura de una civilización
malvada y pecadora, y es la aceptación a la Voluntad de Dios. Fue auténtico
porque se guió por la autenticidad del Padre. Su nombre ha quedado para la
historia como el hecho más importante jamás sucedido. Nadie puede mirar todo lo
que le pasó a nuestra raza sin tener que, necesariamente, aplicar: antes o
después de Cristo. Así de delimitador, de trascendental es la autenticidad, la
contraintuición, cuando abandonamos la idea humana y ponemos en práctica todo
aquello de Quien nos creó para ser a Su Imagen y Semejanza.
La
pose de hoy profesa más amor hacia un toro que hacia Dios. Esa es la moda, yo
invito a que hagamos de nuestras vidas casos de éxito rotundo, que marquemos
las vidas de los demás, seamos diferentes, contraintuitivos, auténticos de
verdad, que no sea nuestra voluntad la que nos guíe sino la de Aquel que nos
amó primero.

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