durante una tarde de ausencia prolongada.
El mar, la tierra, los azules matices del cielo
se desarmaron ante el pardo de sus ojos.
Murió la flor,
renunció la noche,
y entre largas horas, la vida de a pocos
se convirtió en un rompecabezas de piezas infinitas.
Fue cayendo del cielo un disco dorado,
el amor invadió el espacio
en su rojo romántico.
Se enamoró el mar del cielo
y en horas de soledad sus ojos pardos se escondieron
y su cuerpo se unió a la mar.
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