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viernes, 20 de septiembre de 2013

Juego de té.


 Ni la gravedad ni ningún mítico poder mágico podrían detener la caída de la blanquecina y frágil tasa de refinada porcelana. El tiempo que nada perdona, pareció apiadarse de mí –o todo lo contrario; fui presa de sus taladrantes minutos, y retorció intempestivamente los colores pasteles de mi felicidad, como cinta de película reproduciéndose segundo a segundo viví aquel momento.

¿Quién diría que los astillosos residuos de una pequeña tacita serian el comienzo del triste final de un juego?

La brutalidad quebró la cálida inocencia, el descontrol aplastó la ternura, la sucia sed de poder avasalló el amor; el oscuro líquido que con esmero mami me había preparado ahora se encontraba esparcido, mis suaves y esponjosos muñecos yacían en el manchado suelo, regados y humedecidos con la horrenda mezcla de un viscoso fluido carmesí y té dulce.

En un arrebatado instante aquel hombre se había propuesto acabar con el brillo de mis ojos. Corrí a  esconderme, el fuerte y aberrante olor a alcohol viciaba el aire de nuestra pequeña casa. Mi mamá se encogió y a lo lejos pude ver cómo le decía algo a ese monstruo, él alzo los brazos frenéticamente, y seguidamente descargó su ira contra la inestable mesita donde estaban los finos platos de mi juego de té.   

Tomó entre sus manos la rosada tetera que con tanto esfuerzo mamá me había comprado y la impactó sin remordimientos contra el empastado piso, el estruendoso sonido hizo mella en nosotras y un respingo salió de mi boca. Decidí salir de mi refugio y mi madre corrió hacia mí, “¡sal de aquí Elie!”, me dijo con una expresión de horror en su dulce carita. la que, cual ahora, estaba marcada por las lágrimas. Aquel hombre dio grandes zancadas y ella con inigualable gallardía se colocó en frente, me aferré de sus piernas con fuerza. Comenzamos a retroceder.

Nuestro verdugo, mi padre, balbuceaba amenazas, sus ojos inyectados de sangre me miraban como león tras su presa. Había vuelto, empujado la puerta y estaba decidido a acabar con la armónica atmósfera que, desde hacía un tiempo mamá y yo, habíamos dedicado a construir entre risas y juegos.

“Te amo Elie, todo estará bien”, me susurró mamá cuando me cargó entre sus confortables brazos, no importaban los gritos y fierezas que el monstruo dijera, tenía a mi mejor amiga conmigo. Me apretó contra su pecho y cerramos los ojos.

Siempre adoré jugar a servir el té.
Mami me enseñó, era nuestro pasatiempo y encuentro favorito.

El juego de té había terminado.

lunes, 13 de mayo de 2013

Feliz Día, Ángel.



Entonces, desperté.

Era un día como los demás, un beso en la frente de buenos días que me daba con una caricia con esas manos ásperas, todo con tanto amor. Si me besaba las mejillas, luego me picaba la  cara, pero sabía que venía de ese ángel que Dios me había dado para que cuide de mí. Cada mañana me siento la niña más feliz del mundo, la gente dice que apenas sé del mundo porque recién tengo once años y no sé si sepa o no mucho del mundo, pero quien me despierta de mañana con un beso y con paciencia me lee la biblia antes de irme a dormir, con ese ángel quiero pasar el resto de mi vida.

Estoy lista para ir al colegio, me ha dejado peinadita y lista, dice que me veo linda, que no hay nadie más hermosa que yo. Yo me doy cuenta que se le hace tan difícil hacer tantas cosas a la vez, por eso solo puedo sentir amor cada mañana, cada tarde, cada noche. Gracias Dios. Me siento a la mesa y las tostadas tienen la mermelada puesta y mi taza de leche nunca estará a la temperatura que yo quisiera, pero sentarme en su compañía hace que todo tan lindo. A esa hora, se ha levantado desde que tengo uso de razón para hacerme mi desayuno, cocinar, revisar mi mochila, alistarme, dejarme linda y tomar desayuno conmigo para luego llevarme al colegio, darse el tiempo de dialogar los lunes y los viernes con mi profesora, con la mamá de Jimena (mi mejor amiga) y luego se va a trabajar.

La verdad, no sé cómo hace, es genial, es mi ángel. Dios me bendice todos los días con su amor y su cuidado.

Los domingos casi siempre me lleva a la casa de mi abuelita, allí siempre soy el centro del cariño y la atención. Yo solo procuro portarme bien, lo mejor que pueda, quiero que todos vean que no fue como decían, que sí puede tener una hija ejemplar a pesar que en mi casa solamente estoy bajo su cuidado. Creo que es un secreto, no sé si se han dado cuenta, pero nunca hemos estado solamente dos en mi casa, Jesús ha guiado todos y cada uno de nuestros pasos.

Cuando el sábado me lleva a la iglesia, todos nos miran con ternura. Si no hubiera sido por mi ángel,  no sabría lo maravilloso que es ir a aprender aún más de Jesús.

Ayer fue el día de la madre y le compré a mi ángel un ramo de rosas, se lo dejé en la mesa, fui con Jimena, ella compró una para su mami y yo le llevé un ramo a mi ángel. Dicen que no es apropiado, que difícilmente le van a gustar las flores, pero yo creo que se equivocaron porque cuando las vio sobre la mesa, salieron lágrimas de sus ojos y con una expresión de alegría me dio un beso en la cabeza, me cargó, me dijo que tenía la hija más maravillosa del mundo entero.

Yo le dije que era mi ángel.

En el colegio todas las mamás estaban sentaditas esperando el número especial. Y cuando salí a recitar mi poesía, vi también lágrimas en sus ojos, mi ángel es diferente a todas las mamis, siempre huele más rico y siempre tiene la sonrisa más bonita. Cuando terminé, bajé corriendo a decirle que solo a Dios amaba más.

Él sonrió y me dijo que él siempre me amaría más.

Mi ángel  es Ángel. Nunca fue fácil para él quedarse viudo el día que nací yo, pero siempre que dice que ese día nació un angelito, yo pienso que ese día a él le salieron alitas.

No sé cómo hizo desde ese día hasta hoy, él dice que lo único que tenemos que hacer es sujetarnos fuerte de la mano de Dios y yo le creo porque hasta hoy todo nos va de maravilla.

Si algunas de mis amigas saludan a sus mamis por el día del padre, ¿por qué yo no puedo, con mi ramo de rosas, con una sonrisa, con todo mi amor, acercarme a él y dejar que me cargue y decirle también feliz día mamá?