Hay ciertas cosas que no puedo entender. A
diferencia de ellos, yo creo que pienso mucho menos, mucho, mucho, mucho menos.
Me gusta correr, jugar, comer, dormir, saltar, salir al parque, caminar por la
calle, sentir el agua, me gusta todo eso cuando es con él, con ella también y
de vez en cuando con los que vienen a visitarlos.
No sé cuántos años tengo, pero nunca me he
sentido tan solo como hoy. Recuerdo cuando una vez él se quedó solo llorando en
una de las esquinas de la casa, gritaba con desesperación diciendo que no tenía
a nadie, que se sentía solo y que no podía más con ese vacío. Recuerdo que fui
hasta él y me senté a su lado, no sé dar besos como ellos lo dan, pero
intentaba demostrarle que yo no era invisible, que decir que estaba solo
significaba ignorarme. Recuerdo que me miró con el mayor gesto de amor y me
sujetó de la cabeza, me abrazó muy fuerte y me agradeció por haber estado allí,
me prometió que jamás me dejaría solo a mí, que íbamos a ser los mejores,
mejores amigos de toda la vida. Luego me dijo que así sus padres hayan muerto
era bueno que yo esté allí, me dijo que su familia solo dejaría de ser el día
en que yo ya no esté. Me pregunto si recordará eso.
Luego llegó ella y ella era tan buena con él
que ya no quería que se vaya, era tan feliz de verlos juntos, sentía que
nuestra familia iba creciendo. Ella me decía hijito, era más cariñosa conmigo,
le gustaba hacerme mucho cariño y a veces cuando se peleaba con él, venía a mí.
Me dijeron que yo iba a ser su hijito, que siempre iba a estar con ellos.
Dijeron que me amaban. Me pregunto si recordarán eso.
El problema es que yo jamás pude decir nada.
De hecho, sí lo intenté, pero no puedo hablar y ladrar no es tan efectivo que
digamos. Yo no necesité verlos en la más extrema necesidad ni en la más
encumbrada felicidad, yo simplemente les juraba todos los días que estaría con
ellos hasta siempre, siempre. Todos los días les repetí que los amaba. Dios me
había puesto allí con ellos, y ellos eran mi mundo, no había nada fuera de
ellos que me importara. Todos los días me esmeré en cuidarlos al máximo, en
hacerlos felices. Recuerdo que reíamos juntos por tantas horas. Me pregunto si
ellos supieron eso, me pregunto si lo recordarán.
No sé cuánto tiempo ha pasado desde que
salimos en el auto de él. Era como de costumbre, salíamos a pasear, yo bajé
primero. Ellos no bajaron jamás. Ella me sonrió llorando, estaba pálida, el
auto arrancó y se fue. Corrí y ladré con todas mis fuerzas, ¡juro que fue con
todas mis fuerzas! Pero ese auto corría más rápido que yo. No quiero que nada
les pase, estoy tan preocupado por ellos, los extraño demasiado, tengo que
encontrarlos porque sé que esperan que haga valer mis promesas aunque ni
siquiera las hayan entendido, porque ellos me aman y no podrían ser felices sin
mí.
Estoy perdido. Tengo hambre y sed.
No me voy a detener por ningún motivo, ellos
esperan por mí, lo sé. Ellos me aman.
No sé si ellos puedan recordar, a veces creo
que no recuerdan nada. Pero yo los recuerdo a ellos y seguiré.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario