Apiladas y olorosas.
Regadas por doquier,
embellecen mi ambiente,
es casi como lo soné.
Recuerdo la lluviosa tarde
en que te las pedí,
renegaste de mi antojo,
“No soy así” me dijiste.
Mis insinuaciones
—nada sutiles—,
cuando paseábamos por
la colorida plaza del distrito.
Tu cambio de tema,
mi suspiro cansado y
aparente resignación.
Hoy, por fin me las trajiste.
Lucen hermosas, son perfectas.
Amarillas.
Mis favoritas, parece que
sí me escuchabas. O tal vez,
leíste el diario que te dejé.
Lamentablemente, no eres
el único que me trajo flores.
Todos las traen en tétricos
arreglos, ¿y por qué lloras?
Sí, lo sé.
Me trajiste flores,
pero ya muy tarde es.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario