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Un blog diferente.

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domingo, 13 de octubre de 2013

Giro a siniestra - (2)

El mar se extendía infinito ante sus ojos y gaviotas se lanzaban como flechas, desaparecían un momento, y emergían del agua con algún pez. Las voces de los hombres ofreciendo sus productos se escuchaban a lo lejos en el mercado, la gente y sus embotados olfatos caminaban sobre los charcos de agua sucia y tripas de pescadoy a la distancia se observaba pescadores que llegaban exhaustos de su viaje nocturno arrastrando las pesadas barcas. El pequeño miraba todo esto absorto desde donde estaba, limpiaba sus manitas sucias en su ropa andrajosa y engullía un poco de pescado que buenamente una mujer le había dejado en un plato. Sus ojos curiosos contemplaban la vida y aunque aún no sabía mucho, sabía que a la fuerza debía atribuirse un nombre: Santino.
Miraba el horizonte con la mirada perdida, como un anciano que recuerda años gloriosos pero sin haberlos vivido aún. Y apenas habían pasado algo más de tres años desde aquel día en que el invierno casi dejaba de ser, día en el que dejó la oscuridad de un mundo conocido hasta entonces y se convirtió en una criatura que poco a poco fue creciendo. Como parte de su vida en las costas sus cabellos se volvieron más oscuros al igual que sus ojos, poco a poco su pequeña cabeza fue adquiriendo una forma distinta y todo él llegaba casi al metro.
El muelle emitía crujidos y algunos de sus tablones gruesos parecían seguirle el ritmo al oleaje. Él contemplaba el mar como tantas veces, miraba cómo las olas llegaban hasta la orilla y regresaban arrastrando consigo pequeños moluscos y piedritas. El horizonte seguía allí, parecía no haber variado jamás, pero en él todo había cambiado.
Ella no regresó. Pero él no la extrañaba, no sabía quién era ella y aún no se lanzaba en búsqueda de los porqués ni de sus orígenes. Tan solo el infinito reflejaba la idea de continuación y de comienzo entonces en su mirada ilusionada e infantil se preguntó por primera vez qué había más allá de la línea azul.

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