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miércoles, 23 de octubre de 2013

Un camino de palabras – II

El que escribe en el alma de un niño escribe para siempre.
Anónimo

En cada niño nace la humanidad.
Jacinto Benavente

He sido un niño pequeño que, jugando en la playa, encontraba de tarde en tarde un guijarro más fino o una concha más bonita de lo normal. El océano de la verdad se extendía, inexplorado, delante de mí.
Isaac Newton

He llegado por fin a lo que quería ser de mayor: un niño.
Joseph Heller

El secreto de la genialidad es el de conservar el espíritu del niño hasta la vejez, lo cual quiere decir nunca perder el entusiasmo.
Aldous Huxley

Educar a un niño no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía.
John Ruskin


***
La semana pasada escribí sobre la aventura de descubrir un camino de palabras nuevas y el privilegio de pensar como niño en momentos cuando es necesario. Al parecer por las frases expresadas por pensadores, escritores y personajes influyentes en la sociedad de su época no soy ni el primero ni el único. Y en base a esta inquietud universal de cómo descubrir el pensar de un niño es lo que escribiré hoy.
No soy padre, para empezar. Pero sí fui niño. Un participante en el proceso de la educación. Asimismo, el día a día de mi trabajo me permite conversar conocer muchos padres y sus preocupaciones.
Hace un mes aproximadamente, un amigo tuvo su hijita. Y hace unos días conversamos sobre la paternidad en los aspectos que conocimos. Nosotros como hijos, él como padre, yo como tío, él como hermano, yo como observador, él como consejero familiar, yo como psicoterapeuta.
A raíz de esa conversación comprendí que no existe una guía o un plan estricto para ser padre. Pero lo que existe son pautas que más o menos esbozan un objetivo: No fracasar como padres proveyendo a nuestros hijos las herramientas necesarias para superar los obstáculos que se le presenten en esta vida.
Entonces el fracaso como padres ocurre cuando estas herramientas no funcionan y las consecuencias se hacen mucho más tangibles al tener que depender nuevamente del abrigo del padre para superar un obstáculo no superado.
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Las herramientas de afronte que tenemos las aprendimos de nuestros padres, en primer lugar. Es en la adolescencia cuando decidimos seguir utilizándolas o cuestionarlas. Al cuestionarlas aprendemos otras herramientas de afronte a partir de nuestra interacción en nuestro grupo social. Y, conforme vamos creciendo, aprendemos con mayor voluntad y apoyados en el filtro de nuestra razón. El uso equilibrado de nuestra voluntad y la razón nos llevan, por lo tanto, a la madurez. Y estamos preparados para educar a nuestros hijos en lo aprendimos y consideramos útil para ellos. Sin embargo, a medida que ellos crecen tienen a su vez la opción de cuestionar nuestra educación y decidir si desean seguir con lo aprendido o aprender nuevas herramientas de afronte. Y así hemos venido desarrollando nuestro carácter durante generaciones.
Entonces el foco de nuestra atención puede centrarse en el desarrollo de dos factores importantes de la cognición humana: la voluntad y la razón. Traduciéndolos a términos educativos sería el autocontrol y el razonamiento.
No hay mejor enseñanza sino a través del ejemplo. Por consiguiente, estos dos factores han de ser pilares de nuestro carácter y posteriormente, y sin lugar a dudas, lo serán de nuestros hijos.
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- ¿Cómo integras el aspecto espiritual al momento de conversar con tus clientes? - me preguntó mi amigo, quien cumplió un mes de ser padre.
- Es una dimensión transversal al ser humano – Le respondí
No dejamos de ser espirituales en ningún instante, a veces pensamos como si fuera una opción de bloquear/desbloquear. Sin embargo, desde mi punto de vista, es un aspecto que es inherente al ser humano. Al momento de tomar decisiones las tomamos basadas en nuestras creencias y éstas son particulares según cada vivencia que tengamos. Por lo tanto, las creencias que tenemos son la traducción cognitiva de nuestra vida espiritual.
Del mismo modo en que hacemos ejercicios para mantener la salud física, que estudiamos o trabajamos para mantener la salud mental, que conversamos con nuestros amigos para mantener nuestra salud social, deberíamos también desarrollar actividades espirituales para mantener un equilibrio integral. La mayor necesidad, entonces, se dará en la crianza al buscar desarrollar e integrar estos cuatro aspectos transversales a la vida de un menor. Ahí se ejercitará la voluntad (dominio propio) y la razón como herramientas vitales para el camino que le corresponderá seguir, aún cuando ya no estemos acá.
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TED, el portal de videos de conferencias motivadoras, innovadoras y de interés público presenta cuatro casos de niños que destacaron a su temprana edad y que tienen muchas ideas por compartir con todos. Te invito a verlo en el siguiente link: http://blog.ted.com/2013/03/06/4-inspiring-kids-imagine-the-future-of-learning/ y a compartir tu opinión en el portal de DTLP.

martes, 3 de septiembre de 2013

Luces en el ático - II

Aquel día llegué, como siempre, a casa traído por el bus escolar. El bus, un espacio para probar nuestras habilidades en equilibrio pues nos retábamos a saber quién soportaba más tiempo de pie mientras el gran vehículo surcaba los baches y los rompemuelles en la pista. A pesar de tener asientos disponibles preferíamos la sensación de vacío en la planta de nuestros pies cada vez que el bus saltaba o se hundía.

Aquel día llegué a casa. Como siempre. Mis padres me saludaron y, observando sospechoso sus rostros, compartí con ellos el almuerzo. Fui un estudiante bastante responsable (aún intento serlo), así que después de terminar mis tareas viendo de reojo el misterio en el rostro de mis padres, dijeron: "Hijo, hoy nos vamos a comprar tu bicicleta." La emoción de ese entonces solo pudo ser superada por el hecho de manejar aquella bicicleta unos días después.

Los primeros intentos fueron rotundos fracasos. Aunque pensándolo mejor, no lo fueron del todo. Hace poco cuando leía la biografía de Tomas Alva Edison, él decía: "No fracasé, solo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla." Y en el intento mil descubrió la real forma de cómo hacerla. Por lo tanto, ahora creo que la perspectiva que debo tener de mis errores es que son oportunidades para repensar otra solución.

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Esa tarde llegó de la universidad. Solía regresar feliz con una dosis de secretos en sus ojos. Miré cómo se acercaba trayendo sus cuadernos anillados. Me abalancé para coger uno ellos y no soltarlo. Aún no sabía leer, pero había algo que me atraía de esos cuadernos, el anillado, los colores de los bordes  de las páginas que cambiaban cada cierto número de hojas, las formas de las letras y los dibujos extraños, aquellas palabras largas, conjunto de letras, grupo de líneas y curvas…

Regresaba también con libros que sigilosamente sustraía y miraba las imágenes de cortes trasversales y longitudinales a las partes del cuerpo, los diagramas de los sistemas circulatorio, nervioso, muscular, digestivo, respiratorio me causaban interés. Me encontraba in fraganti y se percataba que acababa de pintar un garabato en la página final.

Su paciencia no se acabó, tampoco su afecto. Yo era su hermano pequeño y en el fondo nos queríamos a pesar de que le hiciera tantas travesuras a sus útiles de estudio y ella me atacara con cosquillas y almohadones en la cara. Creo que Dios le dio la oportunidad de prepararse para ser madre doce años antes. Y a mí, la lección de ser tanto o más tolerante con mis sobrinos que ahora hacen travesuras con mis cosas.

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La vida, un espacio de tiempo en la historia de la humanidad. Un momento de respiro, un chispazo de luz en el universo. Si nuestra visión del mundo se redujera a ello parecería no tener sentido seguir adelante. Sin embargo, Dios colocó en cada ser humano la necesidad de trascender, de ir siempre un poco más allá. Agradezcamos a quienes nos acompañan en este caminar y disfrutemos una vez más cada día de las oportunidades que Dios nos da para trascender, corrigiendo nuestros errores; festejando nuestros aciertos.

martes, 27 de agosto de 2013

Luces en el ático - I

Desde los hombros de mi padre todo era posible.

El calor del sol en el ambiente mezclándose con el viento lozano, característico en la sierra. En la sombra, frío; y en la claridad, calor. Acaban de llegar los juegos mecánicos. Me cojo de la mano de mi padre fuertemente para no caer. El tamaño de aquellas máquinas de diversión es enorme, en un lado de la feria las manzanas acarameladas se preparan, los algodones de azúcar se muestran por sobre las cabezas de los transeúntes, del mismo modo los hombres en zancos repartiendo invitaciones para la función del circo esa tarde, y la multitud de personas vestidos y peinados conforme a la moda de esa época. Fines de los ochenta. 

“Cerrito de la Libertad”, el mirador hacia toda la ciudad. El clima perfecto y las nubes de lluvia en el horizonte. Los caminos sinuosos a través de las jaulas del zoológico, algunas águilas, monos pequeños y los peces. Como atracción principal: un león dormilón que cuando rugía todos se espantan y asombran.

El carrusel que intercalaba caballos, motos y carros. Kapuká, decía para hacer entender mi deseo de subir a una cabalgata imaginaria. Aún en los hombros de mi padre, llego hasta la boletería y luego me suben al juego. Busco mi caricatura favorita en la pared del centro y me acomodo para que empiecen las vueltas. Mis padres me saludan y hacen ademanes para saber de mi felicidad mientras cabalgo imaginariamente acompañado de Condorito.

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La luz ingresa en mi dormitorio a través de la ventana. No otra vez, digo para desanimarme de ir al colegio. Me alisto a regañadientes entre la luz azul de la madrugada y entre mis papeles encuentro un libro que dejé a medias, lo guardo en mi mochila. Me despido raudo después del desayuno.

A la hora del recreo me pongo los audífonos y escucho la  música juvenil de ese entonces. Siguiendo el mainstream. Al descansar en las sillas del parque interno del colegio veo a los niños de primaria jugando a las chapadas, los niños de sexto grado repartiendo sus cartas de batalla de personajes de dibujos animados y las niñas intercambiando merchandising de la serie/novela adolescente de moda. Cada uno (incluido yo) cumpliendo nuestro rol según el estereotipo de nuestra edad.

Al repasar la mirada por los balcones veo bajar por las escaleras a un grupo de chicas que conversan entre ellas sobre los temas que no podía imaginar a esa edad. Una de ella tenía una sonrisa bella y al lado de su sonrisa, un lunar. Le presté mayor atención, se dirigían al quiosco a comprar algunas golosinas. ¿Cómo imaginar que siete años después estaríamos conversando tomados de la mano, en la universidad?

***

Los errores que un hijo comete, duelen a los padres. Incluso, creo que un poco más a las madres. Había defraudado a mis padres, no podía perdonarme a mí mismo esas actitudes de rebeldía, alejamiento y contradicción de los principios que en la niñez había aprendido a aplicar a mi vida.

Mi madre tomó la iniciativa. Hijo, perdónanos por no estar tan cerca de tus problemas – dijo triste y firme al mismo tiempo. Entendí que se culpaban de mi comportamiento, sin embargo, también entendí que mi responsabilidad en la preparación para mi madurez debió empezar hace mucho. Así es mi madre, me dice mucho con pocas palabras.

Esa mañana la noté distinta. La energía que tenía en sus ojos se estaba acabando. Me prometió que haría lo posible porque todo mejoraría. Miró a mi padre a los ojos. Y nos pedimos perdón, los tres. No volví a salir de casa para hacer cosas ilegales. No volví a pensar que podría ser dueño de mi futuro sin considerar a mis seres queridos.

***

Hoy, unos años después. Miro atrás y reviso los episodios que viví. Hubieron eventos que nos afectaron y nos pusimos tristes, hubieron situaciones en las que gracias a alguien terminamos beneficiados, hubieron discusiones que pudimos evitar, hubieron personas que pudimos conocer más y mejor, hubieron momentos en que debimos agradecer y dedicar más de nosotros mismos. 

Sin embargo, aprendí a estar satisfecho por lo vivido y resarcir los errores que cometí, a apreciar cada instante, a planificar el futuro apreciando la compañía de nuestros seres queridos, a perdonar, a pedir perdón y a agradecer a Dios por la vida, familia y amigos que tengo.

Nos vemos el siguiente martes.