¿Será algo pequeño la
mirada de un niño que se alza refulgente y pícara, escondiendo el candor de su
genuina inocencia?
¿Tal vez el sonido que
se mezcla del intrépido viento al juguetear con las secas hojas?
¿Se toma por
insignificante el envolvente calor del tierno beso que una madre deposita con
suavidad y protección eterna en la frente?
¿Las vibrantes notas del llanto de un bebé al
nacer?
¿Y que diremos de los
armonizantes colores de una perfumada e indefensa flor?
¿No tomamos como grandeza
la libertad de deslizar los brazos al cielo?
¿Sin sentido el agolpar
que se produce en el pecho, el incesante latir del corazón?
¿Minúscula la mano que
te ofrece ayuda?
¿Una trivialidad el
cantar de las aves?
¿Poder respirar?
¿Cerrar los ojos,
contado por pequeñez, ante un apasionado y tierno beso? ¿Podrá ser nadería la
sonrisa fresca y vigorizante de aquel que ama sonreír?
¿Amar?, ¿besar?, ¿reír?,
¿vivir?
Pequeñeces, pequeñeces,
¿será que el mundo está compuesto por ellas? ¿Pequeño todo o pequeño nada?
Empequeñecido es mi razonamiento, creyendo por un falaz momento, que tanta
maravilla que suena a cuento, puede ser considerado como pequeño.
A todas las preguntas respondería con un "no" rotundo. No pueden ser consideradas pequeñeces, sino pequeñas cosas que conforman un todo: la vida, la felicidad...
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