En este momento...
Entre la absurdidad de las palabras directas y poco pensadas que pintaban la carta que tengo ahora en manos vuelvo a fijarme en las de ella. Vuelvo a enfocar el anillo y dejo que mi corazón lata a sus anchas, el mundo se me ha hecho pequeño, homogéneo y embarrado en el color que solemos asignar al amor.
Y ella...
me mira de la misma forma en qué lo hizo, tantas veces, antes en ese ayer que ahora recordamos, ese que hoy nos roba una sonrisa, un te quiero, un abrazo y un beso. Una garúa ligera brota de nuestros ojos, la carta se humedece y no puedo permanecer más con ella si no quiero destruirla. Ella me mira otra vez, sonríe y me toma de la mano. Me toma con la mano que tiene el anillo.
Me ha susurrado en el oído: Somos invisibles.
Somos invisibles...
Y hemos borrado nuestro rastro. Somos ahora una historia, somos ahora una carta. Y mientras la ciudad se borra sigue allí testigo de la historia, el viento. Y duerme sobre una banca de madera vieja...
... la carta...

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