martes, 8 de octubre de 2013
Quisiera quedarme con tu presencia
Quisiera quedarme con tu presencia,
Acogerme en ella.
Despertar un día muy temprano,
Revisar si está aún aquí,
Saber que no se fue.
Quisiera quedarme con tu presencia
Cuando al pensar haberla perdido
La encuentro huyendo de mi egoísmo,
Sabiendo que no fue bueno
... que no fue mi intención.
Quisiera quedarme con tu presencia,
Tenerla presente
En la luz de nuestra vida,
En la sombra de nuestros sueños.
Refugiarla
De los peligros,
Aprender de ella
A enfrentarlos.
Quisiera quedarme con tu presencia
En el parque para jugar,
En nuestro hogar después de trabajar.
Luego,
Escribir al atardecer
Juntos
Nuestra historia en un papel.
Quisiera quedarme con tu presencia,
Pero no lo puedo hacer,
Mañana ya no estará:
Te la habrás llevado
De acá.
Quisiera...
Entonces...
Regalarte la mía,
Sí.
Mi presencia
Envuelta en papel
Con dibujos de colores
Que hicimos ayer.
Te la regalo hasta tu regreso,
Te la regalo hasta pronto
Para que la lleves en tus días
De alegría y de luz,
Para que la lleves en tus noches
De nostalgia y gratitud.
Para que la encuentres bajo la sombra de un árbol
Al descansar,
Para que le cuentes
Las aventuras que has de pasar.
Para que converse contigo
Durante el camino
De las cosas que reíamos,
De los secretos que teníamos.
Para que te proteja
Cuando el camino se haga rudo,
Para que te refugie
En un lugar seguro.
Para que te acompañe
En el camino de regreso,
Para que te traiga
Hasta donde te espero.
Desde hoy,
Todos los días
En mi silencio.
Quisiera quedarme con tu presencia,
Acogerme en ella,
Decirle mi secreto:
Que la quiero,
Que la espero.
lunes, 30 de septiembre de 2013
Giro a siniestra - (1)
Cayó una hoja, era la última en morir en aquél invierno ya que la primavera empezaba a apoderarse del tiempo. El sol se alzó sobre el pueblo, y los campos empezaron a reverdecerse.
Pasando por el mercado del distrito se extendían calles amplias y tiendas abarrotadas de productos, las voces cuchicheantes de los transeúntes pasaban casi desapercibidas entre los voceríos que lanzaban los vendedores de la zona. Una amalgama de aromas a verdura, sangre, pescado y especias se asomaba a las narices de los compradores. La fétida mezcla invadía los olfatos y se impregnaba en las prendas. Era fácil distinguir a un citadino de alguien del pueblo, puesto que los que asistían con más frecuencia ya tenían embotados sus olfatos, sin embargo los que recién llegaban parecían estar asfixiándose. Los billetes y monedas circulaban a gran velocidad, paquetes, sacos, bolsas eran transportadas de un lado a otro, la agitación de la gente aumentaba conforme las horas avanzaban y el lugar estaba cada vez más ocupado...
Un grito lejano frenó el ritmo acelerado del día por un instante. Se oía un llanto y éste provenía de una tienda del sector de Los Pescadores. Una mujer tendida en sábanas gritaba, gruñia y sudaba mientras a su lado un hombre le daba indicaciones muy cerca de su oído. La tienda, apenas sostenida por palos y cubierta por mantas compuestas de retazos, tambaleaba ante los vientos sin perder por completo su equilibrio. Y allí, con los ojitos llenos de lágrimas, tras un par de horas la criatura dejó que el mundo invada en parte sus sentidos, sólo en parte, y se calmó cuando estuvo ya en los brazos de la mujer que la había expulsado de sí.
Pasando por el mercado del distrito se extendían calles amplias y tiendas abarrotadas de productos, las voces cuchicheantes de los transeúntes pasaban casi desapercibidas entre los voceríos que lanzaban los vendedores de la zona. Una amalgama de aromas a verdura, sangre, pescado y especias se asomaba a las narices de los compradores. La fétida mezcla invadía los olfatos y se impregnaba en las prendas. Era fácil distinguir a un citadino de alguien del pueblo, puesto que los que asistían con más frecuencia ya tenían embotados sus olfatos, sin embargo los que recién llegaban parecían estar asfixiándose. Los billetes y monedas circulaban a gran velocidad, paquetes, sacos, bolsas eran transportadas de un lado a otro, la agitación de la gente aumentaba conforme las horas avanzaban y el lugar estaba cada vez más ocupado...
Un grito lejano frenó el ritmo acelerado del día por un instante. Se oía un llanto y éste provenía de una tienda del sector de Los Pescadores. Una mujer tendida en sábanas gritaba, gruñia y sudaba mientras a su lado un hombre le daba indicaciones muy cerca de su oído. La tienda, apenas sostenida por palos y cubierta por mantas compuestas de retazos, tambaleaba ante los vientos sin perder por completo su equilibrio. Y allí, con los ojitos llenos de lágrimas, tras un par de horas la criatura dejó que el mundo invada en parte sus sentidos, sólo en parte, y se calmó cuando estuvo ya en los brazos de la mujer que la había expulsado de sí.
Con melodías suaves que se mezclaban con el bullicio del lugar llegó a arrullarlo. Un silencio relativo se apoderó de la escena, la gente avanzaba en un mutismo artificial,sobre las sábanas el sudor formaba diminutos charcos y los hombres suspiraban con cierto alivio.
Y entonces ambos cerraron los ojos...
1
viernes, 27 de septiembre de 2013
Adiós, nunca más.
«No
te digo adiós, sino hasta siempre, y aunque hoy tenga que irme, sé que no te
olvidaré. Queda una canción que me habla de ti y por eso no te digo adiós.»
Quería escribir, pero no lograba
concentrarme. Tiré a un lado el lapicero azul, y me puse de pie, como queriendo
encontrar respuestas. Estaba inmersa en una inexplicable tristeza y fue cuando
decidí respirar hondamente, que pude escuchar con claridad la canción que
resonaba en el fondo, muy a lo lejos.
Un rayo de sol atravesaba mi gran
ventana, corrí mis cortinas un poco y deshaciéndome de la vidriosa barrera, me
incline para oír mejor la melodía que mi vecina disfrutaba. Inevitablemente la
brisa primaveral me dio la bienvenida, mi corazón se estrujó, el invierno ya
llegaba a su fin.
Los niños corrían y no pude detener el
recuerdo que a mi mente asaltaba, el parque lleno de verde pasto y multicolores
florecillas ya no me hacían sonreír, por el contrario, sentí una fría lágrima
resbalarse sin permiso por mi mejilla. Añoré el poder salir y correr a su lado,
poder quejarme de su incansable actividad, y reírme de sus mañas coquetas para
encantar al que pasara por su lado.
«Gracias
no parece suficiente, y me suena un poco triste escribirte en un papel. Es
mejor reír, recuérdame así, es la forma de irme más feliz.»
Retrocedí, la canción martilleaba y
jugaba con mis emociones; en realidad me sabía triste escribir su despedida en
un papel. Miré a un lado y colgada sobre mi cama había una fotografía, era el
cartelito que me habían dado por mi cumpleaños y ahí estaba mi pequeño
recuerdo. Reí, ¡todo lo que había costado tomarle esa foto!
La única forma de hacer feliz el adiós
era reír. Comencé a tararear la armonía, yo me sabía de alguna manera esa
canción; rememoré cuando se acurrucaba para dormir y solo mi voz cantándole una
rima de cuna podía hacerle descansar.
»Por
todo lo que compartimos, los momentos que vivimos, nada nos va a separar. Porque
se abrieron los caminos desde el día en que elegimos, ir a ver que hay más
allá. No es un adiós, crecemos dos, es solo dar un paso más y por eso no te
digo adiós nunca más.»
Primavera, primavera, ¿por qué desplazas al gélido e inculpable
invierno? ¿Por qué anhelas llevarte mis recuerdos? Los Casi Ángeles capturaron a la perfección este “adiós” en una canción. No te digo adiós
amigo, nunca más. Porque aunque el invierno que vivimos juntos fue corto, la
primavera que vendrá será eterna.
jueves, 26 de septiembre de 2013
Létrida
Recorto letras que pego,
luego, en un lienzo de color
verde y sobre un cartón
que exuda frases tenues
de una antiquísima canción.
Mis palabras se limitan,
limitadas éstas son.
Las palabras son arcilla
que moldeo al dulce son
de los ritmos del corazón,
tan risueño y juguetón.
De los bordes líneas blancas
han guiado mi pasar
tijeresco y preciso
de cortante caminar.
Fondos rojos son las vidas;
color sangre, el corazón.
Verde, azul, celeste, negro,
el naranja, y el marrón:
En colores la vida se refracta,
la razón se envuelve entre cortinas de seda
y el nacer de un nuevo día
hace cantar a algún corazón corazón.
luego, en un lienzo de color
verde y sobre un cartón
que exuda frases tenues
de una antiquísima canción.
Mis palabras se limitan,
limitadas éstas son.
Las palabras son arcilla
que moldeo al dulce son
de los ritmos del corazón,
tan risueño y juguetón.
De los bordes líneas blancas
han guiado mi pasar
tijeresco y preciso
de cortante caminar.
Fondos rojos son las vidas;
color sangre, el corazón.
Verde, azul, celeste, negro,
el naranja, y el marrón:
En colores la vida se refracta,
la razón se envuelve entre cortinas de seda
y el nacer de un nuevo día
hace cantar a algún corazón corazón.
miércoles, 25 de septiembre de 2013
(Yo) No me la llevo fácil - Parte II
Mi nombre
es Silvia, soy más limeña que todos los limeños, mis padres viven aquí desde
hace varias generaciones y hasta hoy mi mundo era la chacra, pero ellos dicen
que hay más, más allá.
Cocachacra
está en Lima, pero no en la Lima de los pudientes, Cocachacra es la otra Lima,
esto está cerca a la Carretera Central y bien metido, allá donde la pobreza es
lo de todos los días y por eso no éramos conscientes de nuestra condición. Mis
padres son viejitos, se sacan la mugre para que la tierra produzca y son bien
buenos. Mi mundo hasta hoy era la chacra, pero ellos me han abierto los ojos,
ellos dicen que no y tienen razón porque yo no les creía, pero tienen toda la
razón porque me han llevado hasta ese lugar, el centro de Lima, donde nadie se
parece a mí y nadie viste como yo, nadie habla como yo, todos tan diferentes,
como en la tele. Bueno, yo no tengo tele, aquí casi nadie tiene tele, pero la
señora Lucha tiene tele en su tienda y todos vamos para allá y los del centro
de Lima son como en la tele, solo que en la tele todos sonríen y son buenos,
ellos no me han sonreído ni han sido buenos conmigo. Me han mirado feo, uno me
escupió, las señoras me han mirado feo, yo también quiero mi pelo de colores,
dicen que son regias; pero yo soy más limeña que todos ellos, dicen ellos, mis
nuevos amigos.
Una
casa grande, vieja, de adobe, pero pintadita. Tiene muchos detalles en madera y
es un lugar antiguo, antiguo. El lugar es oscuro y en una de esas habitaciones
me esperan varios chicos, más o menos quince o veinte, no sé bien. Todos tienen
el puño derecho en alto, me quieren hablar del Presidente Gonzalo, yo quiero
saber bien qué pasa porque estoy confundida.
Mi
nombre es Silvia, pero ellos me dicen camarada. Dicen que soy la clase obrera,
marginal y explotada. Dicen que todo es culpa de mis padres y los que son como
ellos, que somos una raza de rezagados, postergados, siglos de abuso, dolor,
hambre, ellos dicen que pudieron más aunque son menos porque lucharon, porque
pelearon. Ellos son tienen más, pero nosotros somos más. Dicen que mereceríamos
estar muertos por estúpidos, pero que ya es hora de despertar, que la lucidez
ha llegado, que tenemos que dejar todo atrás, que la historia espera por
nuestra recompensa, ¡viva el partido comunista del Perú!
Tengo
miedo.
martes, 24 de septiembre de 2013
Vida en tus sueños.
Nunca te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío se queme,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay Fuego en tu Alma,
Aún hay Vida en tus Sueños.
Mario Benedetti
***
Lentamente los ojos de Ramiro
se fueron cerrando. Sofía, asida de sus manos, lloraba, casi sin hacer ningún
ruido. Solo unos sollozos, suspiros incompletos, mutismo sobrio. Todo en ella
parecía tomar un sentido cada vez más sutil. La forma en que articulaba las
palabras, la entonación y fuerza en que se emitían parecían desvanecerse.
Hablaba para sí, no para los que le rodeaban. Las preguntas que tenía se le
acumulaban sobre sus párpados de noches completas. ¿Cómo sería todo después de
esto?
Aún no quería estar en el
presente. Solo deseaba ese momento, ese espacio cálido en la última mañana de
invierno en la que su pequeño le abrace y sonría con la mirada cansada por un
día de mucho jugar. Hasta
mañana mami, te quiero mucho. Hasta mañana papá, cuida de mamita desde dónde
estes. Te quiero... Unos minutos después, un susurro tenue que se escucha
en todo el pasillo. Te amo.
Los objetos no solo se
contienen a sí mismos. Los objetos cargan, sin saber, los recuerdos de sus
dueños, de sus interacciones a través de ellos. No respiran, no miran, no
duermen, ni hablan. Sin embargo, inertes, mudos, vacíos, nos cuentan sus
testimonios de lo que viven, de lo que les tocó compartir con sus dueños, de
las emociones que despiertan en ellos. Los objetos le ayudaban a retener el
pasado en el presente. Ella lo volvía a vivir junto a ellos.
Un pato flotante, pequeño,
sonriente. Con un diminuto hueco en la boca para que salga el agua en un chorro
y juegue el pequeño Ramiro mientras lo bañan. Fue entonces cuando empezaron a
darse cuenta que algo no iba bien. Un estornudo y una sonrisa a medias. Diana,
la jovencita que le cuidaba, no le dio mayor relevancia sino hasta que lo
estuvo secando. Le pareció poco usual que el niño no estuviera inquieto. El
pequeño no se escapó de las manos que lo arropaban, estaba muy calmo después
del baño. Lo alistó para dormir y no tomó mucho tiempo para que las luces del
recinto se apagaran.
El carro que su padre le hubo
enviado. Un vehículo azul marino con líneas blancas. Luces que se prendían al
sonido de una tierna música de cuna activada por una pita que recogía mientras
duraba la canción. Ese juguete fue testigo y consuelo después de un día de
fiebre cuando el pediatra lo evaluó y posteriormente explicó lo que estaba
pasando en el cuerpo decaído de Ramirito.
Unos cubos de juguete con
dibujitos, letras y números en alto relieve que se caían de la cama de la
clínica cuando se quedaba dormido después del jarabe de las ocho. Papá, vino
uno de esos días, acababa de llegar de Frankfurt. Lo miró durmiendo. Arregló el
peinado de su bebé, el valiente capitán del crucero Golden Knight en el jardín
de la casa cuyo camino empedrado era tierra firme y el pasto alrededor era el
inmenso Océano Pacífico.
Un antílope galopante, cuyo
rostro le causaba gracia imitar su expresión. Fue el último juguete que recibió
y que le acompañó el día en que se fue. El día que su padre lo envió estaba en
Nueva Delhi, acababa de aterrizar. Encontró el juguete en una tienda de
artesanías. Sin pensar más, y pensando en la recuperación de su hijo, lo envió
de inmediato. Llamó a su suegra, Viviana, y le dijo que pronto llegaría un
juguete para Ramiro, para que lo espere jugando una vez recuperado de su
enfermedad. No deseaba sentir dolor, estaba centrado en pensar en que se recuperaría
en cuanto regresara, sin embargo a veces la realidad nos muestra el lado duro
de la vida.
Padre. Eric Berne escribió
sobre este rol. Uno aprende a ser padre desde que es hijo. Es más, uno actúa
como padre cuando juzga que debe actuar de ese modo al pensar que debe proteger
o corregir una conducta en una interacción con alguien de confianza. Uno se
siente padre, además, cuando tiene un ser que depende de las decisiones que uno
tome. Christian, no se sentía padre aún cuando se enteró que había dejado de
serlo. No lloró, no sufrió, pareció no afectarle en lo absoluto. Desconcierto,
por ponerle un nombre a lo que sintió entonces. Una sensación de no saber qué
hacer, ni qué decir.
No fue sino hasta el día
siguiente del entierro de Ramiro en que se dio cuenta que las cosas deberían
tomar otro rumbo. Sofía no había dormido, había pasado la noche entera
guardando los juguetes, recordando cada episodio y aventura que hubo vivido con
su hijo. Sofía sutil, con las fuerzas debilitadas, parecía que su cuerpo se
hubiera reducido al vestirse de negro. Christian despertó de madrugada y la
encontró en el cuarto de Ramiro con el carro azul marino cantando su melodía
alegre, la abrazó. Entiendo lo
que sientes, yo también lo siento.
Lloraron juntos. Sofía por el
tiempo que no regresa, Christian por no poder regresar el tiempo.
***
Shjol. Palabra hebrea para
llamar a los padres que perdieron un hijo. Una forma de identificarse como
deudo, un modo de saberse dolido por la falta de ese ser indefenso que cuidamos
con ternura y paciencia. Sin embargo, ese amor y ese querer sustentar una vida
que quedaron pendientes por prodigar pueden tomar un nuevo rumbo, una nueva
perspectiva y canalización de nuestro afecto. El apoyo a quienes carecen de
ello, a pequeños huérfanos de afecto que buscan en la mirada ajena un ápice de
certeza que tienen un lugar y función en esta vida. Que aún hay vida en sus
sueños.
lunes, 23 de septiembre de 2013
Página 0
En el más profundo silencio quedan atrás las horas de sueño para dar
comienzo a una nueva historia. Entre parpadeos y bostezos se plasman
las letras como líneas de un retrato...
A lo lejos una luz brillaba en contraste al rojo grisáceo muy oscuro
que dominaba la noche. Los árboles eran sólo sombras estáticas que
daban cierto aspecto tenebroso a la escena. Un tren se escuchaba a lo
lejos, fumando y silbando. Era el único sonido, sin considerar el rozar
de las hojas con el suelo. Al pasar cerca de mí, sentí un ventarrón que
parecía querer despegarme del suelo. Los metales oscuros de los vagones
parecían campanas que resonaban al contacto con la carga, los rieles
chillaban y yo estaba quieto, sin moverme. Tras el paso del veloz tren
quedó un velo gris que parecía ir en dirección contraria. El campo
seguía siendo tan oscuro y tenebroso, y al mismo tiempo hermoso y
tranquilo. Cansado de tanto caminar, llegué a una cabaña y al fin pude
descansar.
Al día siguiente el desayuno fue abundante: dos panes, dos huevos
fritos y un gran tazón rebozante de cereal. Los árboles de un pequeño bosque nos protegían del intenso
sol mientras hacíamos nuestro recorrido en busca de alimentos. Al
llegar a un río, pescamos nuestro almuerzo y recogimos frutos de árboles
que parecían querer zambullirse en el agua. Tan rápido pasó el tiempo
mientras nos colgábamos como tarzanes y gritábamos al mismo tiempo, y
lanzábamos piedras a la corriente. Volvimos a la cabaña y el ocaso se
teñía de un bermejo muy hermoso. La luna empezaba a descender y el
silencio empezaba su invasión. Todo fue tan hermoso, y ahora en el
tercer vagón del tren trato de concentrarme en leer un libro sin poder
hacerlo a causa de la emoción...
El libro lleva en la primera página un sello de cera y en la segunda una frase que dice: "Hoy es primavera".
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