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lunes, 13 de mayo de 2013

Feliz Día, Ángel.



Entonces, desperté.

Era un día como los demás, un beso en la frente de buenos días que me daba con una caricia con esas manos ásperas, todo con tanto amor. Si me besaba las mejillas, luego me picaba la  cara, pero sabía que venía de ese ángel que Dios me había dado para que cuide de mí. Cada mañana me siento la niña más feliz del mundo, la gente dice que apenas sé del mundo porque recién tengo once años y no sé si sepa o no mucho del mundo, pero quien me despierta de mañana con un beso y con paciencia me lee la biblia antes de irme a dormir, con ese ángel quiero pasar el resto de mi vida.

Estoy lista para ir al colegio, me ha dejado peinadita y lista, dice que me veo linda, que no hay nadie más hermosa que yo. Yo me doy cuenta que se le hace tan difícil hacer tantas cosas a la vez, por eso solo puedo sentir amor cada mañana, cada tarde, cada noche. Gracias Dios. Me siento a la mesa y las tostadas tienen la mermelada puesta y mi taza de leche nunca estará a la temperatura que yo quisiera, pero sentarme en su compañía hace que todo tan lindo. A esa hora, se ha levantado desde que tengo uso de razón para hacerme mi desayuno, cocinar, revisar mi mochila, alistarme, dejarme linda y tomar desayuno conmigo para luego llevarme al colegio, darse el tiempo de dialogar los lunes y los viernes con mi profesora, con la mamá de Jimena (mi mejor amiga) y luego se va a trabajar.

La verdad, no sé cómo hace, es genial, es mi ángel. Dios me bendice todos los días con su amor y su cuidado.

Los domingos casi siempre me lleva a la casa de mi abuelita, allí siempre soy el centro del cariño y la atención. Yo solo procuro portarme bien, lo mejor que pueda, quiero que todos vean que no fue como decían, que sí puede tener una hija ejemplar a pesar que en mi casa solamente estoy bajo su cuidado. Creo que es un secreto, no sé si se han dado cuenta, pero nunca hemos estado solamente dos en mi casa, Jesús ha guiado todos y cada uno de nuestros pasos.

Cuando el sábado me lleva a la iglesia, todos nos miran con ternura. Si no hubiera sido por mi ángel,  no sabría lo maravilloso que es ir a aprender aún más de Jesús.

Ayer fue el día de la madre y le compré a mi ángel un ramo de rosas, se lo dejé en la mesa, fui con Jimena, ella compró una para su mami y yo le llevé un ramo a mi ángel. Dicen que no es apropiado, que difícilmente le van a gustar las flores, pero yo creo que se equivocaron porque cuando las vio sobre la mesa, salieron lágrimas de sus ojos y con una expresión de alegría me dio un beso en la cabeza, me cargó, me dijo que tenía la hija más maravillosa del mundo entero.

Yo le dije que era mi ángel.

En el colegio todas las mamás estaban sentaditas esperando el número especial. Y cuando salí a recitar mi poesía, vi también lágrimas en sus ojos, mi ángel es diferente a todas las mamis, siempre huele más rico y siempre tiene la sonrisa más bonita. Cuando terminé, bajé corriendo a decirle que solo a Dios amaba más.

Él sonrió y me dijo que él siempre me amaría más.

Mi ángel  es Ángel. Nunca fue fácil para él quedarse viudo el día que nací yo, pero siempre que dice que ese día nació un angelito, yo pienso que ese día a él le salieron alitas.

No sé cómo hizo desde ese día hasta hoy, él dice que lo único que tenemos que hacer es sujetarnos fuerte de la mano de Dios y yo le creo porque hasta hoy todo nos va de maravilla.

Si algunas de mis amigas saludan a sus mamis por el día del padre, ¿por qué yo no puedo, con mi ramo de rosas, con una sonrisa, con todo mi amor, acercarme a él y dejar que me cargue y decirle también feliz día mamá?

miércoles, 8 de mayo de 2013

Amor a primera vista.


El aire ingresaba por primera vez a sus pequeños y débiles pulmoncitos, después de treinta y nueve largas -y casi interminables- semanas no dependería más de ella para sobrevivir, tendría que aprender a hacerlo por sí misma. La espera había sido tan dulce, como todos suelen describirla, pero desesperante al mismo tiempo por el deseo de verla ya entre sus brazos. Sus ojos brillaban: admirados, embelesados y cansados. Chispeantes lágrimas recorrieron su rostro denotando su alegría, contándole al mundo su dicha.


Su corazón ahora palpita despavorido, acelerado; cada latido la colma de gozo, la hace sentir más viva. Un torrente de tiernas emociones se ha desbordado en su interior, se pregunta, ¿qué es? No puede explicarlo. Como una rosa despierta ante el sol de mañana, así los pétalos de su alma se abren a un nuevo amor. Una sonrisa se dibuja en sus labios al oír las vibrantes notas de un fuerte sollozo. Alza su vista al Cielo y en un suspiro vierte su agradecimiento, su complacencia y encomienda al Ser que se la envió que la haga feliz en todos sus caminos. Siente su suave y tibia piel contra su pecho, por primera vez la ve y reconoce a su compañera del asombroso viaje que emprendieron juntas hace más de ocho meses.

Ahora están frente a frente, puede tocarla, mimarla, arrullarla, es completamente suya y de Dios. Pasa su mano por su pequeña naricita, un estornudo le roba una sonrisa, pero al instante desea aliviarla. Imagina lo que tendrá que pasar, su primera caída, su primer diente de leche, su primer beso, su primer corazón roto... ¡No!, dice en su interior aterrorizada, quiere envolverla y acurrucarla en su regazo y no dejar que nada dañe a su nuevo amor, a su niñita. Respira resignada, tendrá que aprender como ella lo hizo. 'Mamá está aquí', susurra aquel ángel hermoso que la blindará con nobleza, con caricias por la noche. Aquella mujer que dará su vida por verla sonreír todos los días, que le enseñará el significado de la palabra mujer, que la apoyará en cada paso, que con su ejemplo será la mejor maestra que jamás alguien podrá tener; que le hablará del amor de Dios, que le enseñará a amar.

Se ha vuelto a enamorar, entiende lo que tantos le contaron. Reirá, luchará y peleará por darle lo mejor, por hacerla sonreír, por colmarla de felicidad. Dará todo desde el principio hasta el final por escuchar ese 'te amo mamá'.

«Muchas mujeres hicieron el bien;
Mas tú sobrepasas a todas.» Prov. 31:29.