La mesa estaba dispuesta, diversos alimentos entre los que figuraban frutas, oleaginosas, cereales y pan se presentaban desordenadamente en una canasta al centro de la mesa. Una mujer de aspecto algo rechoncho movía un cucharon dentro de una olla vieja pero muy bien conservada mientras silbaba alguna canción antigua. En una de las sillas del pequeño comedor, un hombre delgado y serio leía algo en el celular, quizá noticias, quizá otro tipo de información. Para las diez de la mañana de ese día, el resto de la familia se unió al desayuno y al cabo de algo más de media hora, uno por uno fueron retirándose en progresión silenciosa, casi religiosa.
Para las diez con veinte, una llave giró la cerradura de la puerta que daba a la calle y esta se abrió lentamente. Lucy entró despacio y temiendo alguna recriminación. Llevaba aquel mismo libro que se ha mantenido en el anonimato hasta hoy y aferrado a este, se dirigió sin pensar más hacia la cocina: La casa estaba vacía.
En ese ambiente, una mesa circular, pequeña y de patas relativamente cortas, le daba la bienvenida con una nota escrita en una hoja grande, con una letra desordenada: "Hay comida en el fridge". Tomó la hoja, la arrugó y la depositó en un tacho cercano. Tras esto, se dirigió a uno de los sillones que estaban en la sala y se dejó caer en uno de ellos. Abrió el libro y observando la página en que estaba, parecía ser que pretendía terminar de leer un capítulo inconcluso.
Aquellos que han seguido la historia desde el comienzo se preguntarán la razón que justifique que Lucy tenga en su poder el libro siendo que ella, según el acuerdo, lo recibía en la tarde y lo entregaba en la mañana...
El día catorce de ese mes, Miguel no se apareció jamás, ella tampoco lo hizo, pues al enterarse de que no iría a recoger el libro, celebró la ocasión con un día de lectura en algún parque distante de su casa. De esa forma se invirtieron los turnos y aunque nada conveniente para Miguel, pareció no importarle mucho. Así Lucy quedó un tanto más convencida de que aquel trato había resultado en un buen negocio.
La fecha que marcaba el calendario era el décimo séptimo día del mes de junio. Este día tuvo en el cielo un cielo radiante y nubes escasas, llegaban rayos de luz que parecían proceder de muchos soles al mismo tiempo, que invadían la casa y se reflejaban en espejos, lozas, vidrios y todo objetivo que pudiere reflejarlos. Ante la observación de ello Lucy dejaba el libro para abstraerse en sus pensamientos. Pensar que de un momento a otro tendría que alejarse de su ciudad, su familia, su biblioteca favorita, sus parques elegidos para el buen ocio y la recreación. No derramaba lágrima alguna, pero el corazón lo mecía compungido en actitud triste, algo por lo que su familia había evitado hacerle observación alguna sobre sus salidas y actitudes.
En tanto seguía encerrada en sus pensamientos, el celular sonó. Su contestación algo apagada se llenó de sorpresa y tras un par de minutos de conversación, se levantó pesadamente del sillón, recogió sus llaves y también el libro, y salió a paso ligero.
La casa quedó inmóvil recogiendo la alegría que llegaba con los rayos de luz, asumiendo un aspecto primaveral aunque era otoño y el invierno se asomaba ya. Los ambientes inhabitados se refrescaban con el paso del viento frío y en el patio un pequeño aspa de molino giraba suavemente.
Vnto
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